Al fragor del temerario avance neoliberal sobre la democracia, nace finalmente en Argentina la Educación para el Desarrollo Sustentable. Una oportunidad para que los educadores ambientales se ubiquen frente a dos opciones que lejos de coincidir, son divergentes

Pablo Sessano

Con fecha 30 de marzo de 2017 el Consejo Federal de Educación (CFE) y el Consejo Federal de Medio Ambiente (COFEMA) suscribieron en Salta un documento llamado Compromiso Federal para la Educación Ambiental en el cual, “respondiendo a mandatos constitucionales, históricos y culturales que nos involucran y articulan, en el “Año de la Energías Renovables” declaran una serie de cuestiones que por una lado, considerando la historia de la Educación Ambiental (EA) en Argentina y tomando el hecho con esperanza y optimismo, no pueden sino generar expectativa, pero por otro, algunas de ellas merecen una consideración más fina. Porque, si bien todo esfuerzo por hacer avances en este yermo territorio de las políticas públicas de EA en Argentina es bienvenido, no cualquier política es adecuada y tras las políticas siempre subyacen visiones, posiciones e intenciones de fondo con las que se puede o no estar de acuerdo, especialmente toda vez que el gobierno actual acostumbra apropiarse de un lenguaje ajeno a su ideología e idiosincrasia pero útil a sus propósitos, para comunicar en clave positiva lo que en realidad no hará o contradecirá por otras vías.

Qué es lo que subyace en este caso?

Antes de responder esta pregunta apelemos a la memoria, no vaya a ser cosa que la EA nazca sin pasado, rebautizada por el macrismo.

La situación actual

En lo que a gestión ambiental refiere, efectivamente el gobierno actual ha heredado una “pesada herencia”, pero curiosamente no ha sido centro de sus críticas. Para diferenciarse no obstante, a dado rango de Ministerio a la antigua Secretaria de Ambiente, pero ha mantenido la inversión en el área que desde hace lustros no supera el 0,5 % del presupuesto para todo fin y alrededor de 0,05% del PBI, muy por debajo de las habituales en países de la UE y algunos de la región y, obviamente, menos que insuficiente para abordar los creciente conflictos ambientales del país, (ver http://www.lanacion.com.ar/1996479-recursos-naturales-solo-el-05-del-presupuesto-se-usara-en-el-area-de-ambiente, http://comunicarseweb.com.ar/noticia/el-cuidado-ambiental-pasa-casi-desapercibido-en-el-presupuesto-nacional-de-la-argentina).

Las patéticas declaraciones públicas de los encargados del área ambiental frente a los conflictos instalados, el reconocimiento implícito de su incapacidad de gestión y el aliento explícito al modelo extractivista hacen que el breve período de apenas un año y cuatro meses de la actual gestión se perfile ya como el peor de las últimas dos décadas, superando el triste ranking kirchnerista. Eso sí, el desarrollo de una nueva imagen y construcción discursiva han sido objeto de una especial atención en el Ministerio de Ambiente, en el marco de esa estrategia, es presumible que la EA asimilada a Educación para el Desarrollo Sustentable (EDS) forme parte de esta avanzada maquilladora, en el marco de una administración, que como bien apunta FARN en su informe, mientras para el cuidado ambiental invierte el 0,5%, para las actividades que lo degradan la inversión haciende al 7,6% y por cada peso que invierte en energías renovables, destinan 160 para fósiles. Lo que se declama por un canal se contradice por otro.

En lo que a educación respecta la reducción en la inversión por la vía de la sub-ejecución, el diferimiento de la gestión y los gastos a las provincias y la desactualización de los salarios por efecto del aumento del costo de la vida, la desarticulación de programas socioeducativos y de capacitación docente, además de la desjerarquización del Ministerio de Educación para diseñar e implementar políticas, hace difícil creer que ahora la EA será del interés del área educativa, cuando nunca lo fue (ni siquiera existe un área específica, ni mención alguna en su sitio web como sí viene ocurriendo con otras modalidades). La EA nunca tuvo presupuesto genuino alguno en ninguno de los dos ministerios directamente involucrados por ley en su gestión, y ahora tampoco. Durante la gestión Kirchnerista apenas se aprobó una lavada y descomprometida mención a la EA en la Ley Nacional, Art. 89. Solo el esfuerzo de un grupo de ocasionales trabajadores de la anterior Secretaria de Ambiente, ligados a experiencias anteriores de EA de CTERA, logró forzar un trabajoso acuerdo entre Ministerios para editar en 2010 los Manuales de Educación Ambiental y darle nuevo aire a la siempre anémica Estrategia Nacional de Educación Ambiental. Es historia conocida: 350 mil ejemplares para capacitar y repartir entre los docentes de todo el país, que vieron la luz e inmediatamente fueron censurados por sus propios patrocinadores como consecuencia de aceptar inaceptables presiones de grupos sojeros y mineros, con la complicidad de ministros de minería como Mayoral y gobernadores como Gioja de San Juan, por contravenir sus intereses y los de sus mandantes. Triste y veloz final para lo que parecía el comienzo de una interesante política.

