Simuladores

Guillermo Baliña
  Si uno ha de gobernar, y ha de seguir gobernando siempre, es imprescindible que desquicie el sentido de la realidad
George Orwell (1903 – 1950) – 1984 (1949)

 

En este artículo no nos referiremos a la exitosa serie de TV sino a una obra escrita por José Ingenieros (1877-1925)  en el año 1900, que lleva por título:

La simulación en la lucha por la vida

Dicha obra fue elaborada por Ingenieros como trabajo de tesis doctoral.

“La lucha por la vida es un fenómeno general en todos los seres vivos” aclara el autor  desde las primeras páginas

Desde luego que la inteligencia hace del hombre un luchador muy especial en su lucha por la vida.

En la lucha entre hombre y hombre, entre sociedad y sociedad, ha perfeccionado casi ilimitadamente sus medios de lucha mediante la mentira y el fraude, la astucia y la simulación. (…) Se produce, en otras palabras,  una evolución que tiende a hacer primar las aptitudes mentales sobre las aptitudes físicas.

Dentro de la lucha por la vida Ingenieros indica la existencia de dos métodos primordiales para llevarla a cabo: la violencia y la mentira.

Dentro del fraude, que es un término genérico, podemos distinguir diversas formas fundamentales, diferenciadas, aunque vinculadas entre sí por formas intermedias. La simulación y la mentira son ramas nacidas del tronco  común del engaño, de la astucia, en abierta oposición con la violencia.

Lógicamente, la simulación no puede ser empleada en forma permanente. Tarde o temprano toda mentira queda expuesta y pese al dicho “la mentira tiene patas cortas” vemos que no siempre es así. Hay mentiras –muchas por desgracia- que tienen patas largas. Una es la que dice que si todos los actores de la actividad económica buscamos la maximización de beneficios entonces el resultado es una sociedad que progresa de la mano de una economía sana y en expansión. Esta mentira lleva más de doscientos años funcionando.

Podría enunciarse el siguiente principio: a cada perfeccionamiento en los medios de producción debería corresponder una atenuación de la lucha por la vida entre los hombres. Es precisamente esa verdad la que determina la inexactitud de la ley de Malthus, cuando se la aplica a nuestra especie. Todo, en cambio, induce a creer  que las sociedades humanas, en su desarrollo progresivo,  irán acrecentando la solidaridad entre sus componentes. (…) La utilidad colectiva, representada por la “lucha contra la naturaleza”, va elevando la capacidad productiva social, de manera que satisfaga las necesidades de un número cada vez mayor de individuos.

Parece estar ocurriendo un acrecentamiento de la solidaridad en nuestro convulsionado planeta en especial de la mano de los movimientos feministas y de los jóvenes y sus recientes movilizaciones en todo el mundo a favor de una mayor conciencia ecológica  (a pesar de que los grandes medios no se ocupan del tema). Por otra parte la lucha entre los hombres no parece menguar aun cuando la capacidad productiva a nivel global ha aumentado enormemente en las últimas décadas.

Coincidimos en lo siguiente:

Los métodos de lucha primitivos son, principalmente, violentos; se atenúan en los grupos sociales más organizados, en los que va  dominando progresivamente la lucha de tipo fraudulento

Siglos atrás el saqueo de los poderosos a los desposeídos operaba en forma de violencia directa. Hoy el ejemplo más claro de despojo no violento es el que ejercen los ricos sobre los pobres a través del sistema monetario mediante el artilugio del interés compuesto.

También coincidimos con Ingenieros en que la mentira (y sus múltiples facetas como la hipocresía y el engaño) son el resultado de la falta de compatibilización entre la búsqueda del bien individual y el bien común.

Ingenieros nos recuerda que no hay actividad humana que se salve de la acción simuladora remarcando que los “simuladores por excelencia son todos los políticos de profesión”. Por supuesto que las generalizaciones suelen ser injustas, no obstante en el siglo XXI esto parece ser una norma a nivel mundial.

