Mi presentación en el Seminario Taller sobre Educación y Política Ambiental

Presentación en el Seminario Taller: Educación y Política Ambiental en la Argentina[1]

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 TEXTO DE LA PRESENTACIÓN

Carlos Merenson

La ecología neutral, que más bien se parece a la jardinería, se hace cómplice de la injusticia.
Eduardo Galeano

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INTRODUCCIÓN

LIMITESEn 1972, un equipo de científicos del System Dynamics Laboratory del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) elaboró y publicó un informe bajo el título: Los Límites del Crecimiento – también conocido como el Informe Meadows – donde se advertía que, de mantenerse las tendencias de crecimiento de la población mundial, industrialización, contaminación ambiental, producción de alimentos y agotamiento de los recursos, nos enfrentaríamos a un escenario de rebasamiento y colapso. Transcurridos 45 años, se ha verificado que la evolución de las variables consideradas en el mencionado estudio, ajustan con el escenario estándar (business as usual) y lejos de detenernos o ralentizar nuestra marcha, continuamos avanzando con un verdadero afán autodestructivo[2].

Frente a un escenario caracterizado por la globalización de la crisis ecosocial y el agravamiento de la mayor parte de los indicadores socioambientales, podríamos preguntarnos, tal como lo hace Jorge Riechmann: ¿por qué tanta charla sobre el ambiente, tanta sosteniblablá como dice Robert Engelman (2013), tanta afirmación de valores proambientales, tanto derecho ambiental con sus normas y sus leyes, tanta decisión para intentar enmendar el lamentable curso de las cosas, parecen resultar tan ineficaces?

Para el ecologismo político la respuesta a este interrogante se encuentra en el substrato superideológico del sistema-mundo que habitamos: el productivismo y los modos de organización socioeconómica que ha inspirado a lo largo de la historia, particularmente su vertiente capitalista, que desde la década del año 1980, tras la caída del Muro de Berlín y posterior autodisolución de la Unión Soviética, se transformó en la organización socioeconómica hegemónica.

El desafío de desarrollarnos dentro de los límites biofísicos del planeta y detener nuestra alocada carrera hacia la autodestrucción – obviamente – excede el restringido marco de acción de las políticas ambientales y nos conduce a plantear la necesidad de abandonar el productivismo y los modos de organización socioeconómica que les son inherentes.

¿QUÉ ES LA ECOLOGÍA POLÍTICA?

La ecología política: nuevo paradigma

La Ecología Política, lejos de ser un conjunto de ideas que tienen en común la preocupación por la cuestión ambiental, es un sistema de pensamiento político – global y autónomo – que responde a unas necesidades históricas concretas y que le permite describir analíticamente el sistema socioeconómico imperante y – a partir de ello – describir una sociedad diferente, prescribir acciones particulares dentro de ella y buscar formas de motivarnos a emprender tales acciones; todo lo cual le confiere el carácter de ideología: la ideología del ecologismo político.

Sus principios generales son los acordados en la Carta de la Tierra, también conocida como Carta de los Verdes Mundiales[3].

La Sabiduría Ecológica

NATURALEZAPrincipio por el cual se reconoce que los seres humanos somos parte del mundo natural y debemos respetar los valores específicos de todas las formas de vida, incluso las especies no-humanas; que la sociedad humana depende de los recursos ecológicos del planeta y debe garantizar la integridad de los ecosistemas y preservar la biodiversidad y la resiliencia de los sistemas de apoyo a la vida; y que se reconoce y valora la sabiduría de los pueblos indígenas del mundo, como custodios de la tierra y sus recursos.

La Justicia Social

JUSTICIA SOCIALEste principio afirma que la clave de la justicia social es la distribución equitativa de los recursos sociales y naturales, tanto a nivel local como global, para satisfacer incondicionalmente las necesidades humanas básicas y para asegurar que todos los ciudadanos tengan oportunidades completas de desarrollo personal y social. No hay justicia social sin justicia ambiental y no hay justicia ambiental sin justicia social.

La Democracia Participativa

participacion_ciudadanaEste principio enfatiza la necesidad de luchar por una democracia en la cual todos los ciudadanos tengan el derecho de expresar sus puntos de vista, y sean capaces y libres de participar directamente en las decisiones ambientales, económicas, sociales y políticas que afectan sus vidas; para que el poder y responsabilidad sean concentrados en las comunidades locales y regionales, y se devuelvan hacia niveles más altos de gobierno sólo cuando sea esencial que así sea.

La No-Violencia

no violenciaEste principio por el cual el ecologismo declara su compromiso con la no violencia, enfatiza la necesidad de luchar por una cultura de paz y cooperación entre los Estados, dentro de las sociedades y entre los individuos, como base de la seguridad global; en el convencimiento de que la seguridad no debe descansar principalmente en la fuerza militar, sino en la cooperación, el desarrollo económico y social, la seguridad ambiental y el respeto de los derechos humanos.

La Sostenibilidad

SOSTENIBLEEste principio implica el reconocimiento del limitado alcance de la expansión material de la sociedad humana dentro de la biosfera y la necesidad de mantener la biodiversidad mediante el uso sostenible de los recursos renovables y el uso responsable de los recursos no renovables. Enfatiza el convencimiento de alcanzar la sostenibilidad y atender las necesidades de las generaciones presentes y futuras dentro de los recursos finitos de la tierra, para lo cual debe detenerse y revertirse el crecimiento continuo del consumo global, la población y la inequidad material, como así también reconoce que la sostenibilidad no será posible mientras persista la pobreza.

