La política ambiental ha muerto, VIVA LA POLÍTICA AMBIENTAL

Carlos MERENSON

Si algo ha caracterizado y caracteriza a las políticas ambientales es la incapacidad para alcanzar sus objetivos.

Esta crónica ineficacia de las políticas ambientales se hace claramente visible a nivel internacional, donde el sistema de Naciones Unidas en materia ambiental y de desarrollo sostenible, luego de mas de 47 años de negociaciones, no puede mostrar avances significativos en sus intentos por alcanzar los objetivos de los principales acuerdos ambientales. Sirvan de ejemplo de tal ineficacia: el inicio del sexto episodio de extinción en masa o los niveles récords alcanzados en las concentraciones atmosféricas de los gases de efecto invernadero.

Los reiterados fracasos e incumplimientos sobre los acuerdos ambientales internacionales emergen de la falta de voluntad política para avanzar decididamente en las soluciones de fondo, pero esa falta de voluntad política, lejos de ser coyuntural, responde a la hegemónica racionalidad productivista que considera a las políticas ambientales como amenazas a la reproducción y acumulación del capital, razón por la cual el sistema –directa o indirectamente- tiende a tornarlas ineficaces, confiriéndole entonces a esta ineficacia un carácter sistémico, generador de una situación paradojal: por un lado el sistema tiene a la ineficacia de las políticas ambientales, pero por otro lado, tal ineficacia conduce al colapso del propio sistema, como muy bien lo ha desarrollado James O’Connor[1] al abordar la insalvable contradicción existente entre acumulación de riqueza y degradación ambiental.

A manera de ejemplos de la ineficacia sistémica de las políticas ambientales se agregan en el Anexo 1 el caso de la Identidad Kaya y las políticas públicas en materia de diversidad biológica.

CAPITALISMO6Si la hegemónica racionalidad productivista es responsable de la ineficacia de las políticas ambientales; la apropiación de la causa ambiental por parte del establishment es la que asegura la pervivencia de esa ineficacia.

Este proceso de apropiación de la causa ambiental fue enunciado por André Gorz[2] quien sostenía que la ecología era cómo el sufragio universal y el descanso dominical frente a los cuales, aquellos que detentaban el poder económico y político reaccionaron diciendo que con tales reivindicaciones querían su ruina, el triunfo de la anarquía y el oscurantismo; pero después, cuando las circunstancias y la presión popular se hicieron irresistibles, concedieron lo que ayer negaban y, fundamentalmente, no cambió nada.

En su escrito Gorz señalaba que la lucha ecológica puede crear dificultades al sistema y hasta obligarlo a realizar cambios; pero advertía que, cuando después de haber resistido durante mucho tiempo, por las buenas y por las malas, finalmente ceda, porque el impasse ecológico se haya convertido en ineluctable, integrará este inconveniente como ha integrado todos los demás.

Lo cierto es que la apropiación de la causa ambiental por parte del establishment  se consumó en la década del año 1990 y cuyo punto de inflexión lo encontramos en la Cumbre de la Tierra[3] donde los grandes decisores políticos y económicos comenzaron a levantar banderas ambientales, algo preocupados por la supervivencia humana, pero mucho más preocupados por asegurarse que el negocio como de costumbre pudiera continuar sin sobresaltos.

Políticas ambientales superficiales

colby grafLa convivencia entre la economía de fronteras y los paradigmas ambientalistas de la protección ambiental y el manejo de recursos[4] (ver Anexo 2) condujo a una síntesis entre sus imperativos dominantes; relaciones jerárquicas entre humanidad y naturaleza; prioridades en cuanto a las amenazas ambientales dominantes; conceptos sobre responsabilidades por el desarrollo de la administración ambiental; tecnologías y estrategias; metodologías analíticas; verdades axiomáticas y –particularmente- sus fallas fundamentales. Esta síntesis dio origen a políticas ambientales basadas en un conservacionismo decimonónico, un enfoque tecnocrático-productivista y una aproximación solo administrativista a la cuestión ambiental; políticas ambientales que terminaron en los márgenes del sistema político, subsumidas en la economía, en un círculo vicioso entre no hacer y mal hacer y -por lo tanto- condenadas a la ineficacia.