Inmediatamente nos encontramos con otro gremio que ha llevado la simulación a niveles estratosféricos; dice Ingenieros “pocos individuos se ven tan obligados a simular como los periodistas de profesión”. El nivel de simulación que detentan los medios concentrados a lo largo y ancho del globo es formidable, seguramente Ingenieros jamás soñó con semejante descalabro.

Un mundo de farsantes y de hipócritas empuja al individuo a engañar a sus semejantes. Todo lo dice: ¡Miente y simula!; el simula y miente. La culpa es de una moral social que tiene sus bases en la mentira, la educación está envenenada por ella; la tolerancia general agrava en cada uno esta triste aptitud de engañar para vivir.

La astucia es el medio del que se valen los simuladores para atrapar a sus víctimas al tenderles sus trampas. Las potenciales víctimas tenemos a mano una contra-astucia:

Solo puede concebirse una astucia honesta: la usada para defenderse de las simulaciones ajenas o para impedir que los astutos deshonestos realicen actos perjudiciales a los demás.

Cómo no recordar la labor en plena “Década Infame” de Scalabrini Ortiz y su casi solitaria lucha contra el Imperio de la astucia.

Cómo no recordar la labor periodística de Robert Cox al frente del periódico Buenos Aires Herald durante la última dictadura cívico-militar y su incansable lucha contra el Imperio de la Violencia de Videla y compañía. (recordemos que Cox debió exiliarse junto a su familia en el año 1979 debido a las amenazas de muerte recibidas)

Hoy el engaño y el fraude se han disparado exponencialmente, nos enfrentamos a lo que parece ser un “Siglo Infame”.

A continuación un párrafo  central en relación al futuro inmediato a nivel global:

La lucha, atenuada gradualmente,  ha persistido, se encuentra subordinada a la insuficiente capacidad productiva del hombre, que no permite la satisfacción ilimitada de las necesidades individuales.

Cada vez más gente –afortunadamente- comienza a comprender que no es posible satisfacer ilimitadamente (pseudo)necesidades en un entorno finito como es el de nuestro planeta.

Hacia el final de la obra encontramos un principio general que fue desmentido por los hechos en las décadas siguientes a la aparición de la obra de Ingenieros

Podemos formular un principio general. En relación  a la lucha por la vida, los medios violentos tienden a disminuir, y los medios fraudulentos tienden a aumentar. Hay sustitución de  la violencia por el fraude, o bien transformación de aquélla en éste.

En la primera mitad del siglo XX lo que encontramos es un incremento simultáneo de los medios fraudulentos y violentos; nada menos que dos guerras mundiales, Hiroshima, Nagasaki y el ascenso al poder de fascistas a diestra y siniestra de la mano de sus extraordinarios aparatos de propaganda (Hitler, Mussolini, Stalin, etc)

En formas venideras de organización social, y dada la creciente tendencia de los hombres asociarse contra la naturaleza, la simulación parece destinada a disminuir en la medida en que se atenúe la lucha por la vida

Entre 1950 y la actualidad la tesis de ingenieros parece cierta: disminuye la violencia y aumenta –exponencialmente- el fraude.

La humanidad en los próximos años presenciará el desmoronamiento del fraude  y esto traerá consecuencias a partir de la actitud que tomarán quienes hasta ahora se han beneficiado del mismo.

El fraude del crecimiento económico que sólo beneficia a los ricos

El fraude de la mano invisible del mercado a la que –visiblemente- se le va la mano.

El fraude de la maximización de beneficios que minimiza toda posibilidad de una vida digna para gran parte de la sociedad global.

Como puede apreciarse la simulación ha llegado también al lenguaje.

Resulta que ahora tenemos en América Latina los “golpes blandos” de la mano de políticos y periodistas simuladores.

Ya todos conocemos la historia de los lobos disfrazados de ovejas.

En este Infame Siglo XXI son los fascistas disfrazados de demócratas.

Las máscaras van cayendo a velocidad creciente.

¿Qué harán al respecto los simuladores?

Quienes detentan el poder a escala global no luchan por su vida sino por sus privilegios.

 

Acaso sea lo mismo

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