Manuel Ludueña

Una excelente nota de Michael Roberts ([1]) alerta sobre la difícil recuperación económica y social en EEUU a raíz del coronavirus 19, que al compararla con crisis anteriores la asemeja a la profundidad de la crisis de 1929/37. Cita, entre otros, a estudios del FMI y a diferentes visiones desde la óptica de economistas liberales y marxistas. Más allá de las quimeras o si el problema es de la demanda o de la oferta, los períodos de crisis son ciertamente prolongados – 5 años promedio- que, asimismo, han conducido a pérdidas permanentes en la producción y el bienestar social, cayendo la rentabilidad del capital desde la década de los 60 -con retracciones en salarios, inversiones, etc., ajustes tecnológicos ([2]). Tendencias que se profundizan en América Latina ([3]).

Ante la pandemia de la enfermedad desencadenada por el coronavirus 19, la economía mundial se encuentra, también, en una crisis global sanitaria, humana y económica sin precedentes, que cierran y paralizan a las economías en tanto las sociedades que deben entrar en cuarentena. Algunos de los mecanismos tradicionales de mercado no serían suficientes para enfrentar la situación debido a la interrupción de las actividades productivas y la contracción de demanda.

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Así, los Estados deben asumir actividades de planificación para generar condiciones que permitan resistir el momento y para, posteriormente, estimular mejores condiciones de vida. CEPAL ([4]) evalúa la situación para América Latina y el Caribe, enumerando los efectos a corto plazo como: suspensión de actividades, mayor desempleo y precariedad laboral, menores salarios e ingresos (contracción del consumo), aumento de la pobreza y la pobreza extrema, sistemas de salud con mayores costos, fragmentación y desigualdad de acceso; en el mediano y largo plazo, quiebra de empresas, reducción de la inversión privada, menor crecimiento económico, menor integración en las cadenas de valor, deterioro de las capacidades productivas y del capital humano; y, externos, disminución de la actividad económica de los principales socios comerciales, caída de los precios de los productos primarios, interrupción de las cadenas de valor mundiales, menor demanda de servicios turísticos, reducción de las remesas, intensificación de la aversión al riesgo y el empeoramiento de las condiciones financieras mundiales.

El escenario previsible enunciado por CEPAL parece denotar y valorar la situación con la visión de la economía pre coronavirus 19. Por el contrario, como dicen algunas pancartas en marchas realizadas recientemente en Roma “No queremos volver a la normalidad, porque la normalidad es el problema” ([5]) o como sentencia Caparrós “Nunca hubo una crisis más general. Sus soluciones pondrán a prueba el poder de los ciudadanos para empujar a los gobiernos y el mercado a construir un mundo mejor después de la pandemia” ([6]) o con más detalle una editorial sorprendente del Financial Times de que “será necesario poner sobre la mesa reformas radicales, que reviertan la dirección principal de las políticas de las últimas cuatro décadas. Los gobiernos tendrán que aceptar un rol más activo en la economía. Deben considerar los servicios públicos como inversiones y no como pasivos, y buscar las formas de hacer menos inseguros los mercados laborales. La redistribución volverá a la agenda; se cuestionarán los privilegios de los mayores y los ricos. Políticas que hasta hace poco se consideraban excéntricas, como la renta básica y los impuestos a la riqueza, tendrán que entrar en la mezcla” ([7]).

