CINCO GABINETES Y NINGUNA FLOR

Carlos MERENSON

El Jefe de Gabinete de Ministros, Santiago Cafiero, afirmó que: Argentina debe avanzar en la recuperación del país tras las consecuencias de la pandemia, y debe hacerlo en un mundo diferente, en el que se redefinen las prioridades y se presentan nuevos desafíos, agregando que: Para avanzar en esta nueva etapa de la Argentina y el mundo, necesitamos adaptarnos para poder dar respuestas de manera ágil a problemas cada vez más específicos.

Con tal objetivo, el gobierno nacional anunció la creación de cuatro gabinetes que se suman al gabinete económico: planificación urbana y hábitat; comercio exterior; promoción federal y ciudadanía.

Compartiendo la idea sobre la necesidad de organizarse para enfrentar el complejo escenario mundial que se avecina, se debe observar que la integración de los gabinetes creados hace suponer que no se ha considerado debidamente el rol preponderante de la cuestión ambiental en el proceso de cambio que se desarrolla. Las crisis ambientales globales que supimos conseguir han conducido a un replanteo de la conducta humana y de la estructura entera de la sociedad actual. Es en tal contexto que la decisión de incluir al Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible únicamente para integrar el gabinete de comercio exterior no parece encontrarse en la dirección correcta. Decisión que también invita a pensar que obedece a la obsesiva idea reduccionista de la cuestión ambiental que vincula el tema -exclusivamente- con el establecimiento de barreras pararancelarias.

La ausencia de la cartera ambiental y de desarrollo sostenible en el resto de los gabinetes es el aspecto más cuestionable en la iniciativa que nos ocupa, particularmente su no participación en el gabinete económico en el que, sin un enfoque bioeconómico, poco será el cambio que se pueda elaborar y menos las respuestas que se puedan dar. En un mundo incierto y cambiante, en el que se han globalizado los impactos ambientales y se ha chocado contra los límites biofísicos del planeta, no se puede esperar que economistas, sin conocimientos de ecología y termodinámica, por sí solos, puedan construir una economía verdaderamente sostenible.

Tampoco parece posible que se puedan plantear políticas federales, urbanas o de hábitat sin que se haga oír la vos del área de gobierno encargada de las evaluaciones ambientales estratégicas y de la planificación del ordenamiento ambiental del territorio.

Si se pretende redefinir prioridades, enfrentar nuevos desafíos y dar respuestas de manera ágil a problemas que emergen en un mundo diferente; lo importante es hacerlo sin apelar  a la racionalidad que nos trajo hasta el actual estado de cosas. La cuestión ambiental y del desarrollo sostenible no son cuestiones secundarias, accesorias o menores y ello tiene su correlato en el lugar que se le asigna al tema a la hora de avanzar en un rumbo diferente.

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