Vamos a volver:  Silvio Gesell y la libremoneda

 

Guillermo Baliña

Es indignante  que los ciudadanos de a pie tengan que alzarse y crear sus propios sistemas monetarios por el hecho de que el sistema de dinero dominante este manipulado en su contra.
Bernard Lietaer (1942-2019)  – El dinero de la gente (2015)
 

En el suplemento de economía de La Nación del 3 de mayo pasado, Sebastián Campanario tituló Economistas con vidas interesantes y “no lineales” se buscan. Como muestra tomó la increíble vida del economista alemán Albert Hirschman quien luego de estudiar economía en Londres se sumó a sus 21 años a las filas republicanas en la Guerra Civil Española. Tras resultar herido debió huir por los Pirineos con pasaporte falso, recalando finalmente en Estados Unidos, donde fue recibido con honores en las principales Universidades; sin embargo Hirschman jamás tranzó con el establishment académico.

En estos tiempos de Coronavirus se requieren expertos de mente amplia afirma Campanario.

Atendiendo a esta demanda volvemos a traer a esta columna la figura del economista Silvio Gesell cuya vida fue claramente “no lineal”. Vivió alternativamente en Argentina y Alemania desarrollando diversas actividades como empresario y granjero (fue vegetariano). Durante una de sus estancias en Argentina a fines del siglo XIX elabora su teoría económica que será plasmada en su obra El orden económico natural. Nunca tuvo acceso a la educación universitaria.

Dicha obra le valió el reconocimiento entre otras grandes figuras del siglo XX como John Maynard Keynes e Irving Fischer con quienes intercambió  correspondencia.

En 1919 Gesell formó parte del efímero gobierno de Baviera en el área de economía durante escasos 7 días a raíz de la toma del poder por parte del Partido Comunista. Gesell es llevado a prisión por algunos meses, finalmente es liberado y absuelto luego de asumir su propia defensa. Muere de neumonía en Alemania en 1930.

Desde la irrupción del Coronavirus, también  se  ha expandido por casi todo el planeta la emisión monetaria y la intervención estatal, las cuales resultan oportunas para sobrellevar de la forma menos dolorosa posible el confinamiento y la consecuente merma en la producción de bienes y servicios.

Resulta importante en consecuencia revisar algunos conceptos relativos al uso del dinero y su circulación en la economía.

Básicamente hay dos formas de introducir dinero en la economía.

La tradicional es a través de un proceso de endeudamiento social comandado principalmente por la banca privada. ¿Usted necesita dinero? Los bancos se lo proporcionaran ofreciéndolo a una conveniente tasa de interés.

Y allí esta anidado el gran problema: LA TASA DE INTERÉS

Venimos escuchando desde el principio de los tiempos a los expertos diciendo que hay que combatir la inflación y el déficit; si realmente se los quiere combatir lo primero que hay que domar es la tasa de interés que es precisamente el principal combustible inflacionario.

Para emprender esta lucha contra la inflación y el déficit rescataremos a modo de síntesis algunos puntos centrales de la teoría de Gesell:

1.- O dinero del Estado o ningún dinero.

 2.-  Independientemente de la substancia el dinero está respaldado siempre y exclusivamente por la división del trabajo.

3.- El precio del dinero puede tan sólo expresarse en mercancías.

4.-. El que posee dinero tiene un derecho a la compra inmediata, pero nada más. Un derecho al interés es incompatible con el concepto del dinero, puesto que tal derecho equivaldría a un impuesto privado al intercambio de mercancías, con ayuda de una institución pública.

Libremoneda-GESELL5.- Con la libre-moneda se corta radical y despiadadamente la unión tradicional de medio de cambio y medio de ahorro, de acuerdo con los resultados de nuestra investigación. El dinero se convierte en medio de cambio puro, en demanda materializada, químicamente pura, libre de la arbitrariedad de su poseedor.

6.- Esta doble aplicación del dinero como medio de cambio y de ahorro es de naturaleza contradictoria y ha de considerarse como abuso del medio de cambio. El hecho de que para el intercambio de bienes sólo se disponga de dinero que devenga interés convierte al interés en condición previa a la producción de mercancías.

Según Proudhon, el dinero se ubica en las puertas de los mercados, negocios, fábricas, y de toda “inversión de capital”, (vale decir, inversión de dinero), y no deja pasar a quien no haya pagado interés o no pueda pagarlo.