Ante la penosa historia de la EA como política pública en Argentina, pocas esperanzas puede motivar, en el marco ambiental y educativo actual y bajo un gobierno restaurador de la injusticia, un convenio que además carece de obligatoriedad legal, pues no adopta la formula resolutiva que caracteriza las decisiones que suelen adoptar los Consejos Federales. En los hechos es un acuerdo de voluntades, que para ser válido debe ser ratificado por cada Consejo antes de los 90 días, y aun así puede no ser cumplido y no será fiscalizado por nadie.

Veamos cómo se construye esta perspectiva que quiere ser política pública.

De esta manera se presenta la Estrategia de Educación Ambiental (ENEA) en la página oficial (http://ambiente.gob.ar/educacion-ambiental/estrategia-nacional-de-educacion-ambiental/)

“Es propio de nuestro tiempo el reconocimiento de múltiples y diversos problemas ambientales que se articulan como emergentes del modelo de desarrollo que estamos sosteniendo. La crisis ambiental se manifiesta en los contextos locales, regionales y mundiales poniendo en evidencia los profundos conflictos que derivan de la expansión del mercado como ideología, su impacto en la organización social y en las profundas modificaciones en los hábitos de consumo actuales. Todo esto configura un amplio espectro de diferentes órdenes materiales y simbólicos que nos interpela como sociedad contemporánea.

En este contexto, la educación ambiental se constituye en un componente fundamental orientado a la búsqueda de caminos alternativos que posibiliten la construcción de una sociedad diferente, justa, participativa y diversa.

En el convencimiento de esto, y de que la educación ambiental es un proceso de formación de ciudadanos activos en la construcción de una sociedad democrática y solidaria, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación creó en 2006 la Dirección de Educación Ambiental.

Desde esta Dirección, se busca discutir el sentido de los procesos educativo ambientales emprendidos desde los diversos espacios provinciales y municipales, así como promover que las prácticas educativo ambientales se configuren como espacios de discusión crítica, con el fin de incentivar y apoyar los procesos de cambio tendientes a un desarrollo sustentable”.

El texto de esta presentación es revelador de la hipocresía de que es capaz este gobierno, si se lee con atención se verá que el fragmento, literal o sutilmente modificado, difícilmente pudo haber sido ideado en la actual gestión que sin embargo se apropia de un discurso prexistente, conveniente para la construcción mediática de una perspectiva que indudablemente sería incapaz de crear por cuenta propia, ya que no se corresponde con la ideología neoliberal que profesa, y que como dijimos, contradice ya en los hechos, actos y políticas de gobierno, despolitizando la educación e intensificando la destrucción ambiental.  Por si fuera poco miente porque la actual Dirección de Educación Ambiental no es otra que anterior Coordinación de EA efectivamente creada en 2006 pero por otra gestión de gobierno. Y la Estrategia Nacional de EA fue creada a fines de los 90 pero careció del apoyo político para concretar su propósito.

La mirada que subyace a esta política y el carácter del convenio.

Pero ¿es esto una política? Sí lo es por dos razones y en eso se diferencia de la pasividad del gobierno anterior en un sentido PROactivo y tendiente a completar por la vía educativa el plan verde del modelo neoliberal.

Porque construye una línea discursiva y ocupa espacio comunicacional y porque enfatiza la idea de una Educación para el Desarrollo Sustentable familiarizando el enfoque educativo con los objetivos del neoliberalismo, “Incorporar y/o difundir propuestas de educación ambiental con el fin generar mecanismos con criterio de eficiencia de recursos y buenas prácticas ambientales en los organismos gubernamentales y del sector de la producción y los servicios” y los objetivos del Desarrollo Sustentable, “Contribuir con el desarrollo de contenidos, recursos y metodologías para el logro del objetivo 4 de los ODS “Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”.  

