La seguridad alimentaria como meta

 

Se reproduce aquí la nota de opinión de Encuentro Verde por Argentina (EVA) publicada por ANÁLISIS DIGITAL

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Advierten del avance de la frontera agrícola.

El 24 del corriente mes, se publicó un artículo en ANÁLISIS DIGITAL en el que se recogen una serie de afirmaciones del presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Luís Miguel Etchevehere, pronunciadas al abrir la jornada: La competitividad como meta, sobre las que creemos oportuno formular algunas reflexiones.

Nos detendremos en primer lugar en la afirmación del presidente de la SRA referida a las inundaciones que afectan a diferentes regiones del país, según la cual, la gravedad del fenómeno climático es consecuencia de la falta de las obras necesarias para mitigar los efectos de las lluvias.

Sobre el particular queremos señalar que referirnos hoy a fenómenos climáticos que tienen efectos nocivos significativos sobre los ecosistemas naturales o en el funcionamiento de los sistemas socioeconómicos, o en la salud y el bienestar humanos, sin considerarlos como: efectos adversos del cambio climático resulta – cuanto menos – una afirmación absolutamente parcial, en tanto soslaya la cuestión de fondo, que no es otra, que las interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático global, entre las que, el avance de la frontera agrícola industrial – con su uso intensivo de petróleo y sus derivados, y con sus secuelas de deforestación y destrucción de humedales – juega un rol fundamental.

Frente a lo anterior cobra relevancia la siguiente afirmación de Etchevehere referida a que: Lo que todos queremos es que la producción pueda expresar todo su potencial. Sin el debido marco de sostenibilidad y sin advertir que – a nivel mundial – nos encontramos en pleno proceso de transición energética, este deseo de expansión productiva, antes de ser una solución es la causa del problema. La expansión en un sistema de producción que resulta absolutamente dependiente de los combustibles fósiles y de los derivados del petróleo; que agrava el proceso de cambio climático y que es principal motor de la hecatombe de la diversidad biológica; difícilmente pueda ser sostenible, incluso en el mediano plazo. Tampoco parece advertir el presidente de la SRA que, transición energética mediante, de poco servirá la competitividad agroganadera por más caminos, financiamiento y sistema impositivo a favor que se tenga. Lo fundamental será la seguridad alimentaria como meta y ella solo se podrá alcanzar si somos capaces de concretar una rápida transición hacia la producción agroecológica, hacia una permacultura en la que, ecoeficiencia, biomímesis, equidad, soberanía alimentaria, diversidad y autolimitación pasen a ser objetivos centrales.

El actual sistema de agricultura industrial que se presenta a sí mismo como perfección de progreso es un disparate en términos sociales, ecológicos, económicos y éticos, de allí que proponernos ser el “supermercado del mundo” e imaginar que lo seremos destruyendo la agricultura campesina, empleando monocultivos para la exportación, patentando la vida, fomentando los oligopolios, empleando agro-tóxicos y desarrollando una agricultura sin agricultores resulta una visión que no puede más que conducirnos a una debacle ecosocial.

Para el presidente de la SRA: Ahora se abre una gran oportunidad para que ese futuro se exprese en producción, ingresos, empleo formal y también en arraigo para que nuestros seres queridos no se tengan que ir a las grandes ciudades para buscar trabajo.

Tal aseveración resulta – cuanto menos – sorprendente ya que Etchevehere no puede ignorar que el hegemónico modelo agroindustrial que se pretende profundizar, basado en el aumento de la producción de monocultivos para la exportación asociados a tecnologías de insumos y a la concentración de los recursos productivos, no solo ha llevado a una mayor degradación y contaminación del ambiente, y a un masivo proceso de conversión de usos del suelo; sino que fundamentalmente, ha motorizado un masivo proceso de exclusión social de los productores con menores recursos y la multiplicación de graves conflictos relativos al uso, estructura y tenencia de la tierra. Según el Censo Agropecuario del año 1988 había en Argentina 421.221 empresas agropecuarias y conforme los datos preliminares del CNA 2008, se contabilizaron 276.581 explotaciones, lo que indica una caída del 35 por ciento en dos décadas; con una distribución de la tierra inequitativa lo cual queda reflejado en el hecho de que, tomando el agregado general del país, el 2 por ciento de las empresas agropecuarias controla el 50 por ciento de la tierra, mientras que el 57 por ciento de las explotaciones agropecuarias controlan solamente el 3 por ciento de la tierra. De todo lo cual se infiere que, si hay algo que no puede fomentar el modelo agroindustrial, es justamente el arraigo.

Por último y si bien las cuestiones semánticas no deberían distraernos, no podemos dejar de señalar que – políticamente – el término progresista tiene una inequívoca interpretación, en tanto adjetivo contrapuesto al de conservador, razón por la cual resulta un verdadero exceso, calificar como “jóvenes progresistas” a los fundadores de la SRA.

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