El Respeto a la Diversidad

DIVERSIDAD CULTURALCon este principio el ecologismo honra la diversidad cultural, lingüística, étnica, sexual, religiosa y espiritual dentro del contexto de responsabilidad individual hacia todos los seres. Implica un compromiso con la defensa del derecho de todas las personas, sin discriminación, a un ambiente que apoye su dignidad, salud corporal y bienestar espiritual. Implica también el compromiso de promover la construcción de relaciones respetuosas, positivas y responsables entre las líneas de división en el espíritu de una sociedad multi-cultural.

Este conjunto de principios resultan un marco general para la ecología política, como así también lo son para diferentes corrientes del ecologismo, tales como: el ecologismo social, el ecologismo profundo, el ecosocialismo y diferentes movimientos ecosociales; pero debemos tener en claro que tales principios no alcanzan para definir el campo de los principios fundamentales del ecologismo político.

En esa dirección tenemos que hacer el intento de analizar su estructura de pensamiento, su particular representación del mundo a partir de su lógica y ello nos introduce en el análisis de lo que podemos definir como el núcleo duro ideológico de la ecología política, frente al cual, otros aspectos resultan accesorios.

Núcleo Duro Ideológico

ideas2El acta de nacimiento de la ecología política como ideología se encuentra en el siguiente párrafo del informe Meadows[4]:

estamos convencidos de que tomar conciencia de las restricciones cuantitativas del ambiente mundial y de las consecuencias trágicas de un exceso es esencial para el inicio de nuevas formas de pensamiento que conduzcan a una revisión fundamental de la conducta humana y, en consecuencia, de la estructura entera de la sociedad actual”.

La ecología política toma conciencia de las restricciones cuantitativas del ambiente mundial y de las consecuencias trágicas de los excesos haciendo suya la noción de los límites para el crecimiento de los sistemas humanos, fundamentalmente el sistema económico; lo cual la conduce a desarrollar nuevas formas de pensamiento.

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Es así que, en lugar de la difundida idea del límite como impedimento a vencer y el progreso como la constante superación de límites; la ecología política redefine la noción de progreso que se transforma en el reto por perfeccionar – lo más posible – la adaptación a aquellos límites que no se deberían traspasar.

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Aceptada la existencia de límites naturales, físicos, biofísicos la ecología política se centra en el análisis de la conducta humana en tanto es la responsable de la alocada carrera hacia la autodestrucción.

Consecuencia directa de lo anterior es el cuestionamiento a la superideología del sistema-mundo: el productivismo, definido como la creencia en que las necesidades humanas sólo se pueden satisfacer mediante la permanente expansión del proceso de producción y consumo, transformados en el fin último de la organización humana.

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Es este antiproductivismo la piedra angular sobre la que se edifica el ecologismo.

El eje productivista/antiproductivista que Marcellesi postula como eje estructurante y autónomo lo lleva a afirmar que: 

frente a los dos sistemas dominantes y antagónicos de los últimos siglos y ambos motor de la sociedad industrial, se afirma una tercera vía ecologista basada en el rechazo al productivismo fuera de la dicotomía capitalista-comunista, es decir, una nueva ideología diferenciada y no subordinada a ninguno de los dos bloques, con un objetivo claro: cambiar profundamente la sociedad.

Al aceptar que existen límites para el crecimiento y cuestionar el productivismo, el ecologismo también reconoce que existen límites para el consumo de allí que, del antiproductivismo, se pase – sin solución de continuidad – al anticonsumismo, a la idea de reducir la demanda cuantitativa, poniendo en tela de juicio una importante aspiración de la mayoría de la gente: aumentar al máximo el consumo de objetos materiales.

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La revisión de la conducta humana: antropocéntrica, productivista y consumista conduce a la ecología política a la urgente e indispensable revisión de la estructura entera de la sociedad actual y a su propuesta de una sociedad convivencial y sostenible.

ADIOS AL PRODUCTIVISMO

La secuencia entonces es:

  • del reconocimiento de la existencia de límites naturales para el crecimiento;
  • a la redefinición de la noción de progreso;
  • al antiproductivismo;
  • al anticonsumismo
  • a la convivencialidad y sostenibilidad.

He aquí el núcleo duro de la ecología política que es una ideología de raíz arcadiana, ambiocéntrica, antiproductivista y reformista radical.

¿Qué no es la Ecología Política?

Resulta muy importante distinguir entre “ecologismo” y “ambientalismo” en tanto, confundir ambos pensamientos, tal como lo sostiene Dobson, redunda en: “…un serio error intelectual, tanto en el contexto de una consideración del ecologismo como ideología política como en el marco de una cuidadosa presentación del radical desafío verde al consenso político, económico y social que domina el final del siglo XX”.

Existe una generalizada confusión o desinformación que ha llevado a que la opinión habitual sea que ambientalismo y ecologismo pertenecen a una misma familia de ideas, cuando en realidad ambos pensamientos difieren grandemente.

Pero ecologismo no es ambientalismo. Resulta erróneo confundir ambos pensamientos.

El ambientalismo propone una respuesta tecnocrático-productivista y aboga por una aproximación administrativa frente a los problemas ambientales, convencido que ellos pueden ser resueltos mediante la reforma del sistema, sin cambios radicales de sus valores conformadores.

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El ecologismo sostiene que los problemas ambientales, son en realidad socio-ambientales y que una existencia sostenible presupone cambios radicales en nuestra relación con el mundo natural no humano y en nuestra forma de vida social y política.

En general, los ambientalistas:

  • No suscriben la tesis de los límites del crecimiento
  • No pretenden, desmantelar el productivismo
  • No defienden el valor intrínseco del ambiente no humano
  • Creen que la tecnología puede resolver los problemas que genera

 Ambientalismo” es una palabra que cualquiera de las ideologías podría someter felizmente a un servicio adjetival, sin producir ninguna contradicción con su núcleo central ideológico, como podría ser en híbridos tales como “comunista liberal”.

