Del espacio escolar al Ambiente Educativo

“Del espacio escolar al Ambiente Educativo”[i]

 

Pablo Sessano

El espacio escolar y su discursividad (de sus actores y su contenido específico) hoy están afectados en términos de su legitimación. La crisis de la Modernidad implica también la crisis de sus creaciones y las justificaciones con las cuales ellas se impusieron, teórica e históricamente. La vida guiada por la racionalidad de la Ilustración ha sido trastocada [ii].

 

Es evidente que la dimensión espacial del lugar donde se educa, el espacio donde la educación ocurre, la escuela y sus anexos o sustitutos; ya no puede ser concebida en forma restringida, reducida y simplificada a un lugar físico solo determinado por características técnicas, ocasionalmente adaptable a nuevas prácticas y necesidades. Y es cada vez más evidente que esa concepción, antigua y más propia de una educación decimonónica aggiornada solo en parte en el diseño arquitectónico, es menos que insuficiente para renovar el modo de entender, diseñar y gestionar ampliamente en su complejidad y en su multidimensional, al espacio donde niños, jóvenes y adultos se educan. El espacio donde la educación ocurre es mucho mas que un lugar.

La crisis ambiental planetaria, el  cambio climático y sus otras manifestaciones particulares, su expresión Argentina, urbana, local determinan así mismo, en cada caso, limitantes y necesidades específicas a la hora de imaginar y diseñar los espacios donde la educación ocurre, especialmente los escolares y condicionan hacia el futuro tanto su concepción material, edilicia, funcional, como los contenidos temáticos y pedagógicos que emergen, necesarios, de tal nueva circunstancia. Y si pretendemos preservar el lugar de la educación protegido y actualizado respecto a los problemas y desafíos que genera y enfrenta la sociedad contemporánea, hemos de reconcebirlo en su totalidad, como espacio de vida.

El cambio climático es la expresión máxima no solo de la crisis ecológica y del ambiente que hemos construido sino de un modelo social y una civilización que irreflexivamente se encamina a un incierto futuro. Esta realidad impacta ineludiblemente en los ámbitos educativos, en los cuales sin embargo, no se abren los espacios para debatir la crisis y encaminarse hacia la transformación necesaria. De tal negación resulta que no solo no son claramente visibilizados y asumidos como problemáticas pedagógicas, los temas que articulan en un mismo paquete conflictivo la crisis social, la crisis del pensamiento y la crisis ecológica, sino que también se pierde de vista la condición misma de los espacios/ambientes en los cuales aún intentamos educar para un futuro mejor.

En referencia a este tema en particular la pregunta es: ¿Cómo agentes educativos, trabajadores de la educación, docentes podemos seguir realizando la tarea de educar en ámbitos y espacios funcionalmente obsoletos, ambientalmente degradados e impactados por múltiples poluciones? ¿Podemos seguir sin reflexionar y accionar sobre ello? ¿Simplemente omitirlo, como si tales circunstancias no formaran parte del proceso educativo?

La idea de ambiente educativo se nutre de líneas de pensamiento que intentan superar la fragmentación en la concepción de los espacios de vida, recuperando la multidimencionalidad de los procesos vitales que ocurren en esos (y otros) espacios, en los cuales, lejos de limitarse a la especifica función para la cual se supone que cada uno ha sido concebido, la vida, esa parte del vivir transcurre diversa, compleja y sin dejar de estar conectada con factores que influyen y la determinan de formas diferentes, haciendo que la misma transcurra mejor o peor. La naturalización u omisión de condiciones determinadas, circunstancias o sucesos que de hecho  influyen en ese transcurrir, en el proceso educativo en este caso, es solo una prueba más de la simplificación del ver, el sentir, el pensar, el vivir, propia de una episteme conducida a la brutal reducción del universo en que habita, los procesos que en el ocurren y su propio lugar en el.

La idea de habitar también es mucho mas que el ocupar transitoriamente un espacio. Y los estudiantes habitan, sin duda, los espacios educativos.

Desde el punto de vista de su gestión institucional (que hoy nos ocupa), ni desde ningún otro, claro está, el proceso de educar-se puede ser reducido a los contenidos curriculares, las reglas de convivencia entre los actores educativos, el reconocimiento de roles, los ordenamientos calendáricos, la distribución de los espacios y sus utilidades, en un edificio creado o adaptado para ello. Bien sabemos que educarse es un proceso que implica muchas más dimensiones; alimentarse saludablemente, estar sano y llevarlo a cabo en un espacio libre de interferencias y contaminaciones, son solo tres que vienen al caso y que se interrelacionan íntimamente entre sí. Superar la fragmentación que concibe esos aspectos como dimensiones independientes y gestionables desde lógicas distantes y criterios inconexos es absolutamente indispensable si nos proponemos recuperar una concepción holística y compleja del proceso educativo.

Proponemos por eso, reconceptualizar la idea de espacio escolar para trascenderla hacia la de Ambiente Educativo, recogiendo los desafíos y deudas que arrastra la gestión pública educativa en el tratamiento de los espacios donde la educación ocurre, e integrando en la nueva idea de Ambiente Educativo una triple dimensión pedagógica, ambiental y territorial, que nos permita ver, comprender y asumir esos espacios y momentos como espacios de vida y en esa medida preservarlos y defenderlos de toda alteración, ataque o intromisión que conspire, degrade o contribuya a entorpecer ese preciado momento en el cual, se supone, aprendemos, enseñamos y ofrecemos herramientas para la mejor vida posible.