Así vino al mundo simultáneamente con el oro y la división del trabajo, el gran perturbador de la paz, el interés. La división del trabajo en sí no exige ningún interés. ¿Quién lo pagaría y por qué?

7.- La riqueza y la pobreza son situaciones igualmente injustas que no deben existir en un Estado bien ordenado; ellas son incompatibles con la paz social y con la paz internacional

8.- Objeto de la libremoneda. Ante todo debe quebrarse la prepotencia del dinero. Esta prepotencia se funda exclusivamente en el privilegio de la indestructibilidad que la moneda tradicional ostenta frente a la mercancía. Mientras los productos de nuestro trabajo ocasionan importantes gastos de  almacenaje y custodia, que sólo retardan su destrucción paulatina, sin impedirla, el poseedor de la moneda está libre de toda pérdida por la naturaleza de la materia monetaria (metal precioso). Es por eso que al poseedor del dinero (capitalista) siempre le sobra tiempo para operar; mientras él no tiene ningún apuro, los poseedores de mercancías se ven en continuo apremio.

9.- En realidad ¿qué es el interés? ¿Quién lo paga? Lo que hoy ahorro, es lo que me sobra de mi salario, después de haber contribuido a pagar los intereses que el Estado y la Comuna deben pagar a sus acreedores, los capitalistas, por el usufructo de las casas, maquinarias, provisiones, materias primas, ferrocarriles, canales, instalaciones de gas y agua corriente, etc. Luego, si el interés baja, todo se abarata proporcionalmente y yo podré ahorrar sumas correlativamente mayores. Mi pérdida de intereses, con respecto al dinero ya ahorrado, la recuperaré mil veces en aumento de ahorros.

10.- Proudhon preguntaba: ¿por qué tenemos tan pocas casas, máquinas y barcos? Y dio a ello también la respuesta exacta: ¡porque la moneda no permite su construcción! O si queremos emplear sus mismas palabras: porque la moneda es un guardia que, apostado a las entradas de los mercados, tiene la consigna de no permitir el paso de nadie. El dinero, así lo creéis vosotros, es la llave del mercado (debiendo entenderse en este caso por intercambio de productos) -eso no es cierto- el dinero es un cerrojo.

En estos tiempos de reclusión domiciliaria resuena estruendosamente la pregunta de Proudhon ¿Por qué tenemos tan pocas casas? Esta pregunta se hace más dramática cuando en gran parte del país y especialmente en el Gran Buenos Aires la gente debe permanecer en “sus casas”.

¿Por qué tenemos tan pocas casas? preguntaba Proudhon en el siglo XIX.

Porque el dinero “es un cerrojo”, respondía.

Y allí están las propuestas del “mercado”; comprar casas pidiendo un préstamo bancario para devolver el crédito durante ¡30 años!

Como señala David Harvey en su obra Diecisiete contradicciones del capitalismo:

La financiación hipotecaria de la compra de una vivienda es una transacción muy peculiar. El total pagado por una hipoteca de 100.000 dólares durante treinta años al 5 por 100 es alrededor de 195.000 dólares, de forma que la hipoteca supone la adición de una prima de 95.000 dólares extra para poder adquirir un activo valorado en 100.000 dólares. Es difícil entender el provecho de esa transacción. ¿Por qué decidimos hacerla?

En muchos casos la respuesta es por motivos especulativos. A partir de allí se activan las conocidas burbujas, más adelante comenta Harvey:

En el reciente crac del mercado inmobiliario en Estados Unidos, alrededor de 4 millones de personas perdieron sus hogares por los desahucios.

No tenemos que retroceder muchos años en Argentina para recordar los desaguisados de los créditos UVA.

Tampoco hay que ir muy atrás para desempolvar la milagrosa promesa preelectoral de Macri de construir un millón de viviendas.

No solo no hizo casi nada al respecto sino que endeudó  en un santiamén al país con un préstamo del FMI de 56.000 millones de dólares (de los que “solo” se llegaron a desembolsar 44.000)

Conclusión: no se hizo el millón de viviendas pero si se endeudó  al país por un equivalente a un millón de viviendas de 44.000 dólares.

