La competencia –desleal- (la mano invisible hidrodinámica)

Guillermo BALIÑA

 

En la obra de Margrit Kennedy “Dinero sin inflación ni tasas de interés”, la autora despliega en el primer capítulo “cuatro conceptos erróneos muy extendidos acerca del dinero”; ellos son:

  • existe un único tipo de crecimiento
  • sólo se pagan intereses en caso de solicitar un préstamo
  • bajo el sistema monetario actual todos son afectados en igual medida por las tasas de interés.
  • la inflación es parte integral de la economía de libre mercado.

Aunque en esta columna hemos venido explicando desde distintos puntos de vista estos cuatro conceptos erróneos, en este artículo nos detendremos particularmente en el tercer punto.

Para ello nada mejor que las palabras de Margrit:

El tercer concepto erróneo que concierne a nuestro sistema monetario actual podría formularse de la siguiente manera: como todos tienen que pagar intereses al solicitar un préstamo o adquirir bienes y servicios y como todos obtienen intereses al ahorrar dinero, todos se benefician (o perjudican) por igual con el sistema monetario actual.

La autora toma como base 10 grupos diferentes de hogares de la población  alemana en los años noventa, cada uno constituido por 2.5 millones de hogares.

En el gráfico que se muestra más abajo –que hemos obtenido a partir de los datos consignados por Kennedy- se pueden identificar los 10 grupos  (“deciles”) desde el grupo de menores ingresos D1 al de mayores ingresos D10. Allí se puede apreciar que los deciles D1 a D8 pagan más intereses de los que reciben (por eso tienen saldo negativo), el D9 recibe un poco más de lo que paga y el D10 recibe en concepto de intereses cobrados aproximadamente el doble de los intereses pagados.

                                       D1   D2   D3   D4   D5   D6     D7    D8     D9     D10
 
Intereses pagados     2.3   4.1   5.9   6.5   7.6   9.1   10.5   13.5    16.3    32.3
 
Intereses obtenidos  0.5    0.7   1.1   1.5    2.3   3.2     5.5    8.8    18.0   66.5
 
Saldo                           -1.8  -3.4   -4.8  -5.0  -5.3  -5.9   -5.0   -4.7  +1.7   +34.2

 

 

BALIÑA

Para que el lector comprenda el efecto que tiene la tasa de interés en la competencia (desleal), la economía  y  el libre mercado, podemos comparar su funcionamiento como equivalente al de una competencia de natación que se desarrolla en una piscina olímpica con características muy peculiares. Si observa el lector la imagen de más arriba puede ubicar a los diez competidores de izquierda a derecha desde el D1 al D10.

La particularidad de nuestra piscina es que encierra una “trampa olímpica”.

En el carril de la derecha correspondiente al competidor D10 el agua no se encuentra en reposo sino que circula en el mismo sentido en que nadará el competidor D10 lo cual le permitirá al nadador llegar más rápido al otro extremo de la piscina.

Si recordamos que el “hándicap” en competencias deportivas es un sistema de compensaciones de modo de aumentar las posibilidades de éxito del competidor más débil, nuestro sistema monetario contiene un efecto “anti-hándicap” que aumenta las posibilidades de éxito de los competidores más adinerados.

En el carril D9 el “competidor” encontrará también una importante corriente a su favor. En cambio desde el carril D1 hasta el D8 la corriente de agua circulará en el sentido contrario al que intentarán nadar los competidores y por lo tanto “la competencia” les requerirá un esfuerzo físico adicional.

Este efecto perverso de la tasa de interés opera inexorablemente en las economías de todos los países provocando una redistribución regresiva aunque con diferente intensidad. (Insistimos: los datos anteriores sólo corresponden a Alemania en los años noventa)

Pero la trampa no termina allí.

Este drama que afecta internamente a todos los países también  “derrama sus virtudes” entre los distintos países de la economía global favoreciendo a los que prestan dinero y perjudicando a quienes reciben los préstamos.

Siendo así las cosas, se escuchará a pseudoeconomistas (especializados en natación) de la mayoría de los medios de (des)información –y lamentablemente en muchas universidades públicas y ni que decir de las privadas- hablar sobre la brillante actuación del nadador D10, del buen desempeño del competidor D9 y del pobre resultado de los nadadores D1 a D8. Estos analistas, ignorantes de la subyacente “mano invisible hidrodinámica” (o lo que es peor conocedores de la misma) comenzarán a dar concejos a los desafortunados competidores:

  • que deberán esforzarse más
  • que hay que ser más responsable en los entrenamientos
  • que deberán mejorar la dieta, etc.

También tendrán el descaro de recomendarles algún libro de autoayuda o lo que es peor los tratarán de “vagos y/o drogadictos”.

Esto a nivel nacional. Por supuesto que a nivel internacional se produce un efecto similar. Y entonces los “especialistas internacionales” desplegarán sus sesudos análisis sobre la “eficiencia” de los países “desarrollados” y el lamentable desempeño de los países “subdesarrollados” generalmente conducidos por ineficientes gobiernos populistas. Explicarán que de un lado se encuentra “la civilización” y del otro “la barbarie”.

Se podría comenzar seriamente a estudiar una verdadera “competencia” y un verdadero “libre mercado” en el momento en que la inflación y la tasa de interés sean nulas. Esto sería equivalente a que en nuestra piscina el agua en los diez carriles estuviera en reposo y no le reportara ninguna ventaja o desventaja a ningún competidor.

Afortunadamente hay en el mundo muchos economistas –en el estricto sentido del término- que se ocupan de esclarecer estos temas, por ejemplo Ann Pettifor en su obra “La producción del dinero” bajo el sugestivo subtítulo “Cómo acabar con el poder de los bancos”:

Debido a su opacidad y a los deliberados esfuerzos  por enmascarar sus actividades, reina una ignorancia generalizada acerca de cómo se crea el dinero, de la función del crédito y el débito en la economía, del funcionamiento bancario y de cómo operan los sistemas monetario y financiero. Gran parte de los economistas ortodoxos son responsables de esto, pues desde sus cátedras universitarias y en los análisis que realizan de la actividad económica ignoran por completo el dinero, la deuda y el sistema bancario. (…) Consideran el dinero como algo “neutral”. (…) Ven a los banqueros como simples intermediarios entre el ahorro y la inversión, y para ellos la tasa de interés es algo “natural” según la oferta y la demanda de dinero.

¿Más claro?

¡échele agua!

 

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