Con un origen común, las políticas ambientales en diferentes países y de diferentes gobiernos comenzaron también a mostrar rasgos comunes tales como: la adopción de unas agendas ambientales internacionales, mayoritariamente hegemonizadas por incumplidores seriales; la adopción de estrategias de conservación de la biodiversidad centradas en la tarea de levantar altares naturales rodeados de devastación o centradas en salvar a las especies que se aproximan a su extinción -en una suerte de triage ambiental- en lugar de enfrentar las causas reales que las pusieron en tal situación; la protección del ambiente hegemonizada por la idea del negocio como de costumbre, más una planta de tratamiento; la adopción de una agenda defensiva centrada en el control de los daños mediante reparación y limitación de la actividad dañina; el establecimiento de niveles óptimos de contaminación basados fundamentalmente en su aceptabilidad económica de corto plazo y en consideraciones políticas antes que ambientales; la adopción de enfoques reguladores de comando y control que intentan alcanzar tales niveles óptimos de contaminación; el vano intento por economizar la ecología considerando al ambiente como un subsistema del sistema económico y consecuentemente su visión del mismo como externalidad económica y el consiguiente desarrollo de sistemas de internalización, la mayor parte de las veces condenados al fracaso; la creencia en la necesidad de privatización de la propiedad como una de las soluciones principales para el abuso de los recursos naturales (Garrett Hardin – 1968) y la adopción, solo en el campo teórico y declamatorio, de la propuesta de un desarrollo sostenible.

Más allá de discursos, declaraciones y relatos -en la práctica- la mayor parte de los países aún sostienen verdades axiomáticas propias del paradigma de la economía de fronteras, algunos lograron internarse en la protección ambiental y en muy pocos casos, se asoman –tibiamente- al camino de la sostenibilidad del proceso de desarrollo.

Como ya fuera mencionado, el sistema-mundo productivista, que resulta intrínsecamente expansivo, ha quedado encerrado en su dilema: si las políticas ambientales son eficientes el sistema colapsa y si son ineficientes, se acelera la destrucción de las bases biofísicas que hacen posible el crecimiento y la vida misma.

En un mundo donde abundan los políticos pero escasean -como pocas veces en la historia- los estadistas, no resulta extraño que no se advierta que la única política con el potencial para salir del dilema de crecer o no crecer es la política ambiental. No las superficiales e ineficientes políticas ambientales desplegadas desde la década del año 1970 hasta nuestros días, sino aquellas que -tal como se expresa en las conclusiones del Informe Meadows[5]– deben emerger de la indispensable toma de consciencia sobre…las restricciones cuantitativas del ambiente mundial y… las consecuencias trágicas de nuestros excesos. Toma de consciencia que resulta esencial…para el inicio de nuevas formas de pensamiento que conduzcan a una revisión fundamental de la conducta humana y, en consecuencia, de la estructura entera de la sociedad actual.

La gravedad de las entrelazadas crisis ecológicas y sociales exige hacer a un lado la visión reduccionista de la cuestión ambiental para desarrollar una POLÍTICA AMBIENTAL con mayúsculas; capaz de motorizar una transformación profunda de la vida material, de la manera misma de producir, consumir, de compartir la vida en la comunidad; capaz de aportar a la lucha contra la pobreza, la indigencia y el hambre mientras se protege al ambiente; capaz de ayudar a nuestra sociedad a desarrollar resiliencia para enfrentar las muy graves consecuencias de la crisis ecosocial, reconstruyendo sus vínculos internos mediante la adaptación, la autoorganización, la autocontención y la autosuficiencia. Tal política ambiental requiere –necesariamente- inspirarse en un sistema de pensamiento político, global y autónomo, una ideología única y diferente, y esa ideología no es otra que la ecología política cuyo núcleo ideológico duro es el que encierra el potencial necesario para producir un cambio copernicano, una salida del actual sistema-mundo productivista hacia una sociedad convivencial y realmente sostenible.

La Política Ambiental en Argentina

En el desarrollo de la política ambiental Argentina se pueden diferenciar tres etapas. La primera se remonta a la década del año 1940 en la que el énfasis se puso en legislar sobre la defensa de los recursos naturales; la segunda etapa comienza en la década del año 1970 con la creación de la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente Humano y la tercera etapa arranca en noviembre de 1991 cuando se recrea la mencionada Secretaría.

