Educación si ¿pero cuál?

Guillermo Baliña

Lo que te están enseñando es a lo que tendrás que oponerte.
Herman Daly 
 
Un cierto porcentaje de niños tiene el hábito de pensar; uno de los fines de la educación es curarlos de dicho hábito.
Bertrand Russell

 

La enorme mayoría de las personas opina que para que las cosas mejoren hay que apuntalar la educación.

A este respecto no conozco mejor pregunta que la formulada por el economista (no convencional) Ernst Schumacher en su obra: Lo pequeño es hermoso escrita por los años setenta.

¿Es la educación un pasaporte para el privilegio o es una sagrada obligación para servir a la gente?

Dicho de otro modo, ¿estudiamos y nos educamos para que nos vaya bien a nosotros mismos o para que nos vaya bien a todos?

Iván Illich, en su obra: La sociedad desescolarizada comparte el criterio de Schumacher, solo que en lugar de “pasaporte para el privilegio” habla de “servicio selectivo”.

El graduado en una universidad ha sido escolarizado para cumplir un servicio selectivo entre los ricos del mundo.

Me detendré brevemente en mi experiencia personal como alumno universitario (estudie ingeniería industrial en la UBA en los años ochenta).

En la primera mitad de la carrera recibí una muy buena formación, se trataba de materias básicas como matemática, álgebra, física, estadística. Los contenidos de estas materias podríamos decir que son casi ciento por ciento verdaderos.

Al fin y al cabo dos más dos es cuatro y fuerza es masa por aceleración (y  lo seguirá siendo).

En cambio, en la segunda parte de la carrera debo decir que las cosas se invierten y casi el ciento por ciento de lo que me enseñaron -y dada mi experiencia posterior- me ha resultado falso (me refiero a conceptos tales como productividad, lucro, rendimiento, interés, eficiencia, oferta y demanda, planeamiento, control, mercado, etc…)

En esto debo aclarar que no se trata de responsabilizar a los docentes –muchos de los cuales fueron excelentes- sino que se trata de un problema general.

Se comprenderán claramente las palabras que Herman Daly le transmite a sus alumnos universitarios, las cuales muestran que el problema central de la educación universitaria en particular y la educación en general – y al parecer no sólo aquí sino en la mayoría de los países- es el sistema.

Nuevamente Illich:

La mayor parte de las reformas introducidas en el nivel de la enseñanza superior, equivalen a rascacielos construidos sobre chozas.

Los estudiantes de mi generación hemos recibido una educación absolutamente sesgada hacia el productivismo que en resumidas cuentas significaría algo así como primero el lucro y el crecimiento económico, luego las personas y el ambiente.

Otro de los grandes problemas de la educación universitaria es el de la especialización. Hasta los dieciocho años recibimos una formación que abarca muchos campos del conocimiento como humanidades, arte, ciencias, idiomas, deportes, etc;  pero al ingresar en la universidad nos introducimos en un túnel específico que nos hace perder de vista el resto de la realidad.

Para subsanar esta limitación se me ocurren dos caminos:

(I) Ampliar el abanico de materias no específicas en las carreras universitarias cualquiera sea la especialidad en cuestión y para ello nada más adecuado que la filosofía.

Algún lector podría dudar…   ¿filosofía para ingenieros?

En este punto debo decirle al dubitativo lector que por ejemplo para estudiar un tema específicamente ingenieril como el concepto de productividad cambio toneladas de libros de enseñanza convencional sobre el tema por las ocho o diez páginas del mini-ensayo intitulado elogio de la ociosidad del filósofo Bertrand Russell.

Respecto a cuestiones de economía cambio toneladas de libros de economía convencional por dos o tres obras no convencionales y muy posiblemente especialmente olvidadas, por ejemplo:

.- ¿Qué es la propiedad? de Pierre Proudhon

.- El orden económico natural de Silvio Gesell

A modo de muestra cito a Proudhon:

La causa primera de la paralización comercial e industrial es, por tanto, el interés de los capitales, ese interés que la antigüedad designó con el infame nombre de usura cuando sirve para pagar el precio del dinero, pero que nadie se ha atrevido a condenar bajo las denominaciones de alquiler, arriendo o beneficio.

Pero eso no es todo:

¿Queréis saber cuál es el regulador de una sociedad? Informaos de la masa de los capitales activos, es decir, que devenguen interés, y de la tasa legal de ese interés. El curso de los acontecimientos no será más que una serie de quiebras, cuyo número e importancia estarán en razón directa de la acción de los capitales.

Cualquier relación con el vergonzoso proceso de endeudamiento y de destrucción del mercado interno al que estamos asistiendo en estos días en nuestro país… ¡no es mera coincidencia!

Estas palabras datan de 1840 y las formula una persona que por aquel entonces rondaba los treinta años y que no era economista ni había recibido formación universitaria.

(II) Con respecto al resto del campo de conocimiento que queda fuera de nuestra especialidad: ¿Cómo nos informamos?

Estimo que la enorme mayoría de los temas que están fuera de nuestra especialidad no los recibimos a través de buenos libros sino por los medios de comunicación, en particular diarios y TV. Adivine el lector que tipo de sistema se enseña principalmente en los medios:

Productivismo, productivismo…. ¡y más productivismo!

Es evidente que tiene mucho más peso lo que no conocemos que lo que sí conocemos y resulta que lo que no conocemos nos es transmitido por instituciones a las que poco o nada les importa la gente y el ambiente.

Siendo así las cosas, me parece muy conveniente hacerse de una buena coraza de escepticismo, en particular respecto de todos los medios de comunicación los cuales en el fondo no son más que enormes agencias de publicidad.

Algunas ideas para finalizar…

La escuela es la agencia de publicidad que le hace a uno creer que necesita la sociedad tal como está. (Iván Illich)

No existe educación sin sociedad humana y no existe hombre fuera de ella. (Paulo Freire)

La ciencia exige la insurrección del pensamiento. (Pierre Proudhon)

 

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