El triple cero

 Guillermo BALIÑA

 

(…) la única cuestión que hay que resolver, es esta,
¿cuál es la ley de equilibrio entre la población y el globo?
Pierre Proudhon (1809-1865)
 
La tierra que te da la vida,
da un tiempo para decidir,
eligiendo inteligentemente,
todo el mundo podrá ser feliz
Javier Martinez – Grupo Manal – 1970

 

La ley de gravitación universal -o simplemente ley de gravedad- fue formulada por Isaac Newton y publicada en el año 1687 en su Principia Mathematica

En este artículo nos referiremos a otra ley de “gravedad”, no porque esté relacionada con las fuerzas de atracción entre los cuerpos sino porque literalmente el desconocimiento de sus consecuencias constituye un hecho de enorme relevancia  para nuestra (in)civilización.

A continuación exponemos la fórmula de la (otra) ley de gravedad:

M = C (1 + i) n

Esta fórmula tiene múltiples aplicaciones, veremos aquí tres enfoques cuyas consecuencias en nuestra modo de vida son dramáticas.

  • Enfoque financiero

Un capital (C) puesto a interés compuesto a partir de una tasa de interés constante (i) durante cierta cantidad de periodos (n) produce finalmente un monto (M) De este modo si un peso (C = 1) es colocado a un interés compuesto de un 1% anual (i=0.01) genera al cabo de mil años (n=1000) un monto M = ¡20.959 pesos!

  • Enfoque demográfico

Una población de individuos C sometida a una tasa de expansión anual i durante una cantidad n de años producirá una población final de M individuos. Manteniendo los mismos coeficientes que en (I), en mil años la población mundial crecería 21.000 veces.

  • Enfoque económico

Si C representara el PBI mundial actual y por hipótesis en los próximos mil años el PBI mundial creciera  “solamente” al 1% anual (una nadería para los fundamentalistas del crecimiento económico) se obtendría al cabo de mil años una expansión de la economía de casi 21.000 veces la economía actual.

No es necesario ser economista para comprender que si actualmente los recursos naturales del planeta están al borde del colapso, no quedaría nada luego de una expansión de 21.000 veces.

Esto demuestra rápidamente que en caso de no llevar el crecimiento económico (y en consecuencia el demográfico) ya mismo a cero el colapso ocurrirá inexorablemente y en un tiempo no muy lejano.

Si tomamos como referencia los datos proporcionados por Thomas Piketty en su obra El capital del siglo XXI, la economía viene creciendo en el último siglo a un promedio de 1.6% anual (0.8% es explicado por el crecimiento demográfico y 0.8% explicado por el crecimiento económico).

Quienes alguna vez estudiaron ciencias quizá recuerden  que el resultado de la siguiente expresión cuando “x” se acerca a cero

(1 + X) 1/x                      (A)

da como resultado el número “e” – base de los logaritmos naturales – cuyo valor aproximado es 2.718. Nótese que la expresión anterior es el núcleo de nuestra  fórmula de la (otra) ley de gravedad.

Si como afirma Piketty la población mundial crece a un ritmo anual promedio de 0.8% (es decir i=0.008) estamos frente una verdadera bomba de tiempo demográfica. Si redujéramos dicho valor hoy mismo a una octava parte (haciendo i = 0.001) para dentro de mil años igualmente la población mundial se expandiría en 2.718 veces, alcanzando para el año 3.017 un valor aproximado a 19.000 millones de habitantes

Cualquier tasa de crecimiento i= x por pequeña que sea produce en un tiempo n= 1/x   una expansión aproximadamente igual a 2.71veces. (Por ejemplo (1 + 0.1) 10 = 2.593; (1 + 0.01) 100 = 2.704; (1 + 0.001) 1000 = 2.716; (1 + 0.0001) 10000 = 2.718; etc)

¿Cuál es la solución?

Tasas estrictamente nulas o negativas

Dentro del ámbito de la economía, dichas tasas fueron propuestas por Silvio Gesell en su obra El orden económico natural en el año 1904 bajo el concepto de “moneda oxidable” y ampliadas luego por Margrit Kennedy en su obra Dinero sin inflación ni tasas de interés en los años noventa.

A continuación transcribimos un párrafo de esta última obra:

El dinero no sólo “hace girar el mundo”, sino que al mismo tiempo causa su ruina. La enorme deuda acumulada por los países del Tercer Mundo, el desempleo, la degradación ambiental, la producción de armas, la construcción de centrales nucleares, todos ellos son factores ligados al mecanismo que mantiene el dinero en circulación: el de los intereses e intereses compuestos.

¿Por qué la enorme mayoría de los economistas no ve este problema?

Entiendo que por deformación profesional y/o por un interés monetario.

Los enfoques (I) y (III) entran en colisión para aquellos que tienen intereses económicos.

El negocio bancario mundial –visiblemente fraudulento con solo recordar por ejemplo la crisis de 2008- se basa en el “juego” de préstamos y endeudamiento. Esto es posible debido a que el dinero en lugar de actuar solamente como sustituto del trueque –tal como lo propone Gesell-  actúa también como reserva de valor y por lo tanto es susceptible de expandirse bajo la fórmula del interés compuesto.

