El Peronismo frente al desafío ambiental

Repensar el ecodesarrollo, incluir la perspectiva ambiental, transitar hacia la sostenibilidad bien entendida incluye considerar aspectos decrecentistas. Ineludibles opciones para cumplir la promesa de equidad, justicia social, bienestar y futuro previsible

Pablo Sessano

Cuando la crisis ambiental comenzaba a manifestarse, en el inicio del debate político ambiental mundial, en los años 70, surgió una fuerte polémica Norte-Sur respecto de cómo entender esta problemática. Los países del Sur, insistieron que la protección del ambiente y la consecución del pleno desarrollo para el mundo subdesarrollado o tercer mundo eran dos aspectos indisolubles al momento de abordar el tema de la crisis ambiental. En este sentido, un primer concepto que unió esta dos ideas de ambiente y desarrollo fue el de ecodesarrollo, profundizado y teorizado por Ignacy Sachs, pero inmediatamente recogido y socializado por los intelectuales e instituciones de América Latina que participaban del debate. En este sentido, el ecodesarrollo fue precursor del posterior y tan difundido concepto de desarrollo sustentable elaborado en 1987 por la Comisión Brundtland, y que unió definitivamente las ideas de ambiente y desarrollo, propiciando sin embargo el abandono de reivindicaciones regionales soberanas y admitiendo la posibilidad de convivencia entre crecimiento económico y sostenibilidad.

Banalizado al extremo y resemantizado desde el pensamiento hegemónico y un reformismo incapaz de ver la liminaridad de la crisis ecológica, el concepto se ha vaciado de sentido y por ello mismo está siendo abandonado.

Perón supo ver el problema e imaginar tal vez, dentro de su tercera posición, un esbozo de algo parecido a lo que años después Max Neff llamará: desarrollo a escala humana. Perón murió y nadie tomó la posta. Quizás haya que decir: desde el peronismo nadie tuvo la clarividencia para hacerlo.

mensaje peronEn el marco del debate mencionado, lo que Perón supo comprender cabalmente fue el trágico horizonte que se abriría a la humanidad de no mediar transformaciones paradigmáticas en la formas de hacer sociedad y lo enunció en su célebre Mensaje a los Pueblos y Gobiernos del Mundo.

Perón no era proclive a los eufemismos, consecuentemente enunció lo que preveía (en coincidencia con los científicos y ecologistas que supieron adelantar los escenarios que hoy vivimos) de manera clara y contundente.

…un peligro mayor afecta a toda la humanidad y pone en peligro su misma supervivencia [y] nos obliga a plantear la cuestión en nuevos términos, que van más allá de lo estrictamente político, que superan las divisiones partidarias o ideológicas, y entran en la esfera de las relaciones de la humanidad con la naturaleza…El ser humano ya es una poderosa fuerza biológica, y si continúa destruyendo los recursos vitales que brinda la tierra, solo puede esperar verdaderas catástrofes sociales para las próximas décadas, …el hombre no ha llegado a comprender […] que los recursos vitales para él y su descendencia derivan de la naturaleza y no de su poder mental.

…el ser humano segado por el espejismo de la tecnología ha olvidado las verdades que están en las bases de su existencia[i].

En su célebre Mensaje, Perón enumera uno por uno los principales problemas que negamos sistemáticamente desde entonces y actualmente constituyen la liminaridad del proceso civilizatorio. Despilfarro masivo/sociedad de consumo, contaminación de la tierra y del mar, un punto especial para el agua potable, crisis alimentaria, armamentismo y crisis demográfica y hasta crisis climática.

Todo este vaticinio se cumple fatídicamente y en forma mucho más extensa, intensa y veloz de lo que era imaginable.

Hoy el llamado desarrollo sustentable poco se distingue del proyecto neoliberal, por ello recuperar el concepto de ecodesarrollo podría ser una forma situada de retomar el germen de una línea de la propia historia doctrinaria del peronismo que fue relegada y que hoy deberíamos traducir y concebir como una ecotransición hacia escenarios de desarrollo desvinculados del crecimiento económico es decir de la dependencia exclusiva de la reproducción del capital. Concebirlo y nombrarlo así, también es una opción a la necesidad de dejar de hablar con las palabras de los poderes que nos oprimen; cambiar las palabras y los conceptos para seducir y ayudar a comprender, porque en realidad hablamos de otra cosa, y para asumir compromisos fuertes, pues no queda alternativa en ese sentido.

En esta misma línea de pensamiento, la Encíclica Laudato si´, es sin duda un documento en el cual apoyar una propuesta conducente, sobre bases realistas y reconocimientos ineludibles. Y no casualmente mucho menos citada de lo que su relevancia daría a suponer.

