EL MUNDO POSPANDEMIA: LA VÍA ECOLOGISTA

Carlos Merenson

Mucho es lo que se habla por estos días sobre el impacto socioeconómico de la pandemia de coronavirus y particularmente, sobre los cambios que pueden ocurrir en la etapa pospandemia. Cambios sobre los que –obviamente- existen diferentes propuestas. Desde los cantos de sirena llamando a salvaguardar los principios del orden mundial liberal, hasta la vía ecologista, que no solamente cuestiona la estructura y superestructura del sistema, tal como se plantea desde los ideales socialistas, sino que –fundamentalmente- apunta contra el substrato superideológico productivista.

Con más de la mitad de la población mundial en confinamientos, distanciamientos o cuarentenas, la pandemia de coronavirus ha impactado sobre todos los sectores sociales y actividades económicas, modificando –abruptamente- hábitos, costumbres, modalidades y en definitiva, modificando la manera de vivir.  

Pero la del coronavirus no es la única crisis ecosocial que nos toca enfrentar. Como bien lo describía André Gorz[1], el sistema ya se encontraba sobreviviendo gracias a subterfugios a la crisis de sus categorías fundamentales: el trabajo, el valor, el capital. Agregando presión y complejidad al cuadro de situación, se suman además, las irresueltas crisis antropogénicas: climática, biosférica y energética; configurando en conjunto, un escenario en el quetal como lo advertía Iván Illich- el estruendo del derrumbamiento obnubilará las mentes y debilitará el control, desorientando a los controladores y abriendo así las puertas a grupos sociales y corrientes de pensamiento sofocados hasta ahora. Abundando sobre el particular, Illich señalaba que no es la catástrofe que, en tanto tal, sacará a estos grupos de la nada para alzarlos sobre el resto, sino que la catástrofe debilitará a las potencias reinantes que aplastaban a esos grupos y les impedían participar en el proceso social. Tal es el caso de las diferentes corrientes del ecologismo político.

Sin embargo, para avanzar con sus propuestas, el ecologismo político debe tomar debida nota de lo que Andrew Dobson advertía en Pensamiento político verde, cuando destacaba que las conversaciones sobre política verde decaían muy rápidamente al tocar el tema de cómo producir los cambios que nos lleven de la crítica hacia la sociedad propuesta, aduciendo que ello obedecía a creencias erróneas, muy difundidas dentro del ecologismo, como las de pensar que solo una catástrofe ambiental o el mensaje de su inminencia podrán generar la voluntad política para llevar a cabo los cambios necesarios.

El tiempo se ha encargado de demostrar que las cosas no cambian por si solas, de allí la urgencia para iniciar un debate hacia el interior del ecologismo con el objeto de establecer un plan de acción política que lo transforme en una verdadera alternativa de cambio, que le permita hacer realidad muchas de las acciones que emergen de la lógica inherente a la ecología política, particularmente en los ámbitos: socio-político; energético; económico y agroalimentario.

En este contexto, la actual modificación en la manera de vivir -inédita por su rapidez y magnitud- invita a preguntarnos si la humanidad también puede estar dispuesta a organizarse para enfrentar la grave situación planteada por la convergencia de las crisis ecosociales globales que la amenazan.

Esta no es una cuestión menor para el ecologismo que, desde sus orígenes, se ha planteado diferentes estrategias, entre ellas, las estrategias demostrativas basadas en estilos de vida y comunidades, cuyo fundamento descansa en la idea del reforzamiento mutuo existente entre los cambios de conciencia y los cambios de conducta.

Es importante aquí aclarar que se debe diferenciar el cambio de estilo de vida, que atañe a cambios en los patrones de conducta individual en la vida diaria; de las estrategias comunitarias que extienden tales cambios a la sociedad.

Robyn Eckersley, citado por Andrew Dobson en Pensamiento político verde, afirma que: el sujeto revolucionario es […] la activa y responsable persona–en-comunidad. Eckersley considera que las estructuras más revolucionarias son las que fomentan […] la responsabilidad comunitaria, asociando la ecopraxis y el ideal ecoutópico con alcanzar una federación de regiones y comunas viviendo de una manera opuesta a la de la corriente principal. En otras palabras, lo que aquí se plantea es crear el sistema alternativo en las entrañas mismas del sistema, idea bien sintetizada por Rudolf Bahro con su llamado a construir zonas liberadas del sistema industrial [productivista].

Ted Trainer aporta argumentos que refuerzan la adopción de las estrategias demostrativas con las siguientes citas: Rude dice: El objetivo ya no es derrocar al capitalismo mundial en una revolución anticapitalista como en el modelo marxista tradicional, sino más bien dejar el capitalismo atrás mediante la lenta creación de una nueva cultura y economía poscapitalistas que lo sustituyan… (1998, p.53). Quinn afirma: Derrotar a la jerarquía es inútil; lo que queremos es simplemente dejarla atrás (1999, p.65). Buckminister Fuller lo explica de esta manera: Nunca puedes cambiar las cosas luchando contra la realidad existente. Para cambiar algo, construye un nuevo modelo que deje obsoleto el modelo existente (citado por Quinn, 1999, p.137).

