Carlos Merenson

“Si los verdes acaban convirtiéndose en meros socialdemócratas ecológicos, entonces el experimento ha concluido, se habrá convertido en un desecho”. Petra Kelly (Dobson, 1997, p. 161)

«La ecología neutral, que más bien se parece a la jardinería, se hace cómplice de la injusticia de un mundo donde la comida sana, el agua limpia, el aire puro y el silencio no son derechos de todos sino privilegios de los pocos que pueden pagarlos». Eduardo Galeano (2009)

En la década de 1970, en “Su ecología y la nuestra”,[1] André Gorz afirmaba que las reivindicaciones ambientales, primero son férreamente resistidas por el establishment argumentando que conducen a la ruina y al triunfo de la anarquía y el oscurantismo, pero, cuando las circunstancias y la presión popular se hacen irresistibles, conceden lo que ayer negaban y -fundamentalmente- no cambia nada. Gorz consideraba que las elites del dinero y el poder, después de haber resistido durante mucho tiempo por las buenas y por las malas, cuando el impasse ecológico se ha convertido en ineluctable, finalmente ceden e integran este “inconveniente ambiental”, como han integrado al sistema todos los demás “inconvenientes”, a partir de lo cual advertía que la aceptación -obviamente gatopardista- de la cuestión ambiental por parte de las potencias del dinero era una seria probabilidad.

Probabilidad que se concreta en estos días en los que, como nunca, vemos calificar como sostenibles a todas y cada una de las insostenible practicas del extractivismo. Vemos hablar de “economía verde”, de economías descarbonizadas y de la necesidad de un New Green Deal a los más destacados defensores del sistema-mundo productivista.   Recordemos aquí que, frente a la crisis financiera desatada en 2007 y en vísperas de la cumbre Río+20, el G-20 realizo seis cumbres de jefes de Estado en las que propuso impulsar una “economía verde” capaz de llevar a tasas de crecimiento del PBI más altas y al aumento de la riqueza, lo cual, paradójicamente, es el motor de la destrucción ambiental. Propuesta que, además, en la medida en que se iba logrando administrar la crisis, quedó reducida a reclamar un firme compromiso con los principios del libre mercado; la sostenibilidad quedó restringida al crecimiento económico y asociada únicamente con la rentabilidad.

En un escenario en el que los integrantes del establishment compiten por ver quién es más y mejor “ambientalista”, se hace imprescindible plantear con claridad el alcance que tienen algunos términos que hoy se emplean con absoluta ligereza. Se trata de tiempos en los que resulta de fundamental importancia diferenciar lo que Gorz calificaba como: su ecología y la nuestra.

En enero de 2015 propuse una clasificación sistemática de las corrientes de pensamiento ambiental contemporáneas,[2] clasificación que nos ayuda a identificar “su ecología” en la mezcla caleidoscópica de las corrientes de tradición imperial, antropocéntricas y productivistas; mientras que “nuestra ecología” se identifica en las corrientes de pensamiento de tradición Arcadiana y antiproductivistas, entre las cuales, me detendré en la Ecología Política, de la que existen diferentes definiciones.[3]

Así mismo, resulta frecuente considerar que ambientalismo y ecologismo son una misma cosa; confusión que Dobson califica como: “un serio error intelectual, tanto en el contexto de una consideración del ecologismo como ideología política como en el marco de una cuidadosa presentación del radical desafío verde al consenso político, económico y social que domina el final del siglo XX”. (1997: 21)

Edgard Morin considera que: lo esencial de la consciencia ecológica reside en la reintegración de nuestro medio ambiente en nuestra consciencia antroposocial y en la complejización de la idea de naturaleza a través de las ideas de ecosistema y de biosfera.[4] Este proceso de «ecologización del pensamiento»; la toma de conciencia sobre la finitud del planeta que habitamos, en tanto sistema no creciente y materialmente cerrado; como así también el conocimiento de las complejas relaciones de interdependencia y los ciclos naturales que hacen posible la vida nos enfrentan a una incontrastable realidad: no podemos oponer un crecimiento infinito en lo finito; a la par que nos demuestran que tenemos necesidad de la dependencia ecológica para poder asegurar nuestra independencia. He aquí los conocimientos que alimentan el surgimiento de una nueva cosmovisión: la Ecología Política, basada en el ambiocentrismo como paradigma en las relaciones jerárquicas establecidas entre los seres humanos y el resto de la naturaleza; basada en la aceptación de la existencia de límites biofísicos para el crecimiento y en la identificación de la superideología productivista como la responsable última del choque contra tales límites biofísicos.