El ecologismo es tan diferente de las demás ideologías, que resulta muy dificultoso pensar en el ambientalismo como corriente dentro del ecologismo. Tal posible hibridación solo se podría concretar al costo de una alteración radical en el núcleo central de la ideología del ecologismo.

El ecologismo es una ideología, el ambientalismo no lo es en absoluto.

La idea de educación y política ambiental difiere grandemente entre ambientalistas y ecologistas.

Lo que pasa como política verde en las páginas de los medios de hoy no es la ideología del ecologismo. Conocerla y entenderla requiere más que rascar la superficie de su imagen pública.

EL ESCENARIO ACTUAL

El imparable proceso de concentración de la riqueza; el agotamiento del modelo energético fosilista; el cambio climático antropogénico; la degradación y perdida de la diversidad biológica y el generalizado y creciente agotamiento de materiales, suelo y agua, definen en conjunto, un escenario de crisis ecosocial de tal magnitud que, lejos de una crisis cíclica del sistema[5], amenaza convertirse en crisis civilizatoria.

Solo a título ilustrativo veamos los siguientes datos:

  • En cuanto al proceso de concentración de la riqueza:

El informe Una economía para el 99%[6] publicado por OXFAM abunda en información referida al proceso de concentración de la riqueza destacando que tan sólo 8 personas (8 hombres en realidad) poseen ya la misma riqueza que 3.600 millones de personas, la mitad más pobre de la humanidad. La súper concentración de riqueza sigue imparable. El crecimiento económico tan sólo está beneficiando a los que más tienen. El resto, la gran mayoría de ciudadanos de todo el mundo y especialmente los sectores más pobres, se están quedando al margen de la reactivación de la economía. El modelo económico y los principios que rigen su funcionamiento nos han llevado a esta situación que se ha vuelto extrema, insostenible e injusta.

 

  • En cuanto al agotamiento del modelo energético fosilista:

Desde 2005, la capacidad extractiva mundial de petróleo convencional (el petróleo de mayor calidad y más accesible) está estancada y es posible que en 2015 se haya alcanzado el pico de extracción de todos los líquidos combustibles, como se observa en la siguiente gráfica de extracción del petróleo mundial. En las previsiones más “optimistas” esto sucederá en 2024.

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Por otro lado, a partir de 1980, las cifras del consumo superan a la de los descubrimientos. El 70 % del consumo de petróleo actual viene de yacimientos de más de 30 años. Los nuevos yacimientos, tanto de petróleo convencional como de otros líquidos combustibles, no alcanzan los mismos rendimientos que los antiguos.

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La confianza en las energías renovables como solución a la escasez de energías fósiles está firmemente instalada en muchos sectores de la sociedad. Sin embargo, las energías renovables no son suficientes para mantener los niveles de consumo actuales y, con las tecnologías de las que ahora disponemos, probablemente no llegaríamos a alcanzar la mitad del consumo actual. Estas limitaciones provienen de tres factores:

  • El carácter poco concentrado de las renovables
  • El hecho de que, frente a los combustibles fósiles que se usan en forma de energía almacenada, las renovables son flujos
  • Proporcionan poca energía neta (bajas TRE)

 

  • En cuanto al cambio climático global antropogénico:

Distintos estudios han sugerido que se debía estabilizar la concentración de CO2 atmosférico en no más 350 ppm (partes por millón) actualmente la concentración supera las 400 ppm y con tendencia aún creciente.

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  • En cuanto a la degradación y pérdida de la diversidad biológica:

Estamos originando la sexta extinción masiva en la historia de la Tierra. Entre 1970 y 2012 la población de vertebrados sufrió una disminución del 58 %. Esta dinámica supone un declive anual promedio del 2 %. En términos globales y en comparación con los registros fósiles, en la actualidad la tasa de extinción de especies es de 100 a 1.000 veces mayor que en períodos preindustriales.

  • En cuanto al generalizado y creciente agotamiento de materiales, suelo y agua:

El consumo de minerales desde el siglo XIX ha seguido un crecimiento exponencial, llegando a una situación en la que la demanda es mucho mayor que su disponibilidad.

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Los datos correspondientes a energía, cambio climático y agotamiento de materiales corresponden al documento Caminar sobre el abismo de los límites publicado por Ecologistas en Acción (https://www.ecologistasenaccion.org/IMG/pdf/informe-abismo-limites.pdf)

La convergencia de procesos tales como el acelerado descenso de la tasa de retorno energética de las fuentes fósiles; la multiplicación de Estados fallidos; el pico de las deudas; las múltiples consecuencias del cambio climático global antropogénico y la destrucción antropogénica de la diversidad biológica en todos sus niveles, pueden conducir al desplome global de las sociedades productivistas.

Aun cuando enfrentamos peligros demasiado grandes, los mensajes que llegan a la sociedad desde los centros de poder e influencia, conducen a la pasividad frente a las amenazas de colapso, dando por descontado que encontraremos las soluciones para abordar las crisis ecosociales, sin modificar sustancialmente las formas de producción y organización social, sin modificar nuestro estilo de vida. Pero – lamentablemente – como lo advertía Aldous Huxley: Los hechos no dejan de existir sólo porque sean ignorados.

Esta ignorancia ha sido hábilmente instalada en la sociedad mediante una verdadera mitología productivista, en la que se destacan: la inquebrantable fe en el infinito crecimiento económico; la omnipotencia del mercado y el tecno-optimismo que induce a pensar que nada es imposible, incluso, la imposible desmaterialización de la economía.