Asimismo, diversas publicaciones periodísticas e informes recientes dan cuentan de algunos efectos en poblaciones de distintos países, cambios posibles y la dificultad para establecer una ruta cierta, aunque se postule una difusamente “nueva normalidad” que parece inducir a esperar que, estructuralmente, nada cambiará. Algunas características cualitativas se asemejan tanto económicamente como social y ambientalmente, entre ellas: 1. las medidas adoptadas para revertir la pandemia han traído notables pérdidas económicas; 2. las empresas en la mayor parte de los sectores han perdido ingresos sustanciales; 3. disminuye el PBI entre el 10% y el 25%; 4. no obstante que se puedan reanudar las actividades pasarán “varios meses” antes de que sea seguro reabrir los negocios, así como disminuirán los gastos en consumo no esenciales; 5. menor uso del transporte público y mayor uso del transporte privado con congestionamiento; 6. Menos residuos urbanos, menos ruidos y contaminación atmosférica, cielos más limpios, tal como en los cursos de agua y presencia de fauna; 7. muchos son dejados fuera de las nuevas formas de agregación solidaria: personas solas, ancianos y familias pobres no conectadas a la red, los que viven en la calle porque no tienen una casa; 8. poca demanda de servicios intensivos en mano de obra, como para el ocio y el hospedaje; 9. menores ingresos y arrastre de deudas; 10. una “economía del 90%” sería más frágil, menos innovadora y más injusta ([8]); 11. parece probable un aumento de las quiebras empresarias y personales aunque los gobiernos tratan de evitarlas; 12. se han alterado las normas y convenciones sobre cómo se comportan los agentes económicos; 13. los proyectos de inversión potenciales serán riesgosos e imposibles; 14. habrá menos innovación; 15. existe la presunción de que aumentó la búsqueda de viviendas fuera de las áreas urbanas más densas, así como el desplazamiento de familias de altos ingresos a áreas de baja densidad; 16. . la nueva normalidad tendrá un mayor desempleo y se profundizarían las desigualdades; 17. la depresión global será prolongada en el tiempo, incluso después de la aparición y aplicación de las vacunas; 18. China puede tener una nueva manifestación del coronavirus 19 a raíz de la presencia de viajeros de otras latitudes ¿seguirá un continuo de olas de contagios entre continentes?, en tanto Alemania y Corea del Sur prevén un nuevo ciclo de la pandemia con aumento de casos. Como dice Edgar Morin debemos “Esperar lo inesperado” ([9]).

La pandemia de COVID-19 revela que, sin reducir la desigualdad, la pobreza, exclusión y con la provisión de viviendas e infraestructuras sanitarias, los más afectados verán aumentar su riesgo. La diferencia entre esta pandemia y un desastre es que tiene un alcance global. Esto implica que la transformación de los factores de riesgo subyacentes son un desafío global y no solo nacional. La pandemia revela claramente la debilidad y la ausencia, de mecanismos efectivos para la gestión global del riesgo ([10]). En gran medida el coronavirus 19 evidencia las vulnerabilidades y debilidades subyacentes en la “máquina de crecimiento neoliberal“.

Nada puede entenderse como similar a la situación económica, financiera, social y ambiental en Argentina, pero si es previsible que la crisis existente social y económica desde 2018/2019 se profundice con la crisis sanitaria y productiva comenzada en marzo de 2020 -con vistas a su continuación hasta 2021/22 y decreciente hasta 2024-. A todo ello se deben agregar los cambios en el aparato global, imprevisibles muchos, posibles otros como: endeudamiento con algunos países o fondos internacionales, menor intercambio comercial por la conmoción mundial, menor precio de algunas materias primas. Es decir, un estado de inanición del aparato productivo y laboral tradicional, con presión de los deudores y los productores exportadores e internacionales, si se sigue con los patrones de producción tradicionales.

Todo ello sin olvidar los emergentes de las “deidades” del productivismo consumista: esta no será la última pandemia, debemos adecuarnos a la multiplicidad de enfermedades zoonóticas trasmitidas por insectos y aves, así como los efectos directos e indirectos por las emisiones de gases con efecto invernadero ([11]). Se acentúa, de este modo, la necesidad del cuidado de la salud ante los padecimientos por contaminación del aire, alimentos ultraprocesados, cría de animales en confinamiento y hacinamiento, resistencia a los antimicrobianos, contaminantes orgánicos persistentes, transgénicos, largas cadenas alimentarias mundiales, entre otros.

¿Podemos esperar 5 años con más padecimientos y postergaciones para arribar nuevamente a un futuro avasallado por la cultura y el consumo irresponsable de los llamados países desarrollados, debiendo asumir y costear, además, los efectos malsanos del cambio climático -pestes, calor, lluvias, humedad creciente, aumento del nivel del mar?