Por cierto este objetivo 4 de los ODS, nada dice sobre EA o EDS. http://www.onu.org.ar/agenda-post-2015/, pudiendo deducirse tal vez, que tal objetivo contribuiría a su consecución. Sugerente referencia la elegida para orientar la intención del convenio, habida cuenta que existen varios otros tratados internacionales mucho más explícitos y específicos en cuanto a la importancia de la educación ambiental entre los objetivos del desarrollo.

Así mismo en los siguientes tres párrafos del convenio se pone claramente de manifiesto la intencionalidad de instituir la Educación Ambiental para el Desarrollo Sustentable (EDS) como política de estado, alineándose con la perspectiva adoptada por la UNESCO e impulsada desde plataformas como el PNUMA, el Consejo Económico Social de NU y suscrita por el mundo empresario, en transparente sintonía con una ideología que todavía ve la crisis ambiental apenas como la emergencia de los problemas derivados del crecimiento económico y planea atenderlos focalizadamente, es decir no como la expresión de un conflicto generalizado de nuestro modo de vida.

“Articular políticas de Educación y Ambiente que permitan potenciar e implementar acciones de educación ambiental orientadas a la formación de una ciudadanía participativa y ambientalmente responsable para contribuir con el logro de las metas de los objetivos del Desarrollo Sustentable”;

 “Enmarcar las acciones que surjan del presente acuerdo y las que vienen desarrollando las jurisdicciones con los Objetivos del Desarrollo Sustentable”;

 “Consensuar un marco conceptual de referencia que establezca un enfoque compartido para el fortalecimiento de la Educación Ambiental y la definición de focos prioritarios de abordaje de temas ambientales conforme a la realidad y necesidad de la nación y las provincias para la solución de problemas ambientales”.

Finalmente cabe mencionar el siguiente párrafo por incurrir en deliberadas falsedades.

“Que el CONSEJO FEDERAL DE EDUCACIÓN viene desarrollando una política sostenida sobre la importancia de la educación ambiental y la ha incorporado tanto a través de los Núcleos de Aprendizaje Prioritarios de la escolaridad obligatoria en las áreas de Ciencias Sociales y/o Naturales como asimismo incorporándola como uno de los ejes del PLAN ESTRATÉGICO NACIONAL “ARGENTINA ENSEÑA Y APRENDE” (aprobado por Resolución CFE Nº285/16) que hacen al desarrollo integral de los/as estudiantes”.

Es fácil comprobar que el CFE se ha interesado poco y nada sobre EA, no existe ninguna Resolución sobre el particular en toda la historia de sus actuaciones publicada en su página WEB. En el caso del COFEMA acaso alguna resolución pueda encontrarse. Además este mismo convenio ha sido anunciado como el primero conjunto entre Consejos, cierto, pero las leyes que lo propician tienen una década, al menos.

http://www.ambientejujuy.gob.ar/sitio/2017/04/04/compromiso-federal-para-la-educacion-ambiental/.

En relación con la apropiación discursiva y el vaciamiento de sentido, conviene prestar atención a l uso ilegítimo de conceptos como la Pacha Mama o “cuidado de la casa común”, surgidos de las luchas sociales ambientales especialmente de los pueblos originarios uno y de la Encíclica papal Laudato SI, el otro, conceptos ambos, fuertemente asociados a la crítica del modelo liberal capitalista, industrialista y consumista que promueve el desarrollo sustentable.

Por otra parte los mencionados Núcleos de Aprendizaje Prioritarios, que aunque inespecíficamente incorporan la temática ambiental, fueron instituidos como referencias al sistema educativo nacional entre 2004 y 2012. Finalmente en el mencionado PLAN ESTRATÉGICO NACIONAL “ARGENTINA ENSEÑA Y APRENDE”, este sí aprobado por Resolución CFE Nº285/16 en esta gestión, no se puede encontrar ni una sola mención a la EA.

Reflexión final.

De esta forma, mediante este “compromiso federal”, se vacía de todo posible contenido interpelador a la EA, que desde ahora rebautizada como EDS, se promueve desde el estado, negando la dramática condición ambiental nacional, omitiendo la crisis social, negando el derecho a una formación integral y critica y asumiendo toda la cándida tarea de concienciar sobre el cuidado del ambiente sin discriminar responsabilidades y sin relacionar la crisis ambiental con el modelo social, económico y productivo. No es casual que el Cambio Climático no merece mención en el convenio, en cambio sí las energías renovables, el primero demanda del Estado principalmente políticas y gastos y el segundo promete negocios.  Eludiendo siempre reconocer que el ritmo y los propósitos del capitalismo y los de la naturaleza van en sentidos divergentes. Por este camino el discurso de las corporaciones “minería sustentable” y “agricultura sustentable” y todo discurso que invoque la sustentabilidad como valor a-crítico y únicamente prospectivo es decir omitiendo el desastre que lo precede, como un deseo y un programa inobjetable e inclusivo, será compatible y confluyente con la mirada del gobierno. Así opera el metadiscurso del desarrollo sustentable y su alter ego educativo la Educación para el Desarrollo Sustentable..