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A esta mitología productivista debemos agregar las dificultades de concepción y asimilación propias de la psique humana que, por rechazo a la complejidad, dureza e impredecibilidad de los procesos ecosociales, genera incertidumbre y rechazo, condicionando las respuestas a adoptar, favoreciendo la aceptación de soluciones con un alto componente esperanzador y ningún fundamento real.

El paradigma de la Modernidad se ha construido en torno a un sujeto humano, supuestamente racional y omnipotente ante la naturaleza, de la que se considera amo y señor, y ante la que sólo caben consideraciones de orden instrumental. Todo ello congruente con el espíritu prometeico que caracteriza a nuestra civilización productivista en cualquiera de sus dos vertientes principales.

Trasformados en idólatras del mercado y la tecnología, en devotos del infinito crecimiento y en adictos al consumismo, será imposible salir del callejón sin salida en el que estamos hoy estancados frente a una paradoja crucial: si no crecemos, el sistema colapsa y si seguimos creciendo, destruimos las bases biofísicas que hacen posible ese crecimiento y la vida misma.

Para el ecologismo político nos encontramos en pleno proceso de transición pero, a diferencia de todas las anteriores, que implicaron siempre un notable incremento en el uso de recursos y energía, la actual se está desarrollando desde la abundancia, hacia la escasez.

Por otra parte, las tendencias de los principales indicadores nos hacen suponer que existe muy poca probabilidad para una transición gradual y ordenada, y – en consecuencia – existe alta probabilidad de tener que enfrentar un escenario de contracción de emergencia, que puede desembocar en colapso.

Resulta importante aquí destacar que – en tiempos históricos – el tiempo disponible para cambiar el rumbo resulta extremadamente corto. Al respecto conviene transcribir aquí la introducción del documento Ecología Política: nuestro camino del productivismo a la convivencialidad[7].

La historia ha demostrado que se han requerido de prolongados y cruentos procesos revolucionarios para producir verdaderos cambios en los cimientos estructurales de la sociedad y sus edificios superestructurales, pero cambiar el substrato superideológico del sistema-mundo[8] implicaría un cambio social mucho mayor que el que ha atravesado la humanidad en varios milenios, un verdadero giro copernicano en la manera de concebir nuestra forma de vida, tal como – por ejemplo – aconteció durante el prolongado proceso de sustitución del comunismo de tribu o primitivo por los modos de producción esclavista y feudal.

Hoy, el proceso de cambio ambiental global y la crisis ecosocial que le es inherente, nos están conduciendo – vertiginosamente – hacia un punto en el que hará crisis el utopismo productivista de la sociedad y con ello se abrirán las puertas a un cambio del paradigma superideológico, proceso en el cual, el ecologismo político[9] está llamado a cumplir un rol fundamental.

Los cambios de paradigmas

Desde remotas civilizaciones se desarrolló una visión geocéntrica del universo que fue el modelo indiscutido en torno al cual se organizó la realidad, un paradigma que mantuvo su hegemonía durante 3500 años. Para superar esta visión geocéntrica, primero hubo que demostrar que la Tierra era la que giraba alrededor del Sol y luego que el Sol no era el centro del Universo, sino que formaba parte de un complejo mucho mayor: la Vía Láctea y que esta era tan solo una entre miles de millones de galaxias más. Para ello – desde Aristarco de Samos en el siglo III AC, hasta Edwin Hubble en 1920 – debieron transcurrir veintidós siglos para arribar a una nueva visión del mundo.

En la actualidad, la irresuelta y creciente crisis ecosocial exige un nuevo cambio en nuestra visión del mundo, en nuestra forma de vivir, pero en esta ocasión no disponemos de milenios, ni siquiera de algunas centurias, sino que el cambio de paradigma deberá concretarse en pocas décadas más, si es que queremos abandonar la actual trayectoria que nos condena a la autodestrucción.

Hoy no están en discusión diferentes teorías astronómicas, lo que se encuentra en el centro mismo del debate es la raíz humana de la crisis ecosocial, la superideología del sistema-mundo en el que vivimos: el productivismo.

 

¿POR QUÉ TENEMOS QUE CAMBIAR EL PARADIGMA PRODUCTIVISTA?

Porque ha hecho crisis el paradigma hegemónico; por el agravamiento de la crisis ecosocial global y porque el establishment marcha a contramano de los monumentales e inevitables cambios que se requieren, ello pese a la existencia de pruebas suficientes del rumbo suicida que hemos adoptado. En forma conjunta, estos factores, definen un escenario en el cual se torna urgente y necesario proyectar una mirada diferente, que en nuestro caso, es la que emerge desde la ecología política.

La crisis del paradigma hegemónico

discursoUn paradigma entra en crisis cuando se queda sin respuestas, cuando los hechos, en lugar de corroborar las hipótesis, las desechan. Tal es lo que ocurre en la actualidad con el paradigma imperial[10], antro-andro-eurocéntrico, productivista y cornucopista que desde la década del año 1950, atrapado en la exponencialidad de sus crecimientos y decrecimientos, se aproxima a un choque monumental contra los límites biofísicos del planeta.

A nivel global, el productivismo en su vertiente capitalista se ha convertido en el paradigma de la corriente principal porque fue capaz de imponer en la sociedad su cultura en el sentido más amplio, concentrando todos los esfuerzos y medios para fabricar sentido común a su medida. Tanto neoliberales como neoconservadores fueron capaces de construir y mantener su hegemonía ideológica, fueron capaces de naturalizar la permanente competencia de todos contra todos y la mercantilización de las relaciones sociales.

Este paradigma incluye – según Capra[11]la idea del método científico como único enfoque para llegar al conocimiento legítimo; la concepción del universo como sistema mecánico compuesto de partes elementales; la fragmentación de la realidad y sus fenómenos; la vida social comprendida como lucha competitiva por la existencia; el crecimiento tecnológico y económico para la obtención de progreso material ilimitado; la idea de que el crecimiento y el progreso es constante e ilimitado; la idea del modelo causa-efecto como base para las explicaciones de los fenómenos.