Por el contrario, es difícil imaginar una situación más propicia para la transición energética y de desarrollo local que la presente. Existen importantes movimientos sociales y prácticas socio-productivas convergentes con la transición, por ejemplo, hacia la soberanía alimentaria, producciones orgánicas, la descentralización energética, el desarrollo forestal, la protección local sanitaria, la reparación de bienes en desuso y minimización de residuos, la valorización de la mano de obra con herramientas y técnicas sostenibles, la rehabilitación sostenibles de bienes inmuebles, la producción de dispositivos para mejoras ambientales locales y transporte sostenible, instituciones estatales de capacitación afines como el INTA, el INTI, las Universidades y los Centros de Investigación (Ver nota en La (Re) Verde: Por buenos aires sin Coronavirus19).

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Se podría encuadrar, siguiendo los criterios sanitarios para el coronavirus 19, que los asentamientos humanos menores de 500.000 habitantes podrían conformar una primera instancia ejemplificadora hacia la ecorevolución adoptando la concepción, estrategias, prácticas y gestión de un desarrollo local amplificada y cogeneradora de un sistema federal sostenible. Esas localidades y ciudades se distribuyen en la mayor parte del territorio nacional, pudiendo ser la base ideológica y práctica de una nueva estrategia territorial/ regional y una nueva política demográfica ([12]). Podría configurar un espiral virtuoso, autoorganizado y benéfico. Apostar por el consumo necesario, mediante prácticas productivas predominantemente locales con redes inter asentamientos que generen cadenas de complementariedad. En tanto, avanzar en procesos de descentralización y desconcentración de las Áreas Centrales del Área Metropolitana Buenos Aires, Gran Córdoba, Gran Rosario, Gran Mendoza, Gran Tucumán, Gran La Plata y Gran Mar del Plata en pos del desarrollo de ecobarrios y nuevas centralidades.

Algunas acciones vinculadas con la Transición, pero también con la equidad y para no dejar a nadie atrás, son indispensables a la hora de orientar la ecorevolución, tales como: reconversión local para producir bienes y servicios de energías renovables y eficiencia energética; servicios personales y voluntarios para atención de la salud y la producción familiar y comunitaria de alimentos; apropiación temporaria de bienes inmuebles sin uso declarado para las emergencias; prácticas sociales de resiliencia ante contingencias climáticas; turismo ecológico; desactivación progresiva del uso de carbón y de uranio enriquecido antes del 2030; uso comunitario sostenible de los cursos de agua, lagunas, humedales, bosques y glaciares; prohibición de materias primas modificadas genéticamente; prohibición progresiva del uso de energías no renovables -asfalto de calles, bolsas y bienes domésticos de plásticos, etc.-; subsidio progresivo para el desarrollo de la permacultura, la arquitectura bioclimática y la producción local de materiales sostenibles de construcción; más ferrocarriles y menos aviones y autopistas; limitar toda formación empresarial monopólica y transnacional; condicionar las inversiones internacionales y confiscar las utilidades o rentas fuera del país y cerrar a las entidades locales de finanzas de facilitación; promover inversiones comunitarias de reconversión energética y rehabilitación sostenible de edificios y espacios públicos; algo similar al sistema de “herencia para todos “como un paso más de un sistema de acceso universal a bienes y servicios públicos fundamentales, incluidos la educación, la salud, las pensiones y un ingreso ciudadano entre otros ([13].), la renta básica universal ([14]).

Apostar por el consumo necesario, mediante prácticas productivas predominantemente locales con redes inter asentamientos que generen cadenas de complementariedad. En tanto, avanzar en procesos de descentralización y desconcentración de las Áreas Centrales del Área Metropolitana Buenos Aires, Gran Córdoba, Gran Rosario, Gran Mendoza, Gran Tucumán, Gran La Plata y Gran Mar del Plata en pos del desarrollo de ecobarrios y nuevas centralidades.