El peronismo ha ido adquiriendo las características de un movimiento de borrosos principios y fronteras ideológicas y tal parece que se admite incluso entre quienes estudian el tema que el peronismo, en tanto es un movimiento, puede cobijar muchas posiciones frente al fenómeno social. Falso!  o al menos confuso. Y es un error convalidar tal caracterización que además sirve a los detractores para argumentar que en el peronismo cabe cualquier cosa. Obviamente hay trayectorias incompatibles con los principios históricos del peronismo, por eso hay que cuidarse mucho de llamar peronistas a quienes en realidad nunca lo fueron. Y claro, también entre los que nunca claudicaron los principios pero cometieron actos contrarios a su ética, hay mucho por revisar. Pero en ese mismo acto de contrición el peronismo (autentico) debe tomar posición explícita, accionar y liderar las transformaciones que el momento vital demanda o será su última oportunidad.

La crisis ambiental representa actualmente una aporía ética para la humanidad. Salvamos el planeta o desaparecemos. El neoliberalismo, capitalismo, industrialismo apuesta por un progreso indefinido con bases expoliativas y depredadoras que solo conduce a la sobrevivencia de unos pocos con base tecnológica, una apuesta de muerte para las mayorías. Desde el campo popular solo cabe apostar por todo lo contrario, por la vida y la vida es vida digna para el peronismo histórico, con todo lo que la dignidad implica.

En este sentido …el llamado progreso debe tener un límite…y habrá que renunciar a algunas de las comodidades que nos ha brindado la civilización… Restaurar la naturaleza, mejorar la distribución de alimentos, reemplazar el papel de los bienes y servicios superfluos por educación, salud. Recordando siempre eso que nos quieren hacer olvidar, que …el derecho a la subsistencia individual impone el deber hacia la supervivencia colectiva… tal como la enunciara Perón en 1972.

Y concluía …todos estos problemas están ligados de manera indisoluble con la justicia social, la soberanía política y la independencia económica…Este [la crisis ambiental] en su conjunto, no es un problema más de la humanidad; es el problema.

Entendiendo como una coincidencia básica que, derechos humanos, justicia social y justicia ambiental conforman una tríada basamental para una renovada acción gubernamental en el campo del ambiente.

Estamos frente a una nueva oportunidad de decidir qué y cómo hacer para conducir nuestra comunidad hacia la ruta de una sostenibilidad bien entendida, pero ya no tenemos tiempo para dilaciones de ningún tipo. Cualquier indecisión o decisión en sentido inverso solo contribuirá a fortalecer la dependencia y clausurar las posibilidades de encaminarnos, porque solo se trata de eso todavía, hacia una sociedad en la cual rijan los auténticos principios del peronismo.

Un importante y creciente número de jóvenes de los que creen y los que no creen en la política están muy atentos a las decisiones que en ese campo se tomen, pues su futuro depende de ello y lo saben muy bien.

El trabajo y el tiempo libre, el techo, la salud y la educación han sido valores sostenidos y fundacionales del peronismo, hoy su cumplimiento requiere necesariamente tierra comunitaria, cuidado ambiental y protección de la vida (paz y salud).

La consecución modesta de estos objetivos para todos, es el único camino hacia la calidad de vida y la justicia social y una nueva forma de relación de la humanidad con la naturaleza.

No se trata de otra cosa que de disponer todo lo necesario para garantizar primero la reproducción ampliada de la vida y en segundo término del capital puesto al servicio del primera. Eso es justicia social, no otra cosa. Es fácil decirlo, cierto, pero no hay caminos alternos y la experiencia dice que los más audaces siempre tienen mayores posibilidades de conseguir sus objetivos, sobre todo si efectivamente su acción se traduce en más bienestar para muchos y su mensaje es satisfactoriamente comunicado, pedagógicamente divulgado y logra ser acompañado y sostenido por mayorías.

Como apunta Marcellesi, se trata de cambiar el imaginario colectivo, o el sentido común mayoritario, hoy dominado por el fetichismo del crecimiento económico medido en PBI. La idea tendría que ser tan básica como afirmar que haya crecimiento o no del PIB es totalmente secundario: lo prioritario es cubrir las necesidades reales de la población respetando los límites biofísicos del planeta [ii].

Bajo este criterio las siguientes ideas pueden ser portadoras de transformaciones estratégicamente conducentes.