Lo cierto es que armados con los axiomas en los que se estructura el paradigma productivista/mecanicista la pléyade de «expertos» de nuestro sistema-mundo cada día se muestran más incapaces para explicar y dar solución a los problemas devenidos en crisis que van multiplicando en sus campos de especialización. El mundo académico, los think tanks, las élites intelectuales que dan forma a la corriente principal, comienzan a admitir su impotencia para resolver los problemas más urgentes que nos toca enfrentar.

Tal como se afirmaba – tempranamente – en un artículo publicado en 1979 por el Washington Post – citado por Capra – titulado: El armario de las ideas está vacío, no solamente la corriente principal de ideas se ha canalizado en decenas de arroyuelos, sino que también, en ciertos campos, se ha secado del todo.

En la actualidad, el sistema-mundo productivista, en su vertiente capitalista, no logra resolver las irreconciliables contradicciones establecidas entre capital-trabajo y capital-naturaleza, habiendo globalizado sus dos leyes generales y absolutas: la de acumulación y la de la degradación ambiental[12].

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En Ecología y costes de producción capitalistas: No hay salida[13] Immanuel Wallerstein sostiene que la creciente des-ruralización ha traído consigo un sensible aumento del poder negociador del movimiento obrero en defensa del precio del trabajo lo cual condujo a los dueños del capital a descargar parte de sus costes sobre el Estado o la “sociedad” en su conjunto y es justamente aquí que se comprende la muy generalizada inacción de los gobiernos frente a la cuestión ambiental, permitiendo que las empresas no asuman el coste de restaurar el ambiente impactado por su operación productiva, no haciéndose cargo – por ejemplo – de “limpiar” los efectos negativos de sus actividades o de invertir en la renovación de los recursos naturales que han sido utilizados.

CAPITALISMO5Para no detener la acumulación de capital, la sociedad en general y en particular su clase dirigencial – política y económica – renuncia a la puesta en práctica de medidas ecológicas significativas y seriamente llevadas a cabo, en tanto emergen por sus altos costes como la más seria amenaza para la viabilidad de la economía-mundo capitalista. En consecuencia lo único que podemos esperar de los capitalistas frente a la cuestión ecosocial es su constante mirar para otro lado y seguir con el negocio como de costumbre. La reducción de ganancias de las empresas al internalizar sus costes ambientales y los inevitables e insostenibles aumentos de impuestos que traería aparejado que tales costes fueran asumidos por los gobiernos, conduce inevitablemente al “no hacer” como única respuesta frente a las catástrofes ecológicas emergentes de la cultura productivista. De lo anterior se infiere que, gradualmente, va ganado terreno la segunda contradicción entre capital-naturaleza que – en última instancia y como ya fuera mencionado – es la que ha conducido al sistema a un callejón sin salida.

Frente al agotamiento del paradigma guía de la humanidad, va tomando forma un nuevo paradigma que se construye con el aporte de diferentes corrientes de pensamiento, entre ellas la ecología política que intenta percibir la realidad de una manera diferente. Un paradigma que propone una visión arcadiana opuesta a la actitud imperial frente al resto de la naturaleza; que en lugar del antropocentrismo levanta la idea del ambiocentrismo; que se manifiesta antiproductivista; un paradigma que incluye la idea de llegar al conocimiento no solamente a través del método científico y que proyecta una visión holística, amplia e integral de la realidad y sus fenómenos. Se trata de un paradigma que no fragmenta los fenómenos para conocerlos; que impulsa la idea de que la civilización debe privilegiar la cooperación; que postula la limitación del crecimiento material y tecnológico dada la finitud de la naturaleza y que entiende al mundo como amalgama de sistemas complejos interdependientes e interrelacionados.

Yendo a contramano

contramanoLas dirigencias políticas tradicionales y sus tecno-burocracias han estado y siguen obsesionadas con encontrar los caminos que nos conviertan en un país del primer mundo. El tiempo se ha encargado de demostrar lo inútil de correr tras un objetivo inalcanzable en un sistema-mundo caracterizado por sus mecanismos centrípetos de redistribución de los recursos y la riqueza. Ninguno parece advertir que – dentro del sistema – es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un país periférico ingrese en el reino del primer mundo y menos aún advierten que la actual crisis ecosocial global, ya ni siquiera asegura la continuidad del desarrollo en los países centrales a los que se intenta imitar.

Al comparar huella ecológica[14] y biocapacidad[15] a nivel de países se puede constatar la existencia de los mecanismos centrípetos de redistribución de recursos sobre los que se asienta el sistema-mundo capitalista lo cual permite diferenciar claramente deudores de acreedores ecológicos.

Los gráficos[16] que relacionan biocapacidad y huella ecológica correspondientes a los países centrales (industrializados) permiten visualizar muy bien sus enormes déficits ecológicos que – obviamente – vienen compensando mediante la importación de biocapacidad de las áreas periféricas/semiperiféricas.

Argentina: el reino del revés

reino del revezEn las últimas décadas, en nuestro país, la justicia social está muy lejos de haberse alcanzado; la no-violencia sucumbe en un escenario de creciente inseguridad y violencia social; crecen las señales de intolerancia frente a la diversidad; la sabiduría ecológica es ignorada y la sostenibilidad se ha reducido a “rentabilidad económica” y su verdadero concepto es permanentemente ignorado en los procesos de toma de decisiones.