Pero no solo los economistas caen en este error sino también algunos especialistas en cuestiones ambientales como Antonio Elio Brailovsky.

En su obra Economía y medio ambiente (escrita junto a Jesica Timm) en la página 21 se puede leer lo siguiente:

El dinero es también una reserva de valor. Esto significa que no necesitamos comprar algo en el momento en que vendemos un objeto o nuestra fuerza de trabajo. Podemos guardar el dinero y comprar más tarde, lo que en una economía de trueque no es posible. Por eso Lord Keynes calificaba al dinero como “ un artificio útil para relacionar el  presente con el futuro. Esa función del dinero es la que se pierde  en condiciones de inflación.

Si bien es cierto que el dinero en el sistema monetario actual actúa como reserva de valor, lo que debe aclararse es que este hecho es una calamidad y como tal debe ser denunciado. Podemos ver en el capítulo séptimo:

El valor de la tierra es inversamente proporcional a la tasa de interés vigente en el mercado financiero. (…) El precio de la tierra dependerá de las ganancias que le reporten al productor.

Para que todo esto tenga algún sentido, él tiene que ganar más trabajando la tierra de lo que ganaría poniendo el dinero en el banco y dedicándose a dormir la siesta en vez de trabajar. Por eso tomamos como referencia la tasa de interés. (…) En realidad, la tasa de interés es el dato más importante de una economía. Porque es el número que vincula unas actividades con otras. (P155)

Lejos de ser el dato más importante de la economía, la tasa de interés es un fraude (un fraude legal tal como lo es también mayoritariamente la  publicidad) que permite que gente que pone su  dinero a trabajar pueda dormir la siesta en lugar de “trabajar de verdad”.

Siendo el dinero un facilitador de trueques no hay ninguna justificación para la existencia de la tasa de interés más que el engaño. Para que el lector entienda claramente el efecto perverso del interés compuesto nos serviremos de un neologismo.

El dinero generado a través de la tasa de interés es lisa y llanamente un ñoquidinero, el cual es generado irresponsablemente por los bancos y su empleo tiene el “noble” objetivo de engrosar las cuentas bancarias  de los verdaderos ñoquis del sistema económico, los que duermen la siesta mientras ponen el dinero a trabajar. Asimismo el ñoquidinero tiene un efecto altamente inflacionario puesto que es introducido al sistema monetario sin estar ligado a la producción de ningún bien ni servicio. La tasa de interés es la que genera inflación y no al revés.

La conocida frase la historia la escriben los que ganan bien la podríamos adaptar a este asunto como sigue:

La historia -económica y financiera- la escriben los que ganan -fortunas con la usura;

de allí que casi todos conocen a Keynes – que aprobaba la usura – y casi nadie conoce a Silvio Gesell – que reprobaba la usura.

No es nada casual que en el último informe de OXFAM Internacional nos enteremos que las ocho personas más ricas del mundo poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la humanidad (3.600 millones de personas)

No hay duda que para los tiempos que corren es mucho más importante para la sociedad conocer y difundir  datos asociados a la huella ecológica  como las hectáreas globales per cápita que el de la tasa de interés (¿Cuál de los dos datos el lector ha visto en la TV o leído en los diarios?, el que no se difunde – no tenga dudas – es el más importante para la sociedad)

Continuemos con la lectura de Economía y medio ambiente:

Hemos visto la importancia de la tasa de interés como determinante del valor de los recursos naturales. (…) Recordemos que la tasa de interés no es solamente una medida de dinero sino también –y muy especialmente- una medida de tiempo. (P158)

Existirá un permanente incentivo hacia la depredación ambiental si la tasa de descuento es alta y esa presión sobre los recursos naturales será mayor cuanto mayor sea la tasa de descuento. (P161)

En este último párrafo los autores reconocen el peligro de la depredación bajo una tasa alta. El asunto es que -si se deja correr el tiempo suficiente tal como lo indica la expresión (A)- con cualquier tasa, por pequeña que sea, se genera un efecto bola de nieve que termina depredando los recursos socio/ambientales.

Resumiendo:

Si la humanidad ha de tener un futuro sostenible debemos adoptar de inmediato las medidas necesarias para alcanzar el triple cero.

Tasa de interés cero (y por lo tanto la eliminación del ñoquidinero y la consecuente inflación), tasa de crecimiento demográfico cero y tasa de crecimiento de la economía cero.

Si al lector le resultó fatigosa la lectura de las alrededor de mil setecientas palabras que contiene este articulo hasta este punto…  ¡no se preocupe!

Podemos llegar a idénticas conclusiones por otro camino, esto es,  a través de la sabiduría que emana de la sencillez, tal como lo indica un proverbio de la tribu Creede de tan solo 39 palabras…

Sólo después que se haya talado el último árbol,

Sólo después que se haya envenenado el último río,

Sólo después que se haya pescado el último pez,

Sólo entonces se darán cuenta de que el dinero no puede comerse.

Un comentario en “El triple cero”

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