Si bien la segunda etapa estuvo motorizada por una visión de avanzada que quedó plasmada en el Mensaje a los Pueblos y Gobiernos del Mundo, no pudo consolidarse ante la desaparición física de Perón y la posterior Dictadura Cívico-Militar que desguazó al organismo ambiental nacional. Recién en la década del año 1990 se intentó retomar la iniciativa en materia de política ambiental, pero la visión fue muy diferente a la que se tenía en los años 70.

Relativizando la existencia de límites biofísicos para el crecimiento, sin pretender desmantelar la superideología productivista, sin reconocer el valor intrínseco de la naturaleza y creyendo firmemente que la tecnología puede resolver los problemas que genera, a partir de la década del año 1990 se desplegaron políticas pretendidamente ambientales que solo lograron acumular resultados poco significativos, siendo marcadamente ineficaces para enfrentar las crisis ecosociales de nuestro país, pero terriblemente eficaces a la hora de validar nuestra prolongada marcha a contramano del desarrollo sostenible.

o-EL-ROTO-570Una marcha en la que unos y otros, por encima de sus diferencias, han coincidido en su fervor fosilista apostando a convertirnos –fracking mediante– en la potencia petrolera de latinoamérica y como si esto no fuera suficiente –irresponsablemente- todos han pretendido ampliar la generación eléctrica en base a anacrónicas infraestructuras de generación, como las mega-represas y las centrales nucleares. Mientras la seguridad alimentaria, en el cenit petrolero, exige el desarrollo de la agroecología, aquí se ha promovido un modelo de insostenibles monoculturas agroindustriales. Mientras la megaminería –resabio y expresión del feroz extractivismo colonial– solo ha dejado sus irreversibles impactos ecosociales a los países periféricos que la han albergado, aquí se la ha promovido en todas las formas posibles. Mientras cada día se hace más urgente asegurar el suministro de agua, aquí se han privilegiado intereses inmobiliarios que atentan contra la existencia de los humedales o intereses mineros que atentan contra la existencia de los glaciares. Mientras resulta fundamental la protección de los bosques nativos, aquí –en aras de un idílico desarrollo– se los ha destruido sin miramiento alguno.

La gran mayoría de la dirigencia política tradicional en Argentina considera el ambiente como a un factor secundario de la producción sin advertir que el ambiente es el recipiente que contiene, provee y sostiene toda la economía. Esta dirigencia ha optado por ignorar absolutamente el tema o abordarlo en forma confusa  y sesgada hacia temas inconexos de la agenda ambiental, sin una visión realmente integradora, con un acercamiento meramente administrativo e invariablemente basado en respuestas tecnocráticas. Pese a sus diferencias, coinciden en suponer que todos y cada uno de los problemas ambientales pueden ser resueltos por la ciencia, el mercado o por ambos; sin advertir que los problemas ambientales son en realidad ecosociales, problemas que solo pueden ser superados mediante cambios radicales en nuestra relación con el mundo natural no humano y en nuestra forma de vida social y política.

Las llamadas políticas ambientales en Argentina solo han sido un conjunto de acciones reactivas por parte del Estado frente a la aparición de demandas ambientales, particularmente aquellas con gran impacto mediático. Así las cosas, más que políticas ambientales, asistimos a la puesta en práctica de verdaderos parches, medidas absolutamente descoordinadas, fruto del accionar de gobiernos que, en el mejor de los casos, actuaron reactivamente y que muchas veces solo optaron por ausentarse del escenario.

Impulsada por el inmediatismo político que conduce a los gobiernos a no adoptar políticas ambientales que puedan afectar el nivel de consumo o poner en riesgo inversiones extranjeras, en Argentina se ha establecido una verdadera condicionante de insostenibilidad destinada a asegurar que el accionar ambiental gubernamental nunca pueda ser un escoyo para las estrategias productivas de los gobiernos de turno, por más insostenibles que estas puedan ser.

Esta condicionante se traduce, por ejemplo, en las magras asignaciones presupuestarias para el sector ambiental, tal como lo ilustran los datos aportados en un reciente documento de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN)[6] donde se afirma que:

El Presupuesto Nacional muestra cuáles son las prioridades en las políticas públicas. El cuidado del ambiente y los recursos naturales nunca han sido una de ellas. Entre 2013 y 2019, solo entre 1 y 2% de los fondos del Presupuesto Nacional se destinaron a la protección ambiental, con medidas cortoplacistas, pobres en instrumentación y bajas en presupuesto. Así, durante ese período, por cada USD 1 a favor del ambiente, se invirtieron USD 24 en actividades que lo degradan.