Nuestras principales tendencias apuntan en la dirección equivocada:

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La maldición de Kassandra

casandraPodemos decir que el mito de Kassandra, cuya traición a Apolo la convirtió en el símbolo del rechazo estólido e inamovible de la posibilidad de un peligro; se hizo realidad a principios de la década del año 1970, con la publicación del Informe Meadows, cuyas advertencias – hoy corroboradas por los hechos – nunca fueron tenidas en cuenta.

En el mencionado informe se advertía que la civilización industrial global tenía tanta inercia que no podría corregir fácilmente el curso en respuesta a síntomas de estrés planetario y que – a menos que el crecimiento se detenga antes de llegar al límite – la sociedad se encaminaba hacia el rebasamiento y colapso, en un escenario, en el que la población alcanzaría su pico alrededor de 2030 en ocho mil millones, para luego disminuir bruscamente, hasta estabilizarse en unos cuatro mil millones en 2100.

¿Y saben qué? A 45 años de distancia, todas las tendencias siguen exactamente a las del escenario de no haber hecho nada por evitar ese rumbo, al haber seguido con nuestro insostenible modo de vida.

Un reciente informe de la Agencia de Evaluación Ambiental de los Países Bajos concluye que el sistema global sigue de cerca el escenario BaU[17] construido hace 45 años atrás por el modelo computacional del Instituto Tecnológico de Massachusetts llamado World3 que advertía sobre el posible colapso civilizatorio en el siglo XXI.

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¿Por qué preocuparnos? Porque a similares tendencias pueden corresponder similares consecuencias. Veamos entonces cuáles eran las consecuencias esperables descriptas en el Informe Meadows.

El modo de comportamiento del sistema en el escenario BaU es claramente el de sobrecarga y colapso, el cual es motorizado por el agotamiento de los recursos naturales no renovables. El stock de capital industrial crece a un nivel que requiere un enorme aporte de recursos y en el proceso mismo de ese crecimiento agota una gran parte de las reservas de recursos disponibles. A medida que suben los precios de los recursos y se agotan las minas, se debe utilizar cada vez más capital para obtener recursos, dejando menos para invertir para el crecimiento futuro. Por último, la inversión  no puede mantenerse y la base industrial se derrumba, llevando consigo los servicios y sistemas agrícolas dependientes de insumos industriales (fertilizantes, pesticidas y especialmente energía para la mecanización). Por un corto tiempo la situación es especialmente grave porque la población sigue aumentando. Finalmente, la población disminuye cuando la tasa de mortalidad se dispara por la falta de alimentos y servicios de salud. Podemos afirmar con cierta confianza que, con el supuesto que no se produzca un cambio importante en el sistema actual, el crecimiento demográfico e industrial cesará – a más tardar – en el próximo siglo (se referían al siglo XXI).

TAREAS Y ESTRATEGIAS DEL ECOLOGISMO POLÍTICO

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El ecologismo político le plantea:

  • a los países del norte industrializado: el decrecimiento
  • a los países del sur: el desafío de desarrollarse sin imitar los insostenibles modelos de los países ricos y sin apelar al extractivismo
  • a nivel global:
    • adaptar los proceso productivos en la tecnosfera a las condiciones de la biosfera
    • poner decididamente en marcha la transición energética
    • limitar el tamaño de los sistemas socioeconómicos humanos con medidas de autocontención
    • extender la agroecología
    • construir una economía donde el objetivo no se defina como siempre más, sino como suficiente
    • construir una economía basados en un enfoque entrópico; en el a-crecimiento y el estado estacionario

El ecologismo político opone al militarismo, el pacifismo; a la ilusión neolítica de un mundo infinito, la racionalidad ecológica; al consumismo, el consumo responsable; al darwinismo social, la solidaridad; a la democracia formal, la democracia participativa.

El ecologismo político plantea el desafío de abandonar el antropo-androcentrismo despótico y evolucionar hacia el ambiocentrismo. Liberarnos de la supeideología productivista y abandonar el fundamentalismo de mercado y la tecnolatría. Reemplazar la moral de poseer y consumir, por una moral ecosocial basada en vincularse y compartir. Establecer una ética social, igualitaria, solidaria, democrática y responsable. Avanzar hacia una sociedad donde las grandes decisiones sobre producción y consumo sean tomadas democráticamente por el conjunto de las ciudadanas y ciudadanos, de acuerdo con criterios sociales y ecológicos que se sitúen más allá de la competición mercantil y la búsqueda de beneficios privados.

¿Cuáles son las estrategias del ecologismo para impulsar el proceso de transición?

Todo indica que necesitamos cambiar de raíz nuestra forma de vida y los valores que nos guían, pero – como se plantea en el Manifiesto Última Llamada – los grandes cambios se topan con dos obstáculos titánicos: la inercia de nuestro actual modo de vida y los intereses de los grupos privilegiados. Ellos son los que han logrado – hasta el presente – impedir que maduren las condiciones para producir un indispensable cambio de rumbo.

Frente a ello, el ecologismo político plantea abandonar el modelo productivista/neodesarrollista, tercamente defendido por aquellos que imaginan que el crecimiento exponencial del sistema económico puede continuar indefinidamente en un planeta finito.

Como ya fuera mencionado, en los países “centrales” del sistema-mundo productivista, el ecologismo político plantea la necesidad de decrecer (algo así como un desesperado intento de poner los motores del Titanic en reversa); en las áreas periféricas en la que nos toca actuar – muy alejadas del puente de mando – la tarea fundamental será prepararse para sobrevivir al inevitable choque y naufragio.

¿Qué tenemos que hacer?

  • poner en evidencia las relaciones existentes entre la cultura productivista y la crisis ecosocial.
  • poner en evidencia que la sociedad productivista es autodestructiva.
  • crear una cultura política que no se limite a la búsqueda de un proyecto salvador ejecutado por el Estado.

¿Por qué?