Varias propuestas de movimientos, organizaciones no gubernamentales y grupos se difunden en procura de una revisión crítica para evitar excesos y a la vez postulando caminos alternativos. Sin querer abarcarlas se pueden enumerar:

  • Human Rights Watch publicó un recordatorio de las Dimensiones de derechos humanos de la respuesta COVID-19 vigentes, detallando aspectos tales como: proteger la libertad de expresión y garantice el acceso a la información crítica; garantizar cuarentenas, bloqueos y prohibiciones de viaje que cumplan con las normas de derechos; proteger a las personas detenidas y en instituciones; garantizar la protección de los trabajadores de la salud; cumplir el derecho a la educación, incluso si las escuelas están cerradas temporalmente; abordar los impactos desproporcionados en mujeres y niñas; eliminar la discriminación y el estigma, protegiendo la confidencialidad del paciente; garantizar que las poblaciones marginadas puedan acceder a la atención médica sin discriminación; proteger a las organizaciones comunitarias y de la sociedad civil; promover los derechos al agua y al saneamiento; asegurar que la ayuda humanitaria continúe; y, ayuda económica a los trabajadores de bajos salarios ([15]).
  • El manifiesto Planning for Post-Corona: Five proposals to craft a radically more sustainable and equal world, 2020 de 170 académicos de los Países Bajos, propone cinco puntos para un cambio radical: (1) alejamiento del desarrollo centrado en el crecimiento y apoyo a sectores que necesitan un decrecimiento radical; (2) marco económico centrado en la redistribución, con un ingreso básico universal y fuerte imposición progresiva de los ingresos, las ganancias y la riqueza, la reducción de las horas de trabajo y el trabajo compartido; (3) transformación agrícola hacia una agricultura regenerativa basada en la conservación de la biodiversidad; (4) cambio drástico del consumo y de los viajes de lujo por viajes básicos, necesarios, sostenibles y satisfactorios; (5) cancelación de deudas para trabajadores, propietarios de pequeñas empresas y para países del sur global ([16]);
  • El informe de “Desacoplamiento desacreditado: evidencia y argumentos contra el crecimiento verde como única estrategia para la sostenibilidad” de European Environmental Bureau, de 2019, procura que los formuladores de políticas reconozcan que abordar el colapso ambiental puede requerir una reducción directa de la producción y el consumo económicos en los países más ricos; por ello, abogan por complementar las políticas orientadas a la eficiencia con políticas de suficiencia, con un cambio en la prioridad y el énfasis de la primera a la segunda, aunque ambas tienen un papel que desempeñar, prestando mayor atención y apoyo a la diversidad de alternativas al crecimiento verde ([17]).
  • En el informe “Falling by the cracks: Exponiendo las desigualdades en la Unión Europea y más allá” se exige que las políticas tributarias sean reformadas para ayudar a reducir las desigualdades, proteger el medio ambiente, alentar estilos de vida más sostenibles y evitar dañar a los países fuera de la UE. Varias recomendaciones se relacionan con los derechos humanos y las políticas para superar la discriminación contra las mujeres, los jóvenes y las personas con discapacidad, entre otros. En lugar de centrarse en el crecimiento económico, la Unión Europea debería buscar mejorar la calidad de vida y el bienestar, insiste el documento. Con este fin, el informe propone que la UE se guíe por un Pacto de Sostenibilidad y Bienestar. Los activistas han estado pidiendo durante muchos años que la UE que ponga el desarrollo sostenible en el centro de su agenda ([18]).
  • Otra propuesta en “Creación de Dinero Soberano: Allanando el Camino para una Recuperación Sostenible considera que tal vez sea el momento de la creación de dinero soberano (Sovereign Money Creation, SMC): donde el dinero es creado por el banco central y acreditado en la cuenta del gobierno para gastarlo en la economía, esta nueva solución podría ser hasta 37 veces más efectiva que la flexibilización cuantitativa para impulsar el PBI. Actualmente, los bancos privados crean casi todo el crédito. Estos créditos no se basan en criterios de sostenibilidad. Los gobiernos están en mejores condiciones para dirigir la transición económica. La creación de dinero por parte del estado a menudo genera preocupaciones sobre la inflación, pero no hay ninguna razón por la cual debería ser más inflacionario que la creación de dinero mediante préstamos bancarios (que generalmente crea inflación en el mercado inmobiliario) ([19]).
  • Finalmente, CEPAL en Coyuntura, escenarios y proyecciones hacia 2030 ante la presente crisis de Covid-193 de abril de 2020, para América Latina y el Caribe, entiende que la región no tiene otra opción estratégica para avanzar hacia un modelo de desarrollo más sostenible a través de una mayor integración, así propone la redefinición de los modelos productivos y reducir la interdependencia global a favor de políticas nacionales y regionales, invertir en el fortalecimiento de las capacidades productivas regionales como imperativo para disminuir la vulnerabilidad productiva y tecnológica, con una estrategia de diversificación de la estructura económica, integración productiva y comercial, aumento de sus acciones de adaptación y mitigación de la emergencia ambiental, refuerzo de las políticas para combatir la pobreza, la desigualdad y la cultura del privilegio, y protección social con cobertura universal ([20]).

