El flagelo de las adicciones

Guillermo BALIÑA

 

Lo que me gustaría obtener del dinero es tiempo libre y seguridad. Pero lo que quiere obtener el típico hombre moderno es más dinero, con vistas a la ostentación, el esplendor y el eclipsamiento de los que hasta ahora eran sus iguales.
Bertrand Russell (1872-1970)
 
La riqueza y la pobreza son situaciones igualmente injustas que no deben existir en un Estado bien ordenado; ellas son incompatibles con la paz social y con la paz internacional.
Silvio Gesell (1862-1930) El orden económico Natural (1906)
 

Según afirman los científicos a mucha gente le preocupa más lo que tiene (o no tiene) en relación con la situación de sus semejantes que en términos absolutos. Un millonario puede sentirse muy frustrado –independientemente de su  fortuna- si un vecino millonario de pronto se convierte en ultra millonario.

Toda adicción implica un exceso.

Hay adicciones de todos los tipos: hay adictos al juego, al trabajo, al alcohol, al sexo, a la marihuana, a la velocidad, al tabaco, al poder, a la tecnología, etc.

Nos referiremos a dos tipos de adicciones que -al contrario de las anteriores enumeradas-  en general no reciben el rechazo de la sociedad y ni siquiera son tomadas como tales.

Se trata de la adicción al dinero y la adicción al poder.

Toda adicción cuando es reconocida como tal  encuentra una terapéutica apropiada; los adictos al alcohol recurren a alcohólicos anónimos y los adictos a las drogas recurren a las granjas de recuperación.

Casi todos los millonarios son adictos al dinero y al poder.

En esta sociedad de consumo tener mucho dinero -al igual que intentar tenerlo aunque no  se lo obtenga-, está  en general muy bien visto.

En los últimos años los especialistas han demostrado que tener dinero es algo bueno pero sólo hasta un punto a partir del cual pasa a ser una carga.

Los millonarios suelen ser víctimas de su adicción al dinero de una forma muy extraña. Padecen el  siguiente impulso irrefrenable: aun cuando fueran poseedores de una cantidad de dinero que les permitiera vivir holgadamente un millón de vidas consecutivas, querrían sin embargo que su patrimonio no disminuyera bajo ninguna circunstancia.

Nadie aprobaría que una persona con gravísimos problemas de alcoholismo acceda a un puesto de enorme responsabilidad, se trate tanto de la presidencia de una nación, la conducción de un sindicato, el pilotaje de un avión comercial o la responsabilidad de una operación en un quirófano, puesto que evidentemente una persona en esas condiciones no podría tomar las decisiones correctas.

No veo la menor diferencia entre un alcohólico y la mayoría de los millonarios en cuanto a su “capacidad de toma de decisiones”; ambos están totalmente fuera de la realidad.

A los primeros difícilmente se les permita llegar a altos cargos de responsabilidad, a los segundos se les elige presidente (aquí y en la mayor parte del mundo); dirigen las grandes empresas y se les aplaude y ensalza.

No podemos dejar de mencionar que los adictos al dinero y al poder cuentan con una herramienta formidable para acrecentar su influencia: los medios y  la publicidad.  En los últimos años el escándalo de Facebook y su manipulación de datos con fines poco humanitarios es una prueba evidente.

A propósito de este asunto, un genio matemático contratado por dicha empresa comentó que las  mentes más brillantes a nivel mundial son reclutadas por dicha empresa para …

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El comportamiento enfermizo de los medios y la publicidad alcanza extremos inauditos.

Es llamativo el caso de los últimos segundos de casi toda publicidad radial, en donde para ganar tiempo de aire, el locutor comienza a hablar tododecorridoaunavelocidadinauditaconlocuallógicamentenoseentiendeuncornoloqueestándiciendodloquelehaceaunopensarqueeguroseráalgoimportantequeafectaranuestrosinteresesyentoncesunosepreguntaseráposiblequeseantancretinos

Tampoco podemos dejar de mencionar el fraude de la letra chica que es otra

forma de fraude que siempre tienen a mano estos desgraciados que se enriquecen a costa de nuestro sacrificio sobre todo con cláusulas infames y predatorias y que para poder realizarlas siempre cuentan con la colaboración de abogados inescrupulosos.

En definitiva nos hemos convertido en una sociedad que ya nada tiene que ver con el Homo sapiens (hombre sabio, inteligente) y que más bien merece la catalogación de Homo stultus (hombre necio, imbécil).

Krishnamurti (1895-1986) sintetiza muy bien todo esto:

No es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma

 

Un comentario en “El flagelo de las adicciones”

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