Cuánta razón tenía Proudhon

Frente al sempiterno endeudamiento que es víctima la Argentina en general y las personas de a pie frente a la banca en particular  ¿Qué opciones tenemos?

La lección de Worgl

Corría el año 1932, Europa fue arrastrada por la Gran Depresión iniciada en 1929 en los Estados Unidos. Austria no escapó al desastre y la pequeña localidad austriaca de Worgl tampoco.

Por aquellos años contaba con una población aproximada de 4.500 habitantes, de los cuales la tercera parte se encontraba desempleada.

El alcalde –cuyo apellido el lector hará bien en no intentar leer “Unterguggenberger”- apenas disponía de dinero para afrontar las urgentes obras públicas que necesitaba su pueblo.

La salida que encontraron fue la emisión de unos pagares sellados que respondían exactamente a la propuesta Geselliana de oxidación.

La circulación de esta moneda local se estima que  fue  alrededor de catorce veces mayor que la circulación del chelín.

En el año que duró la experiencia se logró incrementar el comercio, se construyeron casas, un puente y distintos servicios públicos logrando el pleno empleo.

La noticia corrió como reguero de pólvora en los pueblos vecinos, algunos de los cuales imitaron el proyecto de Worgl.

Adivine el lector el motivo por el cual se interrumpió este democrático proceso.

El Banco Central de Austria prohibió la circulación de estas saludables monedas locales, decisión respaldada posteriormente por la Corte Suprema de Austria.

Resultado: Worgl volvió a un desempleo del orden del 30%.

Proudhon vuelve a tener razón, el dinero no es la llave, es el cerrojo.

La lección de las cuasimonedas en Argentina

No tenemos que viajar tanto en tiempo y espacio para encontrar otro experimento Geselliano exitoso; basta recordar la calamitosa situación económica y social que vivimos en nuestro país luego de 2001.

El relato de lo que ocurrió lo dejaremos en manos del especialista en economía Geselliana, Carlos Louge; de su obra Keynes y Gesell ¿Nuevo paradigma? extraemos este párrafo:

La comprobación exacta de la utilidad del sistema monetario de Gesell se acreditó en la Argentina en el transcurso de los años 2001, 2002 y 2003. (…)

Para que no se produjese un caos, dada la recesión que sobrevino, dieciséis gobiernos provinciales emitieron bonos de cancelación (…) Esos bonos –en particular los patacones- emitidos por algunas provincias, al tener fecha de vencimiento, no podían darse en préstamo a interés ni depositarse como ahorros. Había que gastarlos para comprar cosas (bienes y servicios) con toda premura. Entonces la velocidad de circulación aumentó las transacciones y la economía física tuvo un auge productivo que puso fin a la recesión.

Decíamos al principio de este artículo que son dos las formas de introducir dinero en la economía.

La manera tradicional a través del endeudamiento y la segunda a través de poner dinero en el bolsillo de la gente (como la obra pública de Worgl o las cuasimonedas en Argentina)

De este modo se evita la tasa de interés que es una herramienta que destruye la economía social y que le permite a las élites obtener enormes ganancias y concentración de capital. La tasa de interés se ocupa de poner dinero en el bolsillo de los ricos (la mayoría de los cuales no trabaja), una astuta forma de saqueo legal.

No se trata de “combatir al capital” –tal como lo expresa la conocida marcha- sino que se trata de combatir la tasa de interés.

Por estos días parece resurgir el espíritu geselliano como se advierte en una nota de Página 12 del 28 de abril pasado, en donde encontramos el siguiente título:

“San Carlos: el primer municipio en lanzar una cuasi moneda”

Así lo anuncio su intendente, quien asegura que se emitirá para resguardar el dinero circulante y para que “la gente salga lo menos posible del pueblo”.

Las monedas regionales (complementarias)

Bernard Lietaer en su obra El dinero de la gente nos informa que las monedas regionales se utilizaron con mucho éxito en Europa Occidental durante más de mil años –entre los años 800 y 1.800.

Las monedas locales:

…permiten a las regiones movilizar sus propios recursos para abordar los asuntos de carácter local sin cargas para los contribuyentes, ni a escala nacional ni regional. Si estas monedas se desarrollan y respaldan en la escala correcta, podrían relanzar  las economías regionales sin incurrir en un gasto deficitario, tanto a nivel central como regional.

