Manuel Ludueña

Las evidencias

Es desgarradora la situación aparejada con la propagación del coronavirus 19. El desarrollo tecnológico y la disponibilidad de recursos pudieron haber sido orientados tanto para prevenir el advenimiento de este virus como para encausar un servicio de salud eficaz y un estado saldable de toda la población. Por el contrario, la productividad facilita el consumismo superfluo y las ganancias económicas rápidas, asentadas estas últimas en un proceso de concentración global con déficit alarmantes por contaminación, subempleos y pobreza crónica.

En las ciudades son evidentes las desigualdades y la impericia, tal como: amplios sectores urbanos sin agua corriente ni equipamientos de salud y contaminados; niños y adultos subalimentados por falta de empleos y capacitación, carencias por falta de atención médica preventiva, adultos desguarnecidos sin ingresos suficientes ni atención oportuna de sus dolencias; migrantes desarraigados por expulsiones; e incapacidad para atender las defunciones. Todos estamos sometidos a un mega accionar socialmente ilegítimo y alejado de los principios de la vida. Lejos quedamos del ámbito de la razón, de los principios naturales que nos dieron vida, del humanismo y de los principios de responsabilidad.

Sin buenos aires

La propagación del temido coronavirus modifica el funcionamiento de las ciudades, transformando las Áreas Centrales y los centros comerciales y de servicios en edificios despoblados. Trenes, subterráneos y colectivos inusualmente sub-sub ocupados. Hay un cambio abrupto por las actividades paralizadas para evitar contactos entre personas que podrían facilitar la propagación de la enfermedad que jaquea a todos los sistemas de salud del mundo y revaloriza, no sin temor, la vida y las subjetividades. La disminución de la producción industrial y el consumo se traduce en menos contaminación, aguas más limpias y cielos más claros.

De la mano, el enclaustramiento lleva al consumo de contenidos en celulares que, por ejemplo, en España habría crecido en un fin de semana el 47 por ciento con respecto al anterior ([1]), habiendo crecido durante la emergencia un 80 por ciento el tráfico en internet ([2]) por el teletrabajo y los entretenimientos. Durante el encierro, los niños se están acostumbrando a recibir información y conocimiento a través de las computadoras; se está monitoreando a través del móvil la temperatura o la geolocalización de los afectados por el virus; los abuelos están descargando aplicaciones a las que eran reticentes; se amplía la familiarización con Skype, Google Hangouts o FaceTime y hasta los admiradores del deporte se han empezado a aficionar con los deportes electrónicos. Incluso, es muy probable que se haya modificado la relación con los libros en papel, con los espectáculos en vivo y en directo, en tanto, los gobiernos acceden a nuestras coordenadas y podrían delegar parte de sus decisiones en inteligencias artificiales.

Las ciudades no pueden permanecer sin producción, pero, sostenemos, no deberían permanecer con el mismo régimen de producción pre coronavirus 19. Los sectores urbanos más consolidados y las reservas familiares, así como la asistencia de emergencia para grupos sociales desguarnecidos y para los trabajadores y actividades económicas sin producción no pueden subsistir de modo prolongado. A su vez, los comportamientos emergentes, de cambio forzado, afecta de modo diferente la salud mental, el uso del tiempo, las intersubjetividades, disminuyen drásticamente los consumos superfluos, se revalorizan las compras barriales y el tránsito a pie en Argentina ([3]). La pandemia, lejos de amenguar, puede reaparecer hasta que se desarrolle cierta inmunidad colectiva, no solo local, sino internacional.

Las intervenciones gubernamentales para producir cambios en el comportamiento para mantenerse por un período prolongado son, por un lado, una oportunidad inmediata para que se traduzcan en nuevos hábitos con mayores beneficios en la salud a largo plazo, y, por otro, en lo inmediato, la reducción del riesgo de sobrecargar los sistemas de salud. La difusión de información adecuada, con orientaciones efectivas y eficientes requieren el apoyo de la comunidad y estar acorde con el contexto institucional para su realización.

A su vez, son una oportunidad en el mediano plazo de recuperar prácticas barriales, adaptar actividades vecinales, recuperar y mejorar las relaciones sociales y de producción barrial y comunal. Diversas propuestas y actuaciones alientan desde hace décadas cambios en las ciudades, por casos: “pacificación del tránsito” (ciudades como Copenhague, Berlín, Graz, Lund o Edimburgo): la red de supermanzanas (ciudad Barcelona, 2016) la “ciudad de 15 minutos” (ciudad París 2014; se basa en cuatro grandes principios: proximidad, diversidad, densidad y ubicuidad.), “vecindario de 15 minutos” (ciudad Ottawa, 2019), y otras experiencias en ciudades como Oslo, Copenhague Ámsterdam, Portland, Oregón. Apreciar y promover cambios en la ciudad se encuentran, en lo vivencial, a la mano, en lo ambiental, muy compresible, en lo económico, factible con reconversión del capital instalado, en lo socio productivo, posible en la medida que haya información, capacitación y decisión político social.