Se traduce también en un organismo ambiental nacional que ha navegado en el gabinete como un barco sin timón, con frecuentes cambios en su jerarquía institucional y dependencia; y con una agenda absolutamente subordinada a las hegemónicas agendas industrial, energética, minera y agroindustrial.

Es también la condicionante de insostenibilidad la que impulsa a la dirigencia política tradicional a recalcar, una y otra vez que las políticas ambientales tendrán como centro a los seres humanos. Aclaración por demás innecesaria si no fuera para confesar que, a la hora de promover el negocio como de costumbre, no será tenida en cuenta la indisoluble interdependencia existente entre los seres humanos y el resto de la naturaleza, que tan bien ha descripto Edgard Morin[7] al afirmar que: …hoy sabemos que sólo podemos valorar verdaderamente al hombre si valoramos también la vida, y que el respeto profundo hacia el hombre pasa por el respeto profundo hacia la vida.

Modelo ecosocial para el proyecto nacional

Desde la restauración de la democracia no ha habido proyecto político que no haya manifestado su intención de unir al pueblo argentino y –paradójicamente- lo han tratado de concretar insistiendo con las recetas y proyectos que generaron y ahondaron las divisiones. Ninguno logró advertir que la crisis ecosocial exige respuestas que van más allá del desacuerdo político para convertirse en causa común, en el empeño primordial que posibilite unir a la sociedad argentina detrás de un verdadero proyecto de nación y que la llave para producir el urgente e indispensable cambio de rumbo se encuentra en las verdaderas políticas ambientales.

Si las políticas ambientales no se enfrentan a los mitos de la modernidad, como el individualismo, el infantil utopismo del infinito crecimiento, el consumismo desenfrenado, la mercadolatría y la tecnolatría, difícilmente podrán dar respuestas a los graves desafíos ecosociales que nos toca enfrentar.

Para lograr marcos estratégicos deberíamos estar hablando, dentro de la agenda ambiental, sobre temas tales como: limites biofísicos, la redefinición de la noción de progreso y sostenibilidad. Tendríamos que hablar sobre la inseparable dupla productivismo/consumismo que todo lo impregna; sobre la trampa del extractivismo. Tendríamos que hablar mucho menos del engañoso PBI y mucho más del ignorado superávit ecológico.

En Laudato´si el Papa Francisco afirma que: …la miopía de la construcción de poder detiene la integración de la agenda ambiental con mirada amplia en la agenda pública de los gobiernos. Argentina no ha sido la excepción y la política ambiental con mayúsculas sigue siendo una gran deuda de nuestro sistema político que no ha advertido que la ecología hace tiempo que ha dejado su nicho científico en el campo de las ciencias naturales, para instalarse en el campo de las ciencias políticas y sociales, disputando el sitial hegemónico a la economía como ciencia de crisis, de allí que resulte un verdadero anacronismo su insistencia con las recetas de la economía de la corriente principal en lugar de apoyarse en las propuestas económicas que, abrevando en la ecología, plantean crear las condiciones para un nuevo tipo de macroeconomía que incorpore las realidades socio-ecológicas conduciendo al consumo, inversión y gastos gubernamentales a concentrarse en aquellas actividades capaces de crecer sin aumento en los flujos de recursos y energía, mientras se desalientan las actividades con impactos o consecuencias ambientales negativas. Una propuesta económica que promueva la búsqueda de un sustancial aumento en la productividad natural de los recursos, la eliminación del concepto de deshecho y la inversión en el olvidado capital natural. Una propuesta económica orientada hacia un desarrollo que no imite los insostenibles modelos del mundo desarrollado y que además permita salir de la trampa del extractivismo.

POSIBLEFrente a los grandes desafíos que nos toca enfrentar tenemos la oportunidad -única e inaplazable- para iniciar una transición hacia otras formas de vivir, producir, trabajar, consumir, alimentarnos y desplazarnos. Existen condiciones objetivas para un cambio y en la sociedad crece el nivel de consciencia sobre la crisis ecosocial. La preservación de la vida, la actividad económica, el empleo, la solidaridad, la democracia y el bienestar de tod@s hoy requiere fusionar los conceptos de justicia social y justicia ambiental en una justicia ecosocial. Un nuevo tipo de justicia que, parafraseando a Florent Marcellesi, sea capaz de reconciliar las luchas por llegar a fin de mes con las luchas por alcanzar una sociedad convivencial y auténticamente sostenible.