Según cálculos de Carlos Louge, para el año 2003 había en el mundo alrededor de 2000 sistemas de monedas complementarias, alcanzando en estos días una cantidad cuatro veces mayor.

A continuación una tabla en donde se destacan algunas monedas complementarias:

Denominación Región Fecha sistema información
Moneda Par Argentina 2017 Crédito mutuo http://www.monedapar.com
RES Bélgica 1995 Crédito mutuo http://res.be
Brixton Pound Londres 2009 Moneda local http://brixtonpoubnd.org
Equal dollars Filadelfia 1995 Moneda local www.equaldollars.org
Chiemgauer Baviera 2003 Moneda local http://www.chiemgauer.info
Sol Violette Toulouse 2011 Moneda local www.sol-violette.fr

La huerta en casa

Gesell  dice que los únicos competidores del dinero, que restringen su poderío, son la economía primitiva, el trueque y la letra.

En la economía primitiva el producto circula por el camino más corto, es decir de la mano a la boca.

Nada más revolucionario en estos tiempos de coronavirus que comenzar por casa. Una huerta casera –por pequeña que sea- será el comienzo de la necesaria toma de conciencia de la fragilidad de nuestro sistema económico ultra concentrado. El acceso directo y saludable a una alimentación básica no es un tema menor, es simplemente soberanía alimentaria.

El engañoso slogan que emplea la mayoría de los bancos para captar dinero del sistema, aquel que reza “ponga su  dinero a trabajar” no es más que una estafa. El dinero no trabaja, la gente es la que trabaja. Las personas que ponen su dinero a trabajar lo único que hacen es especular y si con ese juego logran aumentar su poder adquisitivo es a expensas de otra gente que trabajando pierde capacidad de compra, una transferencia de recursos vergonzosa.

En cambio, nada más saludable que poner en nuestras casas “semillas a trabajar”. En este caso decididamente la naturaleza trabaja para nosotros y con una generosidad infinita.

En Argentina hay miles de personas actuando en este sentido; como caso emblemático me permito recomendar el trabajo de Carlos Alberto Brigantiel reciclador-sembrando techos”. En YouTube el lector podrá encontrar varios vídeos explicativos. La huerta que este hombre ha desplegado en su terraza en medio de la ciudad es digna de imitación.

En un artículo de Página 12 del 17 de mayo el lector encontrará un reportaje a Francisco Pescio, experto del INTA en agricultura urbana. Trabajó en el Programa Prohuerta por más de 20 años. Desde 2016 coordina las huertas de la Quinta de Olivos cultivando las verduras que consume el presidente y distribuyendo el excedente en comedores de la zona. También es autor del libro: Mi casa, mi huerta. Técnicas de agricultura urbana del INTA.

Gesell desde el comienzo entendió la importancia de esta forma de economía.

No es casual que el mismo Keynes dedicara una parte de su  obra fundamental “Teoria general de la ocupación, el interés y el dinero” a la figura de Silvio Gesell a quien describió como un “raro e indebidamente olvidado profeta”; “autor y agricultor experimental” o esta categórica descripción:

Creo que el porvenir aprenderá más de Gesell que de Marx. El prefacio a The Natural Economic Order mostrará  al lector, si lo consulta, la calidad moral de Gesell

Para finalizar una profética reflexión de Lietaer, de su obra El dinero de la gente:

Estamos viviendo una especie de Apocalipsis. A medida que salen a la luz las verdades escondidas y la decepción a escala global, instituciones de larga tradición colapsan a cámara lenta.  La simple talla y complejidad de sus estructuras organizativas parecen desafiar la gestión responsable. Hasta el Dallas Fed, una rama del sistema de la Reserva  Federal estadounidense, está reclamando la disolución de los grandes bancos.

Sabemos que nuestra civilización requerirá cambios rápidos sin precedentes si queremos que nuestra especie sobreviva en este planeta.  Esto significa un aprendizaje masivo en todos los niveles sociales: todos necesitamos replantearnos nuestros hábitos de consumo, las empresas tiene  que reducir los desperdicios y maximizar su capacidad para respaldar el consumo responsable, las organizaciones comunitarias han de usar herramientas monetarias locales para movilizar a la gente a proteger y mejorar su entorno local.

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