Presente y futuro inmediato

Servicios sanitarios, de salud, alimentos, vacunas y equipamientos básicos públicos abarquen con urgencia a toda el Área Metropolitana Buenos Aires, no solo a los sectores más consolidados. Prevención y bienes públicos comunes en desarrollo.

Adaptar y readaptar al transporte público y privado es y será crucial. La infraestructura de transporte para el tránsito seguro es vital para la salud de las personas y de la economía. En la emergencia, colectivos, subterráneos y trenes se solventan, a la vez que se ajusta el uso de las estaciones y los asientos de las unidades en servicio.

En las calles, para promover el distanciamiento social, se requiere mayor superficie para los peatones y personas con discapacidad. Algunos de esos cambios podrían volverse permanentes como el número de carriles y la expansión con mejoras de sus capacidades para el tránsito de ciclistas ([4]), scooters, rolers y triciclos. Así como optimizar los sistemas compartidos y ampliarse las veredas donde se realicen actividades con atención al público para promover el distanciamiento social necesario (supermercados, verdulerías, bancos, establecimientos de salud). Para el invierno se requerirán adaptaciones que eviten o permitan esperas prolongadas en la vía pública.

Prohibir los desplazamientos unipersonales en autos y su prioridad en las grandes avenidas, rutas y autopistas urbanas. Proteger a la ciudad sin ruido, ni contaminación atmosférica, ni accidentes viales por la proliferación de vehículos motorizados.

Es indispensable cierta reconversión de algunas pymes, cuentapropistas y consumidores, con asistencia estatal y municipal. Por un lado, para bienes industrializables para realizar rehabilitaciones sostenibles de edificios barriales y servicios locales complementarios. Fomentar, así, las actividades barriales para generar empleos mediante, por ejemplo, la adaptación de ventanas para evitar pérdidas de calor, aislantes de ruidos, agua caliente y calefacción térmica solar, uso de la bicicleta y ampliación de las áreas peatonales.

Con organización cooperativa promover la producción de alimentos en terrenos gubernamentales. Además, habilitando espacios comunes para intercambiar bienes y servicios como reparaciones menores, peluquerías a cielo abierto y similares.

Ello implica en el corto plazo, prestamos en herramientas de bajo costo para la producción local, reprogramación de hipotecas, no actualización de alquileres y desgravaciones fiscales para propiedades estándar y subestándar, préstamos a mediano plazo sin intereses; y asesoramiento local del personal de las instituciones públicas técnicas y científicas.

Redireccionar las investigaciones y búsqueda de innovaciones para el desarrollo de actividades locales y de capacitación laboral afín.

Revalorización social y gubernamental con medidas proactivas a los trabajadores afectados a los servicios de salud, alimentación, transporte público y privado, voluntarios, comunicadores y personal de seguridad de actuación en la emergencia.

Adecuarse al trabajo y las consultas y pedidos remotos que se transformó en un experimento masivo, tanto para los trabajadores de oficinas que pueden hacerlo en sus casas, como para el dictado “on line” de clases en todos los niveles de enseñanza, consultas y pedidos de compras y servicios domiciliarios que pueden prorrogarse.

Verificar el refuncionamiento de la ciudad, desplazamientos y desarrollo de actividades con el concurso vecinal, para proponer una revisión cierta por un desarrollo barrial que complemente a las actividades de escala urbana, metropolitana, nacional e internacional. Es decir, para promover un desarrollo de los barrios al centro y el mundo -si así fuere- y no inversamente como se ha planificado la ciudad solo en base al funcionamiento del Área Central.

El futuro mediato

Thomas S. Kuhn, en su difundido libro acerca de “La estructura de las revoluciones científicas”, interpretó que las crisis son prerrequisitos de las revoluciones y distinguió entre los cambios acumulativo y revolucionario. Nunca antes en la historia de la humanidad había ocurrido una pandemia global de contagio tan vertiginoso. En varias ciudades arreciaron pestes descomunales que generaron, a lo largo de la historia ([5]), muertes y cambios significativos como: relocalización de usos residenciales e industriales, nuevos tratamientos en la salud y en los residuos, nuevas y mejores infraestructuras, servicios y espacios públicos. Es probable que la acumulación exponencial de conocimiento complejo durante estos meses en los campos de la biotecnología, la informática, la robótica, la estadística, la ingeniería de sistemas o de datos acelere un cambio tecnológico y que no sea convergente con las necesidades locales de las personas y globales para Gaia y la humanidad, por el cambio climático ([6])

Hoy como habitantes de grandes ciudades estamos viviendo, en medio de las restricciones y angustias causadas por el coronavirus 19 y las modificaciones en las actividades, en un ambiente alternativo; vivenciarlo no parece suficiente para una revolución urbana o del sistema productivo, pero si para comprender que se puede estar sin un consumo superfluo, en comprensión compartida del sufrimiento ante un virus inabarcable, que es posible evitar algunos desplazamientos y ahorrar energía, tiempos de viaje, contaminación y el uso del automóvil, entre otros.

