A propósito de un artículo de Raúl Zaffaroni nos preguntamos: ¿A dónde vamos?

Sección POR UN PROGRESISMO, PROGRESISTA

En esta oportunidad nos basaremos en el artículo de Raúl Zaffaroni publicado por Página 12 bajo el título: ¿Adónde vamos? (https://www.pagina12.com.ar/92102-adonde-vamos) para reelaborar su planteo con una mirada desde la ecología política.

 

El programa económico de este gobierno, al igual que cualquier programa económico inspirado en el productivismo, atado a la economía global y su utópica adicción al infinito crecimiento económico y la falacia de un sistema monetario (global) fraudulento basado en el interés compuesto, resulta absolutamente insostenible. Por ello no menos insostenible resultaría un programa más endógeno y menos subordinado al mercado global, aunque probablemente menos ruinoso económicamente. En lo social en cambio una orientación más distributiva, menos excluyente y menos violenta abriría al menos una ventana a la concertación. En lo ecológico, sin embargo, ambas opciones en tanto basadas en lógicas extractivas, avasallantes y ocupacionales solo pueden conducir al desastre.

¿Adónde vamos entonces? Estamos convencidos que si no se produce un cambio copernicano en el curso autodestructivo en que nos encontramos, vamos a un colapso ecosocial. Pero lo ecosocial no es una dimensión significativa para quienes detentan el poder y solo ven el mundo desde lógicas de cálculo crematístico. El balance entre lo natural y lo social no representa para ellos la condición del futuro. Apenas pueden ver y ocuparse del des-balance entre lo económico y lo social que garantiza la supervivencia del capitalismo.

Lo cierto es que nadie tiene hoy el poder para desequilibrar o desestabilizar al actual poder global. Ningún partido. Ninguna fuerza política. Ni siquiera el Papa Francisco con el ejemplar mensaje su Carta Encíclica Laudato si´ puede mellar esta irracionalidad internalizada como sentido común. Todo parece indicar que el poder global tiene todo en sus manos y nadie, absolutamente nadie, lo puede conmover. La gran paradoja es, justamente, que la desestabilización la provocará el proyecto económico, social y ambiental global inviable del propio poder global. Aunque sabemos que para el poder global todo aviso es inútil de momento. Contra eso tenemos que resistir, porque la injusticia (social y ambiental) provoca violencia, ya la está provocando y  aunque así no fuese- lo que vemos difícil si no se frena de inmediato – es absolutamente indeseable y escasamente conducente una situación de violencia generalizada.

Venimos advirtiendo este riesgo. No lo decimos ahora. Lo venimos diciendo desde la década del año 1970. Les decimos a los habitantes de este planeta que se cuiden, que no respondan con violencia a ninguna provocación. Estamos frente a un grupo de poder que sufre una ilusión óptica en su soberbia infinita, un poder que baila en la cubierta del Titanic de espaldas al iceberg, que cree que camina hacia un mundo de riqueza cuando va directo hacia un precipicio, un poder que padece de alteraciones sensoperceptivas graves. De hecho ha perdido toda sensibilidad y alterado del todo su percepción: la vida poco le importa y ve la condición natural distorsionadamente.

Es por eso que afirmamos que cuanto antes se vayan mejor. Ojalá fuera hoy mismo. Porque si no sacan ya mismo el pie del acelerador de este camino al desastre, pueden multiplicarse accidentes gravísimos que ya ocurren, muchos más graves que los que vemos todos los días. De lo contrario ellos mismos se van a poner al Planeta de sombrero. Las experiencias históricas no tan lejanas de las crisis de programas similares muestran que estos accidentes finales no avisan y sus consecuencias son muy dolorosas y algunas irreversibles. (extinción de especies, radiación nuclear en los océanos, genocidios).

En síntesis: lo político siempre puede resolverse, lo económico, lo social que suelen condicionarse mutuamente con el tiempo podrían armonizarse, pero lo ecológico es muchísimo más difícil y a la larga, en términos de vida humana podría no tener arreglo, los muertos no se resuelven, tanto seres humanos como una cantidad descomunal de especies en extinción, porque nadie puede resucitar las vidas que se extinguen o sacrifican. Eso es lo que a toda costa debemos evitar. Solo la vida garantiza la vida. Debemos evitar la violencia venga de donde venga. Toda violencia, vista luego retrospectivamente, es insensata. Cuando la vemos desde la distancia de cierto tiempo, nos damos cuenta de que careció de sentido. Esto es lo primario. Esto el tiempo del largo plazo no lo resuelve.

La vida -y no solo la de los seres humanos- debe ser nuestro primer valor; la vida digna, sana, natural y colectivizada.

La no violencia nos permitirá ver hacia donde podemos ir.

LA (RE) VERDE

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