Decía Bourdieu “cuando se trata del mundo social las palabras hacen a las cosas, porque ellas crean el consenso acerca de la existencia y el sentido de las cosas. El sentido común, la doxa aceptada por todos..”.

El sentido común es una construcción social que con frecuencia se implanta en el imaginario (Castoriadis) y construye realidad. En este caso, que el desarrollo y el crecimiento económico, no se discuten y representan el único horizonte teleológico concebible y posible para la sociedad y la humanidad, cuyo móvil principal y excluyente es el intercambio mercantil. Y que la crisis ambiental, aun siendo grave, es la consecuencia natural y esperable del afán de progreso, pero que el mismo, tarde o temprano, nos hará superarla. Esa es la razón que sustentan la teoría de la sustentabilidad del desarrollo.

De tal suerte, lo que asumimos como una realidad y una normalidad, es una ficción construida desde la visión hegemónica, principalmente a través de un léxico que se promueve en la sociedad para nombrarla. Así, como apunta Ruth Irwin: “Las consecuencias de la retórica de la sustentabilidad son la continuación de la cultura del consumo moderna y una capacidad para continuar ignorando la evidencia científica de que la modernidad está teniendo como resultado un radical cambio climático, contaminación, deforestación, y extinción”. Y “el peligro reside en el hecho de que la metáfora neoliberal coopte esta oportunidad y se atrinchere en la fórmula del mercado [justo] en el momento en que [dada la crudeza de la crisis] la posibilidad de renegociar el énfasis en el consumismo [y de hecho todo un sistema de vida] es más necesario y posible”.

Tomar con precaución y ojo muy crítico aparentes avances como el de este Compromiso Federal  por la EA, es importante en la perspectiva que los educadores hemos de adoptar frente a la crisis de un modelo educativo que debe ser capaz de transformarse profundamente, para resistir y sobreponerse a los avances de las más retrógradas iniciativas contra la justicia, la democracia y el buen vivir. Toda vez que en la lucha por una educación democrática, ya es insoslayable la inclusión de la defensa de otros derechos inextricablemente relacionados, tejidos, como los derechos humanos, los de género, los interculturales y los ambientales.

Esta maniobra simbólica se cocina a través de muchas vías, la de las políticas públicas puede ser una. Por eso no perdamos de vista que a diferencia de la tradición situada, anti-tecnocrática y profundamente socializante y popular de la EA, especialmente en América Latina; tras la historia de la EDS se consolidó especialmente en los últimos años, al decir de A. Meira Cartea “un proyecto ideológico claramente orientado a una resolución en clave liberal y de mercado de la doble crisis, la ecológica y la social, las dos caras de una misma moneda. Es lo único que explica el intento de convencernos de que la EDS supera la EA”. Intento que parece operarse por primera vez en forma explícita en la actual gestión de gobierno en Argentina.

La EA desplazada y devenida EDS, parece encontrar, finalmente, su camino institucional en Argentina de la mano del mas bárbaro neoliberalismo y las más retrógradas versiones tecnocráticas de la educación. Aquí se construye un relato, el del modelo hegemónico. Pero en su peor versión, porque si el progresismo apenas podía aspirar a ambientalismo, este neolioberalismo se acerca peligrosamente al ecofasismo.

Por eso, lejos de alegrarnos y sentarnos a esperar el florecimiento de la EDS que el kirchnerismo, fue incapaz de concebir y el macrismo sí; desde los sectores que pensamos radicalmente de otra manera debemos proponer y generar otros relatos, visiones, acciones, diagnósticos y pedagogías del todo diferentes. Nombrar el mundo con nuestras propias palabras. Porque aun cuando, en aras de valores trascendentes y consensos supranacionales, sea posible encontrar y construir ocasionales puentes; entre la EA latinoamericana y la EDS hay un abismo, un abismo histórico, ideológico, social y epistémico. Tan grande como el que hay entre el ecologismo libertario y el neoliberalismo tecnocientífico.

 

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