Es indispensable la revalorización política de las capacidades regionales, familiares y de cooperación. El relato economicista, entre otros ejes de penetración, desfigura las riquezas de las sociedades mediante la cooptación y petrificación de las habilidades y conocimientos heredados en pos de bienes y costumbres de los autodenominados países desarrollados, que desacreditan para vender sus productos con materias primas de nuestros países y desapropiar las identidades.

Con el potencial existe no se puede caer en la zozobra, en la naturalización de un destino con padecimientos infranqueables. No se puede abrevar hacia un momento socio cultural de desconcierto, donde el esperar se puede transformar en angustia existencial y en un sentimiento de derrota ante un futuro tan incierto como la cuarentena que estamos viviendo. Es fundamental, promover una esperanza concreta para asumir el desafío del cambio por una sociedad convivencial, más condescendiente, un ambiente más sano y una economía soberana, debería ser el camino político anhelado.

Podemos constituirnos en una sociedad que se asume ante las adversidades de las crisis de la globalización, antes que se abra la caja de pandora y se incrementen irreversiblemente los males que paupericen nuestras economías, degraden nuestras culturas y exterminen los recursos naturales y se desentienden de las calamidades del consumismo y del productivismo autista. Este es EL momento: tan racional como profundamente sentido, tan emotivo como bizarro.

Buenos Aires, mayo 2020

[1] M. Roberts (2020), La cicatriz económica de la pandemia, en https://blogs.imf.org/2018/03/21/the-economic-scars-of-crises-and-recessions/

[2]  Valerie Cerra y Sweta C. Saxena (2018), Las cicatrices económicas de las crisis y recesiones, IMFBlog del Fondo Monetario Internacional, https://blogs.imf.org/2018/03/21/the-economic-scars-of-crises-and-recessions/https://blogs.imf.org/2018/03/21/the-economic-scars-of-crises-and-recessions/

[3] Comisión Económica para América Latina y el Caribe (2020), Coyuntura, escenarios y proyecciones hacia 2030 ante la presente crisis de Covid-193 de abril de 2020, Alicia Bárcena; https://issuu.com/publicacionescepal/docs/covid-19sdgshortunds2030_30_03_2020

[4] Comisión Económica para América Latina y el Caribe (2020), América Latina y el Caribe ante la pandemia del COVID-19. Efectos económicos y sociales. https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/45337/6/S2000264_es.pdf

[5] Guido Viale (2020), Retorno a la normalidad y transformación ecológica, en https://www.pressenza.com/es/2020/05/retorno-a-la-normalidad-y-transformacion-ecologica/