Es en este contexto que el ecologismo emerge como una reacción contra un insostenible modelo productivista cuya defensa es tercamente ejercida por el sistema político tradicional y se constituye en alternativa al sistema. Un ecologismo que pone el contenido en el centro de la política, confiando en el poder transformador de las ideas, dando prioridad a los ideales políticos y la realización de los mismos, por encima de personalismos y mezquindades.

Una nueva y diferente política ambiental se está abriendo paso. Instalar a la ecología política como un espacio autónomo en el paisaje político argentino facilitará su llegada. La política ambiental ha muerto, VIVA LA POLÍTICA AMBIENTAL.

________________________________________________

ANEXO 1

Ejemplos de ineficacia sistémica de las políticas ambientales

Identidad Kaya

En 1989 el economista japonés Yoichi Kaya[4] presentó una forma pragmática de visualizar el proceso y las causas que definen el aumento de las emisiones antropogénicas de gases efecto invernáculo mediante una simple identidad matemática que relaciona los factores que determinan el nivel de impacto humano sobre el clima en la forma de emisiones de dióxido de carbono.

Kaya postula que son cuatro los factores que definen la cuantía de tales emisiones:

  1. Intensidad de carbono de la energíaICE

ICE surge del cociente entre las emisiones totales de carbono y las toneladas de equivalente petróleo (TEP) consumidas por el mix energético. Expresa cuanto CO2 se emite por unidad de energía consumida.

  1. Intensidad energética de la economía – IEE

IEE surge como el cociente entre las toneladas de equivalente petróleo consumidas por el mix energético y el PIB total. Expresa cuanta energía se consume por cada dólar de PBI que se genera.

  1. Renta económicaRE (PIB per cápita)
  2. PoblaciónP

En base a lo anterior las emisiones de CO2 quedan definidas en la siguiente identidad matemática:

Tn CO2 = ICE * IEE * RE * P = CO2/TEP * TEP/PBI * PBI/P * P

Los dos primeros términos de la identidad (ICE e IEE) son de naturaleza técnica y los dos últimos términos (PBI/P y P) son de naturaleza social.

Mientras las negociaciones que se desarrollan dentro de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático giran sobre la reducción de los dos primeros términos de naturaleza técnica (para disminuir la intensidad de carbono de la energía se deben modificar las fuentes energéticas y para disminuir la intensidad energética de la economía se debe aumentar la eficiencia en su uso), poco es lo que se dice y nada lo que se negocia sobre el siempre creciente PIB/cápita, como expresión de un modelo económico productivista-consumista y el crecimiento exponencial de la población, pese a que ambos factores resultan preponderantes y definitorios de la cuantía de las emisiones de CO2.

Mariano Marzo en su artículo Cambio climático y crecimiento publicado por El País en febrero de 2011 ejemplifica muy bien lo antes señalado cuando advierte que:

…las proyecciones en el horizonte de 2035 contenidas en un reciente informe del Gobierno de Estados Unidos (International Energy Outlook 2010) señalan que en los próximos 25 años, el mundo podría reducir su intensidad energética a algo menos de la mitad y disminuir ligeramente la intensidad de carbono respecto a los valores de 2007. Sin embargo, estas mejoras se verían ampliamente contrarrestadas por el crecimiento del PIB per cápita (cercano al 100%) y por el aumento de la demografía (próximo al 30%), de forma que, en conjunto, la multiplicación de los cuatro factores de Kaya arroja el resultado de que en 2035 las emisiones globales de CO2 se habrán incrementado en algo más del 40% respecto a las de 2007.

No debe extrañarnos entonces que en el mundo real – fuera de las salas de negociación de las conferencias de las partes – las emisiones de CO2 hayan seguido creciendo hasta alcanzar en septiembre 2019 una concentración atmosférica de 408,55 ppm – muy lejos del límite de seguridad establecido en 350 ppm; muy lejos también de las reducciones que fueran establecidas por el Protocolo de Kyoto equivalentes a un 5,2% de reducción respecto de las emisiones del año base (1990) o de las que emergen de los Acuerdos de París.

De esta manera vemos como el sistema-mundo productivista distrae la atención sobre el foco principal del problema (el modelo económico) y además incumple las metas autoimpuestas sobre cuestiones accesorias a la cuestión central, como lo son los cambios de fuentes y la eficiencia, sin dejar de mencionar aquí que en cuanto a mejorar la eficiencia se refiere siempre se debe tener en cuenta la Paradoja de Jevons.