El ambiocentrismo; la aceptación de la existencia de límites biofísicos para el crecimiento y el antiproductivismo son entonces las posiciones que se integran como núcleo duro e irreductible de la Ecología Política, posiciones que se encuentran concatenadas de tal manera que ninguna de ellas puede estar ausente o ser relativizada.

Es por lo anterior que postulo que la Ecología Política es una cosmovisión y marco doctrinario en el que se estructura el pensamiento crítico y la acción política del ecologismo y propongo definirla como:

Cosmovisión que emerge a partir de la toma de conciencia tanto de la existencia de límites biofísicos para el crecimiento como de las muy graves consecuencias de exceder tales límites, lo que conduce a una revisión fundamental de la conducta humana y un cambio del sustrato superideológico productivista por un sustrato ecosocial en el que se puedan apoyar las estructuras y superestructuras de una sociedad convivencial y verdaderamente sostenible basada en los principios de justicia ecosocial; democracia participativa; respeto por la diversidad; no-violencia y sabiduría ecológica.

Considero que esta definición y los fundamentos que la sustentan son los que permiten, parafraseando a Gorz, diferenciar entre “su ecología”, que persigue un productivismo que se acomode a los inconvenientes ecológicos y “nuestra ecología”, que plantea la necesidad de un cambio radical económico, social y cultural que suprima los inconvenientes del productivismo y, por ello, instaure una nueva relación de los hombres con la colectividad, con su ambiente y con la naturaleza.  En definitiva, “su ecología” es sinónimo de gatopardismo; “nuestra ecología”, tal como lo propone Alain Lipietz,[5] es sinónimo de reformismo radical o, si nos atenemos a la gravedad del actual escenario ecosocial, es sinónimo de revolución.


[1] Publicado en “Ecología y política”, que reúne artículos entre 1973 y 1977 publicados en le Nouvel Observateur, le Sauvage y Lumière et Vie (Ed. El Viejo Topo, 1980)

[2] Ver documento en: UNA PROPUESTA DE CLASIFICACIÓN DE LAS CORRIENTES DE PENSAMIENTO AMBIENTAL CONTEMPORÁNEO – LA (RE) VERDE (laereverde.com)

[3] Eric R. Wolf la define como: “el estudio de la manera como las relaciones de poder median las relaciones humano-medio ambiente” (Wolf, E. 1972. “Ownership and political ecology”, Anthropological quarterly 45(3), pp. 201- 205). Enrique Leff por su parte sostiene que la Ecología Política se encuentra en el momento fundacional de un campo teórico práctico, afirmando que es la construcción de un nuevo territorio del pensamiento crítico y de la acción política. (Leff, E. 2006. La Ecología Política en América Latina. Un campo en construcción, documento electrónico: http://www.ambiente.gov.ar/infotecaea/descargas/leff01.pdf) El historiador Germán A. Palacio considera a la Ecología Política como un campo de discusión inter y transdisciplinario que reflexiona y discute las relaciones de poder en torno de la naturaleza, en términos de su fabricación social, apropiación y control de ella o partes de ella, por distintos agentes sociopolíticos. (Palacio C.; G. A. 2006. Breve guía de introducción a la Ecología Política (Ecopol): Orígenes, inspiradores, aportes y temas de actualidad, documento electrónico: http://imas2010.files.wordpress.com/2010/07/palacio-guia-ecologia-politica.pdf) Andrew Dobson, afirma que: “la Ecología Política es un conjunto de ideas con respecto al ambiente, las cuales pueden ser consideradas propiamente como una ideología: la ideología del ecologismo” (Dobson; A. 1997. Pensamiento político verde. Una nueva ideología para el siglo XXI. Barcelona, Paidós).

[4] Morin, E. (1996). El Pensamiento Ecologizado, documento electrónico: http://hdl.handle.net/10481/13582

[5] Ver en: El reformismo radical de la ecología política – EcoPolítica (ecopolitica.org)