[6] Caparrós, M (2020), Los poderes de un virus, New York Time, https://www.nytimes.com/es/2020/04/10/espanol/opinion/coronavirus-crisis-soluciones.html?campaign_id=42&emc=edit_bn_20200410&instance_id=17533&nl=el-times&regi_id=55664363&segment_id=24631&te=1&user_id=ee431f1408a06cb8b284c14d649fcc31

[7] Editorial FT (2020), Virus pone al descubierto la fragilidad del contrato social , en Financial Time: https://www.ft.com/content/7eff769a-74dd-11ea-95fe-fcd274e920ca

[8] The Economist (2020), La economía del 90 por ciento que dejarán los bloqueos. No solo será más pequeño, se sentirá extraño, edición Briefing 30 de abril de 2020;

https://www.economist.com/briefing/2020/04/30/the-90-economy-that-lockdowns-will-leave-behind

[9] https://www.lemonde.fr/idees/article/2020/04/19/edgar-morin-la-crise-due-au-coronavirus-devrait-ouvrir-nos-esprits-depuis-longtemps-confines-sur-l-immediat_6037066_3232.html?utm_source=Facebook&utm_medium=PaidSocial&xtor=CS2-33281034-%5BFB%5D-%5Bteaser%5D-%5Bsponsoaboetranger%5D&fbclid=IwAR2d6ZKMnn4HcNv9BWKfImcd1aPuQ3LoFqf2sOFez4–95Uil_6i4NI0xug

[10] A. Lavell, E. Mansilla, A. Maskrey y F. Ramírez (2020), La construcción social de la pandemia COVID-19: desastre, acumulación de riesgos y políticas públicas, LA RED/RNI, http://www.risk-nexus.org.

[11] Griselda Berberian y Maria Teresa Rosanova (2012), Impacto del cambio climático en las enfermedades infecciosas, https://www.researchgate.net/publication/262625673_Impacto_del_cambio_climatico_en_las_enfermedades_infecciosas

[12]  Comprendería a las localidades y ciudades de las provincias de: Catamarca, Chaco, Chubut, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Pampa, La Rioja, Misiones, Neuquén, Río Negro, Salta, San Juan, San Juan, Santiago del Estero, Tierra del Fuego, Tucumán y San Luis, y el resto de las localidades y ciudades de menos de 500.000 habitantes de las provincias de Buenos Aires, Córdoba Mendoza y Santa Fe.

[13] Un alegato contra la desigualdad Entrevista a Thomas Piketty, 2020, https://nuso.org/articulo/un-programa-contra-la-desigualdad/

[14] Se propone con más fuerza que antes la renta básica universal Entrevista a Joan Martínez Alier, 2020, https://www.vilaweb.cat/noticies/joan-martinez-alier-el-pib-es-un-invent-metafisic-per-disciplinar-la-gent/

[15] https://www.hrw.org/news/2020/03/19/human-rights-dimensions-covid-19-response

[16] Planning for Post-Corona: Five proposals to craft a radically more sustainable and equal world, 2020, https://www.universiteitleiden.nl/binaries/content/assets/sociale-wetenschappen/ca-os/planning-for-post-corona—en.pdf

[17] European Environmental Bureau (2019), “Desacoplamiento desacreditado: evidencia y argumentos contra el crecimiento verde como única estrategia para la sostenibilidad”, https://mk0eeborgicuypctuf7e.kinstacdn.com/wp-content/uploads/2019/07/Decoupling-Debunked.pdf

[18] European Environmental Bureau, Global Call to Action Against Poverty, SOLIDAR and World Vision (2019), https://www.sdgwatcheurope.org/wp-content/uploads/2019/06/FALLING-THROUGH-THE-CRACKS-JUNE-2019.pdf

[19] Positive Money Europe, Sovereign Money,  https://positivemoney.org/our-proposals/sovereign-money-creation/

[20] Comisión Económica para América Latina y el Caribe (2020), Coyuntura, escenarios y proyecciones hacia 2030 ante la presente crisis de Covid-193 de abril de 2020; https://issuu.com/publicacionescepal/docs/covid-19sdgshortunds2030_30_03_2020