Políticas públicas sobre diversidad biológica

En el Informe Planeta Vivo 2018 se hace mención a un artículo publicado en la revista Nature[8], en el que varios investigadores analizan las principales amenazas que sufren más de 8500 especies amenazadas o casi amenazadas de la Lista Roja de la UICN. En las conclusiones de este artículo se afirma que los principales factores que impulsan la degradación y pérdida de los componentes de la diversidad biológica son la sobreexplotación y la agricultura, responsables del 75% de todas las especies de plantas, anfibios, reptiles, aves y mamíferos que se extinguieron desde el año 1500.

No obstante lo anterior, las políticas ambientales, en lugar de enfrentar las amenazas principales -lo que significaría cuestionar frontalmente la racionalidad productivista- se han centrado en desarrollar estrategias de áreas protegidas o en la protección de las especies amenazadas, tareas que -sin dejar de ser importantes- se encuentran condenadas al fracaso en tanto los motores de la degradación y pérdida de la biodiversidad siguen plenamente activos.

 

ANEXO 2

Se propone aquí una tipología de las corrientes de pensamiento sobre la cuestión ambiental simplificada en tres grandes vertientes:

Economicismo negacionista

El economicismo negacionista en relación a la cuestión ambiental es el emergente de un paradigma al que Kenneth Boulding identificó como economía de fronteras basado en considerar a la naturaleza como una oferta infinita de recursos físicos que pueden usarse para el beneficio humano y como un infinito sumidero para los subproductos del consumo de estos beneficios, en la forma de diversos tipos de polución y degradación ecológica.

La economía de fronteras condujo a imaginar que podemos seguir creciendo exponencialmente en un planeta finito, que podemos seguir acumulando impactos ambientales y agotando lo que hoy consumimos porque el progreso tecnológico siempre encontrará soluciones o inventará sustitutos. De esta manera, el sistema se desembarazó de las crisis ambientales antropogénicas en tanto, si todas pueden ser resueltas por el ingenio humano, tales crisis no existen, dando el carácter negacionista a esta corriente de pensamiento.

CAPITALISMOFuertemente hegemonizado por la superideología productivista, en el economicismo juega un rol preponderante el crecimientismo que -como lo propone Giorgio Mosangini– es el que conduce a un sistema de valoración exclusivamente monetario y a la mercantilización de todas las esferas de la vida. Algo existe sólo si se intercambia por dinero. La ideología crecimientista busca incorporar la producción y el intercambio de todos los bienes y servicio a la lógica mercantil. Para seguir creciendo, cada vez más bienes y servicios tienen que intercambiarse por dinero.

Como motor principal del crecimientismo nos encontramos con el consumismo que nace en la década del año 1950 cuando se instala la idea de hacer del consumo una forma de vida, la única forma de satisfacción material y espiritual, impulsada por un modelo en el que las cosas se deben consumir, quemar, reemplazar y desechar a un ritmo cada vez más acelerado.

Si bien este paradigma se debilitó a partir de la década del año 1960, aun cuando resulte anacrónico y vergonzante para muchos, sigue siendo el paradigma de la corriente principal. Un ejemplo es el pensamiento dominante en la administración Trump en EE.UU. que retrasa décadas y se ajusta a la perfección a la economía de fronteras y su negacionismo ambiental.

Ambientalismo

El ambientalismo propone únicamente una respuesta tecnocrático-productivista y aboga por una aproximación administrativa a los problemas ambientales, convencido de que pueden ser resueltos mediante la reforma del sistema sin cambios radicales de sus valores conformadores. Ambientalismo es una palabra que cualquiera de las ideologías podría someter felizmente a un servicio adjetival, sin producir ninguna contradicción con su núcleo central ideológico y tiene la particularidad de adscribirse a dos paradigmas radicalmente distintos: la protección ambiental y el manejo de recursos.

La protección ambiental emerge en la década del año 1970, en un intento por superar la falta de respuestas de la economía de fronteras frente a los reclamos sobre el deterioro del ambiente que se multiplicaban a partir de la publicación de Primavera Silenciosa de Rachel Carson y el manejo de recursos nace en las décadas de los años 1980 y 1990 ante el evidente fracaso de la protección ambiental para aportar soluciones a las crisis ambientales.