En 1 o 2 años la ciencia farmacéutica contribuiría a morigerar esta pandemia, pero no parece que volverá la “normalidad” pre coronavirus 19. Se necesitará un plan de adecuación de las ciudades y comunidades convergentes con que ¿con el pasado sin modificaciones? o ¿con un futuro que acepte las nuevas prácticas y profundice la visión socioambiental por un ambiente sano, una convivencia barrial y producción local más sostenible? Cabe recordar que hay aspectos estructurales como la desigualdad, la pobreza extrema y aspectos en crecimiento como el cambio climático -aumento de la temperatura, el cambio ambiental de áreas con mayor humedad o desertificación, la propagación de enfermedades virales, entre otros- que también deben ser incluidos.

Nuevas ciclovías y caminos peatonales harán que el transporte sea más resiliente y más justo para abordar con esperanza las futuras crisis como por el cambio climático.

Los aeropuertos agregaran controles de temperatura y controles de salud, medidas para reducir el hacinamiento y las demoras, promoviendo el distanciamiento social adecuado, así como también la disponibilidad de desinfectantes. Las aerolíneas deberán reducir el número de pasajeros y mantener abiertos los asientos intermedios.

Es posible que sea necesario reducir el tamaño de las clases presenciales en la enseñanza, así como el uso “on line”; el tamaño de las audiencias en los teatros y actividades similares, con muchos asientos libres, y elementos disponibles de salubridad y de control de la temperatura. Ello implicará reconvertirse y relocalizar actividades complementarias a las mismas.

Necesitamos una ciudad sin alta densidad edilicia y poblacional, con calles densamente forestadas, espacios verdes y veredas generosas distribuidos en toda la trama urbana -no concentrada en la ribera de los ríos- para no perder la biodiversidad y el paisaje con la fauna asociada.

Planificar con los vecinos de los barrios y comunas” buenos aires”, sin congestión, con habitaciones soleadas, más peatonalidad y accesibilidad universal, calles forestadas, espacios verdes distribuidos en la trama urbana.

Auspiciar una descentralización progresiva de las actividades del Área Central a centralidades barriales o comunales y en los bordes de las Avenidas 27 de Febrero y Gral. Paz. Incluso, acordar la relocalización federal de las unidades administrativas nacionales. Revalorizar los barrios pacificando el tránsito y favoreciendo el patrimonio social y el trabajo local.

La nueva dinámica del teletrabajo, entretenimientos, enseñanza a distancia y nuevas formas de prestación de servicios podría contribuir a la disminución permanente de desplazamientos, a liberar espacios de oficinas que podrían adecuarse para usos residenciales y de servicios locales, así como librar estacionamientos en el espacio público y garajes. Podrá disponerse de horarios de trabajo escalonados para evitar aglomeraciones en el transporte público a la vez que se aliente el tránsito en bicicletas.

Continuar poniendo la equidad en salud en el centro de toda formulación de políticas urbanas conduciría a una mejor política ambiental, a una mejor política social, a una mejor política de salud y mejores políticas públicas. La caída en las emisiones globales de dióxido de carbono es, por el momento, temporal. No obstante, las lecciones que se pueden aprender de la respuesta a la pandemia del coronavirus 19 son aplicables a la emergencia climática de poner la equidad en salud en el centro de todas las políticas y cambiar drásticamente la forma en que vivimos y consumir para reducir las emisiones globales.

A modo de Haiku

Si no lo hacemos nosotros, ¿quiénes la harán?

Si no lo hacemos ahora, ¿cuándo lo haremos?

Buenos Aires, abril 2020

[1]  https://www.telefonica.com/es/web/sala-de-prensa/-/movistar-bate-su-record-historico-de-consumo-en-la-ultima-semana

[2] https://www.europapress.es/economia/macroeconomia-00338/noticia-trafico-internet-crecido-80-lunes-espana-fue-quinto-pais-mundo-mas-trafico-20200321221002.html

[3]  Una encuesta de la consultora Kantar indica que el 78% prefiere hacer las compras en comercios cercanos, 68% presta más atención a los precios; prefieren hacer compras on line el 64% por ahorro de tiempo y comodidad. https://www.cronista.com/apertura-negocio/empresas/Coronavirus-que-cambio-en-los-habitos-de-consumo-de-los-argentinos-durante-la-cuarentena-20200402-0004.html

[4] Chris Boardman, ex ciclista olímpico y el comisionado de Manchester, dijo: “Elija una crisis, y probablemente encontrará que el ciclismo es una solución“.

[5] Entre el año 100 y el 2019: peste Antonina, plaga de Justiniano, peste negra, pandemias de viruela, gripe española, fiebre amarilla, gripe rusa, asiática, de Hong Kong, SIDA, gripe porcina, aviar.

[6] El COVID-19 tendrá efectos graves en el corto y el largo plazo en la oferta y la demanda a nivel agregado y sectorial, cuya intensidad y profundidad dependerán de las condiciones internas de cada economía, el comercio mundial, la duración de la epidemia y las medidas sociales y económicas para prevenir el contagio (Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Informe Especial Covid 19, 2020).