Cambiemos futuro por pasado

Guillermo Baliña

 Estamos en tal grado deformados por los hábitos industriales, que ya no osamos considerar el campo de las posibilidades; para nosotros, renunciar a la producción en masa significa retornar a las cadenas del pasado, o adoptar la utopía del buen salvaje. (…) Si queremos, pues, hablar sobre el mundo futuro, diseñar los contornos teóricos de una sociedad por venir que no sea hiperindustrial, debemos reconocer la existencia de escalas y de límites naturales.
Ivan Illich (1926 – 2002) – La convivencialidad (1972)
 
Nuestro inmenso poder científico y técnico ¿producirá un mundo genuinamente superior al que teníamos antes? ¿O nos quedaremos estancados con una acumulación de renovaciones descuidadas y desordenadas que destruyen más de lo que mejoran?
Langdon Winner  / La ballena y el reactor – Una búsqueda de los límites en la era de la alta tecnología (1986)

 

Cuando se trata de evaluar eventos futuros hay –entre otras- dos posturas erróneas:

  1. creer que los eventos que nunca han sucedido en el pasado nunca sucederán en el futuro.
  2. creer que ciertos eventos que son corrientes y normales en el presente proseguirán en el futuro.

Entre los eventos del primer caso, los que alcanzan un elevadísimo grado de intensidad reciben el nombre de Cisnes Negros (según los ha bautizado el especialista en fenómenos aleatorios Nassim Taleb)

Con relación a estos eventos contamos con un listado extenso de probables calamidades que son barridas bajo la alfombra, a saber:

Suelen decir los expertos en seguridad:

  • Las centrales nucleares son seguras, no pueden colapsar

(pero tuvimos Chernobyl y Fukushima)

Suelen decir otros expertos:

  • El calentamiento global es un invento de los ecologistas, las emisiones de CO2 están bajo control.

(¿habrá que esperar al improbable evento del derretimiento de los polos?)

También dicen los expertos:

  • Las megaciudades -ciudades con más de 10 millones de habitantes- son seguras, no pueden colapsar.

(pero en agosto de 2003 una ola de calor en París provocó la muerte de miles de personas; alrededor de once mil, especialmente ancianos)

Entre los eventos del segundo caso tenemos  los eventos que responden a lo que podríamos denominar “falacia de la sostenibilidad”. Al tope de estos eventos tenemos el famoso oxímoron del “crecimiento sostenible” (dentro de la teoría económica es la creencia de que el crecimiento de la economía puede perdurar en el tiempo)

En filosofía el asunto que estamos tratando se enmarca dentro del llamado

“problema de la inducción”

El ejemplo clásico es: “Todos estamos convencidos de que el Sol saldrá mañana, ¿por qué?”

Dice Bertrand Russell en su ensayo de 1912 “sobre la inducción”

El problema que hemos de discutir es si existe alguna razón para creer en lo que se llama “la uniformidad de la naturaleza”. La creencia en la uniformidad de la naturaleza es la creencia de que todo cuanto ha sucedido o sucederá es el ejemplo de alguna ley general que no tiene excepciones

Más adelante agrega:

La creencia de que el Sol saldrá mañana podría resultar desmentida si la Tierra entrase súbitamente en contacto con un cuerpo gigantesco que destruyese su movimiento de rotación; pero las leyes de movimiento y la ley de gravitación universal no serían infringidas por tal acontecimiento.

Como puede apreciarse, Russell toma como ejemplo de imposibilidad de que el Sol salga mañana a un Cisne Negro

Finalmente:

Se ha argüido que tenemos razón para saber que el futuro se parecerá al pasado, porque lo que fue futuro se ha convertido constantemente en pasado, y siempre se ha visto que se ha asemejado al pasado, de modo que tenemos realmente experiencia del futuro, es decir, de tiempos que fueron anteriormente futuro y a los cuales podemos llamar futuros-pasados. Pero semejante argumento da por sentada la misma cuestión que se quiere probar. Tenemos experiencia de futuros-pasados pero no de futuros-futuros y la cuestión que se plantea es esta: ¿se asemejarán los futuros-futuros a los futuros-pasados? Pregunta que no cabe contestar con un argumento que nace exclusivamente  de futuros-pasados. Por consiguiente, todavía tenemos que buscar algún principio que nos permita saber que el futuro seguirá las mismas leyes que el pasado.

Taleb menciona acertadamente que al futuro hay que imaginarlo más por sustracción que por adición, aquí algunos ejemplos:

En los años setenta en pleno auge de las misiones Apolo ¿quién no imaginó que la conquista del espacio venía para quedarse?

¿Quién no imaginó que la colonización de la Luna estaba a la vuelta de la esquina?

En este 2019 se cumplirán 50 años del gran paso de Neil Armstrong. Sin embargo desde 1972 ningún ser humano volvió a pisar la Luna.

También con la llegada del Concorde en 1976 ¿quién no pensó que cruzar el Atlántico en un par de horas sería una experiencia que pronto estaría al alcance del gran público? (Algún lector recordará el rally baterístico de Phill Collins quien con la ayuda del Concorde logró participar en los eventos de Live Aid a ambos lados del Atlántico, desde Wembley a Filadelfia, el 13 de julio de 1985).

En su obra Antifragil, dice Taleb

Si queremos entender el futuro, estamos obligados a dar una mayor ponderación a aquello que existe desde hace tiempo: aquellas cosas que han sobrevivido.

Luego agrega

Lo que lleva existiendo ya mucho tiempo no envejece como lo hacen las personas, sino a la inversa, es decir, sumándose tiempo restante de vida.

La actividad agrícola lleva alrededor de diez mil años de experiencia mientras que la actividad industrial un par de siglos. ¿Podrán convivir ambas?