Porque el cambio que persigue el ecologismo político no será un regalo del Estado, ni puede traducirse en una que otra ley. El cambio que se persigue solo lo puede concretar la gente, participando activamente en el proceso de transformación ecosocial, porque si no es la gente la que quiere cambiar la sociedad, entonces no se efectuará en ella ningún cambio real y menos un cambio radical.

Si lo único que se plantea es desplegar una estrategia parlamentaria para conquistar el poder y luego cambiar la sociedad, la derrota está asegurada.

Hasta ahora, las estrategias parlamentarias han servido para disolver el objetivo central del ecologismo político en un mar de compromisos politiqueros, donde la única opción es el “mal menor” que invariablemente conduce a males mayores.

Sobran los ejemplos en el mundo de ecologistas que – volcados a la acción política como militantes verdes – acabaron siendo cooptados por el poder de las estructuras de los partidos tradicionales y su burocracia. El parlamentarismo ha servido así para despertar el ambientalismo que creíamos superado en la militancia ecologista y en lugar de luchar por cambiar el mundo, vemos a los diputados verdes luchando – denodadamente – por cambiar las lamparitas incandescentes por las de bajo consumo.

Frente a ello, la acción política tiene que estar dirigida – prioritariamente – a constituir un nuevo sistema de relaciones sociales, en el cual, un número cada vez mayor de personas, tome parte activa en la construcción de una sociedad convivencial y sostenible; tenemos que construir un gran movimiento ecosocial en el cual la gente sea la primera protagonista de la historia; movimiento en el que descansa la esperanza de cambiar el rumbo.

Ted Trainer en The Transition to a Sustainable and Just World (2010) advierte que es comprensible que cuando uno se enfrenta a un monstruo dispuesto a dominarnos la tentación sea volverse para enfrentarse a él cara a cara y combatirlo denodadamente. Esto valdría para describir prácticamente todas las revoluciones y movimientos de liberación habidos hasta ahora, y hay situaciones en las que no se puede evitar actuar así. Pero este no es el modo en que vamos a proceder nosotros. No vamos a enfrentarnos al monstruo consumista-capitalista. Lo que vamos a hacer es, de hecho, ignorar a muerte al capitalismo.

Trainer aporta las siguientes referencias que apuntan en la dirección indicada: Korten mantiene abierta la esperanza de que podamos “matar al capitalismo de hambre” (1999, p.262). Rude dice: “El objetivo ya no es derrocar al capitalismo mundial en una revolución anticapitalista como en el modelo marxista tradicional, sino más bien dejar el capitalismo atrás mediante la lenta creación de una nueva cultura y economía poscapitalistas que lo sustituyan…” (1998, p.53). Quinn afirma: “Derrotar a la jerarquía es inútil; lo que queremos es simplemente dejarla atrás” (1999, p.65). Buckminister Fuller lo explica de esta manera: “Nunca puedes cambiar las cosas luchando contra la realidad existente. Para cambiar algo, construye un nuevo modelo que deje obsoleto el modelo existente” (citado por Quinn, 1999, p.137).

El sentido en el que se propone ignorar el sistema y seguir nuestro camino es el de optar por formas de vida opuestas a la receta única, lo cual, en la medida que se vaya masificando, acelerará el hundimiento del sistema. La principal estrategia del ecologismo político debería ser entonces la de ir construyendo en las entrañas mismas de la sociedad productivista, el sistema alternativo. He ahí el reformismo radical: desarrollar nuevos sistemas locales, de pequeña escala y participativos.

El hundimiento es inevitable y la tarea no es evitar lo imposible, sino prepararse para salvar a la mayor cantidad de náufragos.

Obviamente – tal como lo afirma Trainerfrente a estas estrategias, muchos se pueden preguntar si el monstruo, al identificarte como una amenaza a su supervivencia, no te aniquilará, pero la verdadera pregunta que se deberían hacer es si en la era de la escasez que se avecina ¿será capaz de hacerlo? ¿Será capaz de hacerlo si no puede mantener las estanterías de los supermercados repletas? ¿Será capaz de hacerlo con un creciente e incontrolable desempleo? ¿Será capaz de hacerlo con un libre mercado que demostró palmariamente su falibilidad en la crisis financiera que comenzó en 2008? ¿Será capaz de hacerlo cuando coincidan en el tiempo los enormes e irresolubles desabastecimientos de petróleo, agua, alimentos, tierra, minerales básicos, todo ello acompañado de una población en aumento, los efectos del cambio climático y una acelerada descomposición social?

El sistema-mundo productivista no tendrá capacidad para afrontar estos sucesos simultáneos, con lo cual se abren así, como nunca antes, las puertas para que, en todas partes, las comunidades desarrollen su enorme capacidad de tomar sus destinos en sus propias manos ignorando a las élites gobernantes.

En argentina, el ecologismo político deberá entonces ayudar a nuestra sociedad a desarrollar resiliencia para sobreponerse a los desenlaces desfavorables que se avecinan, reconstruyendo sus vínculos internos mediante estrategias basadas – principalmente – en la adaptación, la autoorganización, la autocontención y la autosuficiencia, todo lo cual tenderá a reducir nuestra gran vulnerabilidad ecosocial.

Frente al campo productivista – en el que se desenvuelven las organizaciones políticas tradicionales de nuestro país – se abre un nuevo campo: el campo verde, que, sin ser cuantitativamente importante, atesora el poder trasformador de una nueva ideología para este nuevo siglo XXI: la ecología política.