Redefinir los valores que rigen el modo en que hacemos aprovechamiento de los bienes naturales disponibles. Medios y fines. Amoldar los medios de producción y las relaciones sociales a esa nueva escala de valores. Desbalancear claramente las prioridades de apoyo del Estado a favor de los sectores populares, generando acción pública estatal territorial, económica y social diferenciada y específica basada en una clara tendencia para redistribuir, relocalizar y reducir. Difundir modalidades desconcentradas, descentralizadas y autónomas de satisfacer las necesidades vitales al menos en lo básico: salud, educación, trabajo, energía, ocio y ambiente sano, favoreciendo economías alternativas, populares y de mediana escala, localizadas regionalmente para garantizar primero la autosuficiencia y luego la comercialización de excedentes en cualquier rubro. Monedas sociales, garantía de trabajo, valorización del trabajo doméstico son entre muchas otras, opciones legitimas a la mano de un gobierno que revaloriza y re-empodera al Estado social. Desjerarquizar la idea de crecimiento económico asociado a la dependencia global y jerarquizar la de un desarrollo desvinculado de aquel, produciendo cadenas de valor e intercambios locales y con bienes esenciales para satisfacer la vida digna. Primero a producir lo indispensable para la sociedad nacional recuperando el anclaje territorial y garantizando altos niveles de cuidado del ambiente, la salud y el trabajo. La producción en manos de los trabajadores es mucho más proclive a cuidar las fuentes de los recursos. La plusvalía puesta al servicio de la reproducción cooperativa abre posibilidades de expansión del beneficio social.

Reducir la escala de todo proceso que sea posible concretar en forma más local y participada dentro del territorio nacional. Empezando por la generación de energía doméstica, la producción agroalimentaria, la provisión de agua, la generación de fuentes de trabajo modestos y dignos y la consiguiente reducción del transporte.

Reconceptualizar la riqueza en relación a la pobreza y la escasez sobre la abundancia es esencial; estos conceptos falsean la realidad humana en el mundo.

Poner la educación principalmente al servicio de estos valores y estos lineamientos es clave, pues mientras la educación promueva lo contrario, es decir la adaptación a una sociedad regida central y únicamente por lo mercantil y lo tecnológico y la búsqueda de soluciones siempre en fuga hacia adelante, aun cuando pueda ser inclusiva, lo será limitadamente y solo al servicio de un modelo excluyente, en el cual alcanzar la inclusión está asociado al éxito escolar, a la meritocracia, a la competencia, el esfuerzo individual y el asfixiamiento de la naturaleza; en lugar de basarse en la construcción de lazos comunitarios y afanes colectivos modestos. No es austeridad, es reivindicación de la sobriedad que permite hacer extensivos a todos, los beneficios de una buena vida, librada del improcesable peso de la elección ilimitada. Porque: no es la necesidad, sino su contario…la opulencia la que enfrenta a la materia viviente y a la humanidad con sus problema fundamentales… [iii]

Las razones son simples. Sin trabajo, sin cuidado ambiental, sin salud, sin atender al cambio climático y sin poner la educación al servicio del cambio de valores, no se podrán abrir los caminos hacia la sostenibilidad y la justicia social. Cada uno de estos temas es la puerta que abre o clausura el futuro y el tratamiento de otros temas asociados o derivados. La vinculación explícita entre justicia social y justicia ambiental es, en mi opinión, la expresión más peronista a la que se puede acudir para insertar discursivamente la perspectiva ambiental urgente en la lógica doctrinaria de una nueva edición peronista hacia el futuro y traducirlo en acción de gobierno. Porque no habrá justicia social sin justicia ambiental.

La concientización debe originarse en los hombres de ciencia, pero solo puede transformarse en la acción a través de los dirigentes políticos, decía Perón. Podríamos ahora discutir estos roles y sumar varios e importantes sujetos sociales al proceso de concientización, pero no cabe duda que los dirigentes políticos cargan una especial responsabilidad y todavía no saben cómo acomodar la mochila.

Ojalá desde el peronismo que se viene emerja la inteligencia de abordar integralmente la que -sin duda- es la peor de las crisis de sobrevivencia de toda la historia y de paso aggiornar el proyecto peronista recuperando y haciendo honor a la visión y audacia política de quien supo anticiparse a la realidad y fue ignorado.

 

[i] Perón. Mensaje a los Pueblo y Gobiernos del Mundo (1972).

[ii] Marcellesi (2015) El sentido común del decrecimiento: un valor de futuro. En Decrecimiento. Pag 341-343. Icaria, Barcelona.

[iii] Bataille en Giacomo, Kallis, Demaria.(2015) Epilogo: de la austeridad a la Dépense. Decrecimiento. Pag. 321-328. Icaria, Barcelona.

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