En el año 2008 ocurrió un hito muy significativo: a nivel mundial la cantidad de personas dedicadas a la actividad rural y que viven en zonas rurales fue superada por la cantidad de personas que viven en las ciudades, las cuales requieren con el paso del tiempo un permanente incremento de tamaño y complejidad.

La complejidad natural es sostenible, ella se ha ocupado de la formación de organismo celulares cada vez más complejos. En la cumbre de la complejidad natural contamos con la hazaña evolutiva de ojos y cerebros.

No parece suceder lo mismo con la complejidad artificial (la generada por el hombre) Si bien sus “avances” son incuestionables, sí es cuestionable su sostenibilidad. La complejidad artificial es altamente demandante de energía.

Como simple ejemplo comparemos la energía que consumió Galileo para construir su telescopio y la energía que consumió la humanidad para poner en órbita al Hubble. (Ni que decir de la energía consumida para construir el CERN).

Un punto a favor de la complejidad artificial es que ha permitido que la esperanza de vida mundial se incremente.

El punto desfavorable de la extensión de la vida lo expone Serge Latouche:

Desde el año 1950, la prolongación de la duración de la vida en Occidente ha sido de tres horas al día aproximadamente, lo que corresponde al tiempo medio pasado por un europeo ante el televisor y a dos veces el trayecto del transporte diario de un ciudadano de la región de Ile de France.

(La hora del Decrecimiento)

Si el más vivir se emplea luego en un desperdicio de tiempo frente a cajas bobas o viajes improductivos, ¿no será momento de cambiar radicalmente nuestro modo de vida?

No es descabellado pensar que el futuro de la humanidad haya que buscarlo en el pasado.  Albert Einstein nos advirtió de esa posibilidad cuando señaló:

“No sé cómo será la tercera guerra mundial, sólo sé que la cuarta será con piedras y lanzas”

Algunos ecologistas y estudiosos de estos temas sostienen que el punto de quiebre ocurrió en los años setenta y señalan que no sería mala idea que el futuro de la humanidad se estacionara alrededor de los años sesenta

Recuperar una huella ecológica igual o inferior a un planeta, volver a una producción material equivalente a la de los años 1960 – 1970.

Serge Latouche – Pequeño Tratado de Decrecimiento Sereno

De continuar con las tendencias actuales todo parece indicar que el colapso de nuestra civilización se nos viene encima.

El choque puede ser de tal magnitud que nuestra civilización resulte aniquilada.

En ese caso el futuro del planeta se comenzaría a parecer al pasado en el cual no había hombres sobre el planeta, estos es entre 150 mil y 250 mil años atrás.

Otra posibilidad es que volvamos a la época del garrote como lo advirtió Einstein

Si comenzamos a reducir la velocidad y el tamaño de nuestras actividades posiblemente colapsemos de forma más suave y entonces rebotemos contra los límites naturales de forma más suave. Esto nos haría volver hacia atrás no muchos años (al igual que algunos juegos de casilleros en donde el participante “rebota” contra el casillero final y vuelve algunos pasos atrás)

En un reciente libro publicado por Santiago Bilinkis bajo el título “Pasaje al futuro” el autor describe con toda precisión el punto de bifurcación en el que se encuentra la humanidad y que es “la verdadera grieta” (las pseudo grietas son por todos conocidas: peronismo-antiperonismo; el gato o la yegua; Boca-River; Maradona-Messi; etc)

Como ejemplo de la verdadera grieta menciona a dos posibles contendientes: en un rincón del cuadrilátero ubica a Peter Diamandis autor del libro “Abundancia”; en el otro rincón ubica a Paul Gilding (ex Geenrpeace) autor del libre “Escasez”

El primero nos recuerda los  avances de la humanidad de los últimos cien años (duplicación del promedio de vida; triplicación del poder adquisitivo, disminución a la décima parte de la desnutrición infantil, etc)

Gildingg por su parte advierte los desastres que la humanidad ha generado en las últimas décadas (la humanidad  consume más de lo que el planeta puede regenerar; creencia en el crecimiento económico ilimitado en un planeta finito; etc)

En la discusión dentro de esta “gran grieta” es central el rol de las tecnologías. Al respecto Bilinkis cita a Shane Legg (fundador de DeepMind) “en el largo plazo creo que la humanidad se va a extinguir y la tecnología va a jugar un rol en eso”

También se refiere a un comentario del gran cosmólogo Stephen Hawking: “el éxito en crear una IA (general) sería el mayor evento de la historia de la humanidad. Pero también podría ser el último…” (Nota: IA = inteligencia artificial)

La ciencia y la tecnología están jugando un doble rol contradictorio y paradógico: por un lado hace aumentar la esperanza de vida de las personas pero al mismo tiempo hace reducir la esperanza de vida de la civilización debido a los posibles escenarios catastróficos que ella misma genera (holocausto nuclear, calentamiento global, etc)

Nuevamente Nassim Taleb en su obra “¿Existe la suerte?” aporta un enfoque interesante:

La gente tiende a inferir que, puesto que algunos inventos han revolucionado nuestras vidas, es bueno defender los inventos y debemos favorecer lo nuevo sobre lo antiguo. Yo sostengo la opinión contraria. El coste de oportunidad de perderse una “nueva cosa nueva” es minúsculo comparado con la toxicidad de toda la basura que hay que aceptar para conseguir estas joyas (suponiendo que hayan aportado alguna mejora a nuestras vidas, lo que, con frecuencia, dudo)

Como se ve el futuro de la humanidad puede encontrarse con toda probabilidad en el pasado

Cambiemos futuro por pasado no es una propuesta vacía de contenido; mucho menos un furcio.

El gran desafío es pensar seriamente en lo siguiente:

¿en cuál de todos los pasados terminaremos?

 

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