Es en este campo verde que podemos encontrar diferentes expresiones del ecologismo político, el ecofeminismo, el ecopacifismo, el ecosocialismo, el ecologismo profundo y el indigenismo. Pero también podemos encontrar organizaciones sociales y políticas que, en la medida que aumenta su preocupación por la cuestión ambiental, comienzan a desprenderse de las concepciones productivistas, para ir internándose en el campo verde. Entre estas corrientes de pensamiento se destacan el ambientalismo reformista que se expresa mayoritariamente en las organizaciones no gubernamentales ambientalistas; el ecologismo social que se hace presente en muchas de las organizaciones sociales; las corrientes ético religiosas y todos aquellos que levantan los valores, principios y acciones contenidas en la Carta Encíclica Laudato si´; los dirigentes y militantes peronistas que han hecho suyo y reivindican el Mensaje a los Pueblos y Gobiernos del Mundo de Perón; las organizaciones defensoras de los derechos humanos; las corrientes de pensamiento progresistas, de los movimientos de izquierda y del nacionalismo popular.

Hacer realidad las propuestas del ecologismo requerirá de la construcción de un amplio movimiento socio-político de nuevo signo, que emerja de la unidad del campo verde.

Rechazando los sectarismos, respetando la pluralidad y la singularidad de sus componentes, el movimiento del ecologismo político debe entonces convocar y albergar a una amplia confluencia política, social y cultural. Un movimiento sociopolítico capaz de diseminar ideas y propuestas; producir contenidos políticos, difundirlos y adoptar estrategias comunes. Un movimiento en el que no puede haber lugar para una burocracia que actué de arriba hacia abajo, basándose en un núcleo donde se toman las decisiones y se imparten directivas hacia aquellos que únicamente obedecen. El movimiento ecologista político debe construirse de tal manera que haga inviable la imposición de ideas por la fuerza, sin respeto por los diferentes o los discrepantes. Si pensamos que luchamos por construir una sociedad sostenible tenemos que tener en claro que: …la sostenibilidad no es una propiedad individual, sino una red completa de relaciones que implica a la comunidad como un todo. (Capra, 2003, p. 274)

Se trata de impulsar la formación de un movimiento – a manera de una red de “Cooperativas Políticas” – integradas por todas aquellas personas que adhieran a un conjunto de principios y valores; y que – a través del principio: “un miembro un voto” – puedan participar en las grandes orientaciones del movimiento, como el programa o las estrategias electorales, así como en las acciones de movilización (desde su definición hasta su puesta en marcha).

Abandonar el callejón sin salida en el que estamos estancados implicará construir un nuevo paradigma a partir de un cambio copernicano en nuestra visión del mundo y la sociedad. En esa tarea resulta prioritario y como primer paso, convocar a una “Asamblea Abierta de la Ecología Política”, con dos claros objetivos:

  • delimitar el tronco común del ecologismo en argentina, y
  • acordar un programa político.

 

[1] Organizado por el Área de Ecología, Instituto del Conurbano de la UNGS y GEPAMA (ISU-FADU) UBA

[2] Para dimensionar nuestro incesante avance hacia los límites biofísicos – además del Informe Meadows – podemos citar el estudio publicado en la revista Nature en 2009 por Johan Rockströn (A safe operating space for humanityNature 461, 472-475)  y el indicador Huella Ecológica propuesto por William Rees y Mathis Wackernagel

[3] La Carta de los Verdes Mundiales es un documento redactado y firmado por 800 delegados de partidos verdes de 72 países de todo el planeta a raíz del primer encuentro para organizarse a nivel mundial en Canberra (Australia), en el mes de abril de 2001.

[4] Los Límites del Crecimiento (1972)

[5] Como por ejemplo las crisis cíclicas descriptas por Kondrátiev

[6] https://www.oxfam.org/es/informes/una-economia-para-el-99

[7] https://laereverde.com/2016/03/30/del-productivismo-a-la-convivencialidad/

[8] La teoría del sistema-mundo (también conocida como economía-mundo, o teoría, enfoque o acercamiento analítico de los sistemas-mundo) es una perspectiva macrosociológica que busca comprender y explicar la dinámica de la economía del mundo capitalista como un sistema social total, para ello se centra en el estudio del sistema social y sus interrelaciones con el avance del capitalismo mundial como fuerzas determinantes entre los diferentes países.

[9] Ecologismo político es aquel que ha adoptado a la ecología política como su ideología.

[10] Denominación propuesta por Donald Worster en Nature’s Economy (1977)

[11] Fritjof Capra. The turning point. Simon & Schuster. New York.( 1982)

[12] John Bellamy Foster. La ley general absoluta de la degradación ambiental en el capitalismo. Ecología Política

[13] Trabajo presentado por el profesor Wallerstein en las jornadas PEWS XXI, “The Global Environment and the World-System,” Universidad of California, Santa Cruz, 3 a 5 de abril, 1997. Publicado en Iniciativa Socialista, número 50, otoño 1998

[14] Sistema de indicadores desarrollado por Mathis Wackernagel y William Rees de la Universidad de Columbia Británica.

[15] Capacidad biológica o biocapacidad («biological capacity or biocapacity»): La capacidad de los ecosistemas de producir materiales biológicos útiles y absorber los materiales de desecho generados por los seres humanos, usando esquemas de administración y tecnologías de extracción actuales. “Materiales biológicos útiles” se definen como aquellos usados por la economía humana, mientras lo que se considera “útil” puede cambiar de año a año (e.g. el uso de hojas de maíz para la producción de etanol podría resultar en las hojas de maíz convirtiéndose en un material útil, y así incrementar la biocapacidad de la tierra de cultivo de maíz). La biocapacidad de un área se calcula multiplicando el área física actual por el factor de rendimiento y el factor de equivalencia apropiado. La biocapacidad generalmente se expresa en hectáreas globales como unidad.

[16] Disponibles en: http://www.footprintnetwork.org/es/index.php/GFN/page/world_footprint/

[17] Business as usual

 

 

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