Para el ecologismo el objetivo de su accionar político debe orientarse a lograr que el formidable movimiento social que se ha puesto en marcha para enfrentar la pandemia escale hacia un cambio de rumbo general y global multiplicando las comunidades que adopten estilos de vida más sencillos, convivenciales y auténticamente sostenibles.

La Permacultura propuesta en 1978 por Bill Mollison y David Holmgren y numerosas experiencias demostrativas de carácter individual o colectivo, como las Comunidades en Transición impulsadas a partir de 2006 por Rob Hopkins o la Vía de la Simplicidad propuesta por Ted Trainer a partir de 2001, resultan buenos ejemplos de los intentos del ecologismo por avanzar con las estrategias demostrativas. Experiencias que, en la práctica, han sido la mejor expresión del reformismo radical que caracteriza al ecologismo.

Para una mejor comprensión sobre la manera de alcanzar un orden mundial convivencial, justo y sostenible apelando a las estrategias de comunidades resulta conveniente analizar en detalle la propuesta de Trainer sobre la Vía de la Simplicidad[2].  

Promover esta vía para el cambio no es una actividad secundaria para el activismo ecologista, es una actividad verdaderamente revolucionaria. Una revolución diferente, que no necesita luchar y derrotar a un enemigo poderoso, antes de comenzar a construir una nueva sociedad sino que, por el contrario, se basa en aprender y practicar las formas ideales que serán la norma después de que se complete la revolución. 

En un ensayo breve, publicado por el Simplicity Institute en 2012, Samuel Alexander sintetiza la cuestión de la siguiente manera: …«el objetivo de la Política Verde que busca soluciones parlamentarias, [es] ahora erróneo e inútil», quizás incluso «contraproducente», si asumimos que el Estado nunca disolverá voluntariamente las estructuras del crecimiento que conducen a la degradación ecológica. Tenemos un tiempo, unos recursos y unas energías limitadas –nos dice Trainer–, así que mejor no malgastarlos presentándose a las elecciones, ni siquiera haciendo campaña a favor de los (partidos) verdes, porque el Estado no tendrá ni interés ni capacidad de ayudarnos. Quienes defiendan el crecimiento-cero harían mejor en implicarse activamente en sus comunidades locales y en comenzar a construir la nueva sociedad desde los movimientos de base.

Neoliberales y neoconservadores fueron capaces de construir y mantener su hegemonía ideológica, fueron capaces de imponer en la sociedad su cultura en el sentido más amplio, concentrando todos los esfuerzos y medios para fabricar sentido común a su medida y es así que lograron naturalizar la permanente competencia de todos contra todos, la mercantilización de las relaciones sociales y el consumismo, transformado a la mayor parte de la humanidad en adictos al crecimiento económico y en idólatras del mercado y la tecnología. Consecuentemente, al ecologismo se le plantea el gran desafío de contrarrestar la hegemónica cultura neocapitalista y la estrategia que parece ser capaz de tener éxito en esta confrontación cultural es la estrategia demostrativa de comunidades. Ella tiene el potencial para que la opción por formas de vida opuestas a la receta única, se extienda en la sociedad, desbordando al sistema.

Es por lo anterior que en la actual coyuntura, el ecologismo no plantea organizarse para derrotar a gobiernos de turno, simplemente impulsa a la gente a organizarse para construir la propia sociedad, creándola de las maneras que tenga a su alcance, aquí y ahora, en el lugar donde vivamos.

Todo indica que se necesita un cambio radical de los valores que guían y definen la manera de vivir bajo el productivismo, pero –como se plantea en el Manifiesto Última Llamada– los grandes cambios se topan con dos obstáculos titánicos: la inercia del actual modo de vida y los intereses de los grupos privilegiados. Ellos son los que han logrado –hasta el presente– impedir que maduren las condiciones para producir un indispensable cambio de rumbo. ¿Lo podrán seguir impidiendo?

Hoy -más que nunca- el ecologismo debe reforzar la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Debe hacer efectivamente suyo el lema que inspiraba el accionar del Mahatma Gandhi: nosotros hemos de ser los cambios que queramos ver en el mundo.

[1] Andre Gorz. La salida del capitalismo ya ha empezado (2007)

[2] Una información detallada sobre la Vía de la Simplicidad se puede obtener en:

https://www.15-15-15.org/webzine/2017/02/14/la-via-de-la-simplicidad-ted-trainer-al-fin-en-castellano/#nota1

http://www.laviadelasimplicidad.info/doku.php?id=:es:start

https://web.archive.org/web/20140201212003/https://socialsciences.arts.unsw.edu.au/tsw/

https://www.fuhem.es/2017/05/29/ted-trainer-y-la-via-de-la-simplicidad/

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