La dimensión pedagógica refiere a los contenidos prescritos o no, pero necesariamente implicados en una reflexión volcada a concienciar sobre la condición misma del espacio de educar.

La dimensión ambiental, estrechamente relacionada con la anterior, refiere a esa condición pero volcada al interior del espacio, la infraestructura, la calidad de determinados factores ambientales, los aspectos sanitarios y de salud de la población estudiantil y la alimentación.   

La dimensión territorial refiere a la localización del espacio educativo, sus ventajas y desventajas, los riesgos y las necesidades surgidas de esa localización, la condición ambiental y ecológica del entorno, e incluso aspectos identitarios y de relación con la comunidad.

Porque no se puede educar en una escuela fumigada, ni en una escuela frecuentemente impactada por fugas de gases tóxicos o emplazada cerca o sobre tierras contaminadas. No se lleva a cabo satisfactoriamente el proceso educativo si los alumnos se alimentan mal: con diseños nutricionales estandarizados y dependientes de modelos y proveedores industriales. No se aprende bien consumiendo alimentos contaminados y agua no potable, tampoco respirando polución o bajo ruidos permanentes. Y no se educa bien si omitimos reflexionar sobre todo ello, es decir sobre la condición alimentaria, ambiental y territorial de nuestras vidas, nuestras casas, el lugar donde estudiamos, nuestro pueblo y nuestro país.

Sin embargo es lo que menos se hace en la escuela, es lo que menos presencia tiene en los diseños curriculares.

Estas tres dimensiones abren un amplísimo abanico de temas y reflexiones susceptibles cada uno de ser objeto de cierta focalización tanto a efectos didácticos como de gestión, pero juntas- entretejidas- conforman esta conceptualización que desde una perspectiva que solo da cierta EA, en el escenario ambiental actual, propone dar un salto conceptual trascendiendo de la idea de espacio escolar a la de ambiente educativo, para así ser asumido y tramitado. Y especialmente, incorporado como aspecto central en la reivindicación de una educación liberadora, que parte de dos reconocimientos: la fragmentación de la concepción del proceso educativo en aspectos aparentemente inconexos y su consiguiente simplificación, y una persistente condición sub-desarrollada de las condiciones materiales y ambientales en que ocurre. Ambos aspectos solo persisten exentos de una crítica profunda, por ser propios de una cultura positivista e instrumental y una concepción colonializada del proceso educativo, incapaz de ver que la acción pedagógica y los espacios donde ocurre son parte de un mismo hecho vital, cultural, material, ambiental. Y que tanto como la selección de los saberes, la forma de tratar y concebir el espacio educativo determinan que lo trasmitido a través del proceso de enseñanza sean pautas que llevan implícitas las relaciones de poder constituidas o en cambio puedan,  reconceptualizando ese espacio, como aquí se propone,  subvertir todas las relaciones que desde hace dos siglos han configurado el diseño material y simbólico del los lugares emblemáticos donde la sociedad se educa.

 

[i]           Fundamentos para repensar la gestión de los espacios educativos desde una perspectiva critica de educación ambiental. Elaborado para la reforma propuesta desde la Dirección de Gestión Educativo Ambiental (DGEA) DGE-GPBA (2007). El contexto mas general en el cal se enmarcó esta experiencia y una breve crónica de lo que se alcanzó a realizar puede verse en  “Educación Ambiental en Argentina: actores, conflictos y políticas públicas”. “La experiencia de EA 2006/2007 en la Provincia de Buenos Aires.pag.133.”

            http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20160823033518/LaEduacionAmbiental.pdf

 

Bibliografía consultada

 

[ii]          Pérez Luna, Enrique “La pedagogía que vendrá: Más allá de la cultura escolar positivista Utopía y Praxis Latinoamericana”, vol. 8, núm. 23, octubre-diciembre, 2003,             pp. 87-95 Universidad del Zulia, Maracaibo, Venezuela

 

Fermin Estrella y Esther Jacob (*)
ARQUITECTURA PARA EL CAMBIO EDUCATIVO

            http://www.ferminestrella.com.ar/secciones/art_reforma_educativa.htm

 

Entrevista a Fermin Estrella, “La reforma empieza en las almas y termina en los muebles” http://www.ferminestrella.com.ar/secciones/art_arq_escolar.htm

 

ROMAÑÁ BLAY, Teresa “Arquitectura y educación:perspectivas y dimensiones”, en Revista española de pedagogía año LXII, nro. 282, mayo-agosto 2004  Universidad de Barcelona-.https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/995398.pdf

 

Toranzo, Verónica A. ¿Pedagogía vs Arquitectura?

Los espacios diseñados para el movimiento

Tesis de Maestría en Educación con orientación en Gestión Educativa, Universidad de San Andrés Buenos Aires, Abril de 2007  http://udesa.edu.ar/sites/default/files/resumentoranzo.pdf

 

Nuevos espacios educativos. Reforma educacional chilena 2003-2005. Educación Nuestra Riqueza Gobierno de Chile, UNESCO 2005.

 

 

 

 

 

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