Carlos Merenson

El 21 de agosto nos preguntábamos: ¿de qué lado estamos? haciendo referencia al doble anuncio del presidente: por un lado confirmando que asistiría a la Cumbre de Líderes por el Cambio Climático a realizarse en Glasgow, donde la Argentina presentará una estrategia de largo plazo de neutralidad de carbono, afirmando que: “Tenemos un compromiso real por el cuidado ambiental” mientras que, por otro lado, se anunciaba la próxima presentación de un proyecto de ley que otorgaba incentivos y beneficios a la industria petrolera, estableciendo desgravaciones impositivas y subsidios para toda la producción de petróleo y gas.

Las dudas sobre el lado en el que nos encontramos parecen quedar aclaradas con el proyecto de Ley de Promoción de Inversiones Hidrocarburíferas que acaba de ser presentado. Proyecto que marcha a contramano de aquellas medidas que la opinión científica y el sentido común indican como las más indicadas para los graves momentos que nos toca enfrentar. Quienes tienen un compromiso real por cuidar el ambiente vienen exigiendo que se reemplacen los combustibles fósiles con energías renovables y limpias y que se eliminen de manera urgente los subsidios a los combustibles fósiles a la par que se apliquen políticas efectivas y justas para aumentar constantemente los precios del carbono de tal manera de desalentar su empleo.

Un proyecto que además de la objeción genérica que merece al alentar el uso de combustibles fósiles, habla de sustentabilidad energética y la define tan vagamente que cualquier emprendimiento, aún los más insostenibles, podría encuadrar en esa figura. Un proyecto que no otorga participación alguna a la autoridad ambiental nacional mientras coloca en cabeza de la Secretaría de Energía el control ambiental de las actividades promovidas (el lobo cuidando el gallinero). Un proyecto donde, por otra parte, la palabra ambiental figura tres veces y al pasar, casi de compromiso.

Es de hacer notar que, en pleno proceso electoral, con los márgenes de la grieta mas alejados que de costumbre, todo el productivismo -neoliberal y progresista- se mostró firmemente encolumnado tras los objetivos del proyectos de ley y es así que, en el acto de presentación, se encontraban presentes: Axel Kicillof, de Buenos Aires, Mariano Arcioni, de Chubut; Arabela Carreras, de Río Negro; Omar Gutiérrez, de Neuquén; Alicia Kirchner, de Santa Cruz; Gustavo Melella, de Tierra del Fuego; Gustavo Sáenz, de Salta; Rodolfo Suárez, de Mendoza; Sergio Ziliotto, de La Pampa; Gildo Insfrán, de Formosa, y Gerardo Morales, de Jujuy, a los que se sumaron representantes de sindicatos, empresas, organizaciones de PyMEs y legisladores.

Todo los separa, el productivismo los une.

No se pueden seguir derrochando relatos sobre compromisos inexistentes. Aquí lo que está en juego es la vida y por eso no existen posiciones intermedias. O se está del lado del productivismo desenfrenado, responsable de la crisis ecosocial global que nos conduce a un colapso civilizatorio o se está del lado de la vida, con quienes luchan por construir un mundo convivencial y verdaderamente sostenible.