TERCERA CARTA ABIERTA DE ENCUENTRO VERDE POR ARGENTINA A LOS CANDIDATOS A LEGISLADORES NACIONALES

TEORÍA ECONÓMICA: la economía del siempre más y el “mejor-estar” es el mayor obstáculo al bienestar

HOMO ECONOMICUS

Si bien filosofía y religión han influido e influyen sobre nuestra visión del mundo, es la teoría económica la que ha introducido un potente elemento nuevo. En todo el mundo y obviamente en nuestro país también, los debates contemporáneos sobre cómo tendría que estar organizada la sociedad giran en torno a la dirección de la economía nacional e internacional.

La economía que supimos conseguir, con sus efímeros éxitos y sus crisis recurrentes, ha sido construida con los aportes de la teoría económica dominante y con las decisiones que – en consecuencia – fueron y son adoptadas por la dirigencia política.

Bajo el influjo de las ideas de Adam Smith[1] – el padre de la economía moderna – los economistas concentraron gran parte de su esfuerzo en el estudio de la organización de la producción, particularmente en la interacción de los diversos factores responsables de ella (tierra, trabajo y capital). No obstante la aceptación general de estas ideas, la economía clásica encierra un fallo fundamental (al igual que los sistemas modernos derivados de ella: la economía marxista, la del bienestar, la keynesiana y la neoliberal) todas ellas ignoran el problema del agotamiento de los recursos[2], en tanto plantean un imposible: la separación entre economía y naturaleza, a partir de concebir a la economía como un sistema cerrado; sin advertir que – en sus dimensiones físicas – la economía es un subsistema abierto del ecosistema terrestre que es finito, no creciente y materialmente cerrado, lo cual ha redundado en una notable reducción del objeto de la ciencia económica, restringiéndola al estudio del dinero, a analizar mercados y la formación de precios, y a manejar agregados económicos monetizados como el PIB y la renta per cápita, con todo lo cual, la teoría económica, ha devenido en crematística y se ha ido alejando del mundo real.

Estos espejismos nos han llevado a una cadena de contradicciones en la que muchos parecen haber olvidado que nuestra civilización moderna, como las que la precedieron, depende por completo de sus cimientos ecológicos.

Al calor de la teoría económica hegemónica, la sociedad ha sido impulsada a vivir bajo la lógica del mercado, lógica que ha desencadenado profundas transformaciones en las matrices culturales y políticas, motivando una reorganización economicista de la vida[3] y la teoría económica ha proyectado su desacople con el mundo real hacia las decisiones políticas. Resultado: la mercantilización de todos los ámbitos de la vida natural y social; la liquidación del capital natural (cuyos recursos y servicios no solo hacen posible la actividad económica, sino que hacen posible la vida misma) y un imparable proceso de concentración de la riqueza con secuelas de pobreza y exclusión.

La visión fragmentada de la realidad y el pensamiento único de la economía convencional han ido ganado espacio en el pensamiento político al punto de conducir a todo el sistema a un callejón sin salida.

La búsqueda de nuevos paradigmas y comportamientos, se ha tornado por lo tanto en un tema estratégico y en ese marco, la teoría económica debería ser clave en el debate político, de allí nuestro interés en consultar su opinión sobre las cuestiones planteadas y en particular, preguntarle:

  • ¿Considera urgente y necesaria una transición desde una economía de producción, consumo y crecimiento, a otra que ponga el acento en la reproducción de las condiciones para el buen vivir, el cuidado, la contención, la supervivencia colectiva y el obligado decrecimiento de las economías ricas?
  • ¿Para usted la orientación del progreso económico debería cambiar del crecimiento cuantitativo al cualitativo? ¿Cree sostenible una economía de crecimiento perpetuo?
  • ¿Considera al ambiente como un factor secundario de la producción o como a un recipiente que contiene, provee y sostiene toda la economía?
  • ¿Considera a la disponibilidad y funcionalidad del capital natural, en especial los servicios que soportan la vida – para los cuales no hay sustitutos y que carecen de valor de mercado – como el factor limitante para el desarrollo económico futuro de nuestro país?
  • ¿Considera que el bienestar humano resulta más favorecido con el incremento del flujo total de dinero o con la mejora de la calidad y el flujo de servicios deseables a su alcance?
  • ¿Considera adecuado medir el progreso y bienestar de nuestra sociedad empleando únicamente indicadores económicos monetizados como el PIB?
  • ¿Estaría de acuerdo en incorporar indicadores que miden el progreso hacia la sostenibilidad[4]?
  • ¿Considera anacrónica la idea de soberanía del consumidor? ¿Apoyaría o promovería políticas públicas y democráticas de gestión de la demanda para no superar los límites de sostenibilidad?
  • ¿Considera que podemos dejar atrás la promoción de las actividades extractivistas reorientando las políticas de promoción y fomento hacia un muy amplio campo de actividades económicas capaces de crecer sin aumento en los transumos[5]?
  • ¿Apoyaría o promovería políticas y legislación tendientes a: aumentar la productividad en el uso de los recursos; rediseñar la economía para cerrar los flujos de materiales; cambiar la estructura de la economía, de su actual enfoque en el procesamiento de materiales y la fabricación de cosas a la creación de servicios y flujos; y revertir la destrucción ambiental con programas de restauración que inviertan en el capital natural?
  • ¿Impulsaría un cambio de los impuestos a los ingresos, por impuestos que se apliquen a las actividades ambientalmente perjudiciales?
  • ¿Impulsaría la creación de subsidios para promover las actividades ambientalmente amigables, financiándolos mediante el cambio de los fondos de los subsidios ambientalmente perjudiciales a los nuevos subsidios?

NOTAS

[1] Los individuos que actúan en su propio interés (como productores o consumidores) buscando mayor riqueza, pero regulados por la competencia entre ellos, producen el resultado más beneficioso para el conjunto de la sociedad. A través de la inversión, la mayor productividad y la acumulación de riqueza individual la sociedad logra un proceso de continua mejora. El progreso es inevitable. La mejora de la sociedad es equivalente a la producción de riqueza material. La producción de bienes constituye el centro de la economía.

[2] Desafiando toda lógica se asume que los recursos, en lo que se refiere a materiales y energía, son inagotables; que el crecimiento en el nivel global de la economía puede continuar eternamente y que la sustitución de un material o una forma de energía por otra puede continuar indefinidamente aun cuando en la realidad las reservas totales sean limitadas.

[3] Comprar lo más barato posible y vender lo más caro posible para que los beneficios lleguen al máximo. Cargar todo lo que el mercado pueda soportar. Dejar que la demanda y la oferta trabajen sin freno. Estimular el individualismo. Permitir que el beneficio sea el motivo predominante o único de toda acción industrial. No tolerar la interferencia de la legislación laboral y explotar al máximo la fuerza laboral. Usar todos los recursos y fuerzas del gobierno, pero no tolerar interferencia alguna del mismo. Basado en La Biblia de la libre competencia de Stuart Chase

[4] Tales como: Índice de Huella Ecológica  (Wachernagel y Rees, 1996); Apropiación Humana de la Producción Primaria Neta (Vitousek, 1986); Indicadores de Flujo de Materiales (Wuppertal Institute y Faculty for Interdisciplinary Studies); Huella Hídrica Agrícola y Agua Virtual (UNESCO-Institute for water education); Balances Energéticos de las Actividades Económicas y el Análisis Integrado Multiescalar del Metabolismo Social (Giampietro 2003); Índice de progreso real (IPR); Índice de desarrollo humano (IDH); Índice de bienestar económico sostenible (IBES); Producto interno bruto verde.

[5] Flujos de recursos y energía (throughput)

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