Mientras que el imperativo dominante en la protección ambiental es la idea de la antinomia economía-ecología y su principal herramienta es la evaluación ambiental; en el manejo de recursos tal imperativo es la interdependencia entre crecimiento económico y calidad ambiental, a manera de las dos caras de una misma moneda, dando origen a la idea del desarrollo sostenible.

El ambientalismo oscila permanentemente entre ambos extremos, de tal manera que se aproxima a la economía de fronteras, cuando se recuesta en las ideas de la protección ambiental y al ecologismo cuando intenta recorrer los caminos del manejo de recursos y su propuesta de desarrollo sostenible, camino que les plantea grandes dificultades, tanto por la ambigüedad de su definición, como por la inevitable colisión con las principales ideas fuerza de los paradigmas predecesores, quedando solo como idea restringida a lo discursivo, con muy escasos avances en la práctica.

Ecologismo

Finalmente nos encontramos con el ecologismo en el que convergen aquellos que han adoptado un sistema de pensamiento político global y autónomo que responde a unas necesidades históricas concretas, una nueva ideología: la ecología política.

Esta nueva ideología se configura a partir de la toma de conciencia sobre la existencia de restricciones cuantitativas del ambiente mundial y de las consecuencias de exceder tales límites. De allí que los ecologistas sostengan que el crecimiento económico se ve impedido, no por razones sociales –tales como relaciones de producción restrictivas- sino porque la Tierra misma tiene: limitada capacidad productiva (recursos); limitada capacidad de absorción (contaminación) y limitada capacidad de carga (población).

Se debe destacar que la ecología política no se refiere al límite como un impedimento a vencer, sino como una condición a la que adaptarse con lo cual cuestiona el significado unívoco que hasta nuestros días ostenta el concepto de progreso al concebirlo como la adaptación a los límites que no deben ser superados en lugar de la hegemónica idea sobre el significado de progreso concebido como la constante superación de límites.

De lo anterior emerge su cuestionamiento frontal a la superideología productivista, posicionamiento con el que plantea modificar el tablero político en el que se enfrentan las teorías y fuerzas políticas tradicionales que responde a un esquema bidimensional basado en los ejes: izquierda/derecha y autoritario/libertario; para evolucionar hacia un esquema tridimensional, mediante la incorporación de un tercer eje que corresponde a la dialéctica fundamental productivismo/antiproductivismo.

Es este eje productivismo/antiproductivismo al que Florent Marcellesi postula como eje estructurante y autónomo afirmando que:

…frente a los dos sistemas dominantes y antagónicos de los últimos siglos y ambos motor de la sociedad industrial, se afirma una tercera vía ecologista basada en el rechazo al productivismo…es decir, una nueva ideología diferenciada y no subordinada a ninguno de los dos bloques, con un objetivo claro: cambiar profundamente la sociedad.

Como lógica consecuencia de su antiproductivismo, la ecología política cuestiona frontalmente a la insostenible sociedad crecimientista y consumista.

________________________________________

 

[1] O’Connor, James. Causas naturales: Ensayos de marxismo ecológico. Siglo XXI. México (2001)

[2] André Gorz. Su ecología y la nuestra. Publicado en “Ecología y política”, Nouvel Observateur, le Sauvage y Lumière et Vie (Ed. El Viejo Topo, 1980)

[3] Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo – Río de Janeiro – Brasil del 3 al 14 de junio de 1992.

[4] Sin desconocer la complejidad inherente a las relaciones sociedad-naturaleza, que ha dado lugar a posturas científicas y ético-filosóficas que se expresan en diferentes corrientes de pensamiento y subyacen en diversas propuestas políticas, se propone aquí -simplificando y sistematizando diferencias- agrupar las corrientes de pensamiento ambiental en tres principales vertientes a las que identificamos como: negacionismo; ambientalismo y ecologismo.

[5] Los límites al crecimiento (The Limits to Growth) (1972)

[6] Documento FARN: El presupuesto ambiental entre 2013 y 2019: una historia de desfinanciamiento en: https://farn.org.ar/archives/27404

[7] Morin, Edgard. El pensamiento ecologizado. Gazeta de Antropología (1996)

[8] Maxwell, S. L., Fuller, R. A., Brooks, T. M. & Watson, J. E. M. Biodiversity: The ravages of guns, nets and bulldozers. Nature 536: 143-145 (2016)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .