Primera Estimación del Pasivo Socio-ambiental de la Expansión del Monocultivo de Soja en Argentina

Carlos MERENSON

Resumen

Con el objeto de contar con una aproximación al valor económico del “pasivo ambiental” originado por el monocultivo de soja en nuestro país, se ha tomado como base: la campaña 2007/2008 del referido cultivo.

Integrando el “pasivo ambiental” se han computado: la deforestación, la pérdida del servicio ambiental de secuestro y almacenamiento de carbono; la erosión de suelos y la exportación de nutrientes.

Las valoraciones económicas de cada uno de los ítems arriba señalados se efectuaron en base a datos disponibles en la bibliografía nacional e internacional y al solo efecto de contar con una primera aproximación, requiriéndose de estudios detallados para alcanzar resultados precisos.

De la valorización efectuada surge que el Pasivo Ambiental (PA) del monocultivo de soja en Argentina para la Campaña 2007/2008 totalizó US$ 4.462.173.820:

Introducción

Hoy en día, la gente conoce el precio de todo y el valor de nada.

Oscar Wilde

Tres son los objetivos generales y requisitos esenciales del Desarrollo Sostenible. En primer término: la erradicación de la pobreza; en segundo término: la modificación de las modalidades insostenibles de producción y consumo; y en tercer término: la protección y ordenación de la base de recursos naturales del desarrollo económico y social.

También tres resultan sus pilares interdependientes y que se refuerzan mutuamente: crecimiento económico; desarrollo social y protección ambiental.

En el caso de la producción sojera en nuestro país, no cabe duda que ha significado un aporte fundamental al crecimiento económico; pero no resulta tan claro su aporte al desarrollo social y a la protección ambiental, de allí que se pretenda aquí hacer un aporte al necesario debate que nos debemos sobre la estimación del “pasivo socio-ambiental” del monocultivo de soja en Argentina.

SojaEn el balance del ejercicio de una empresa, el “pasivo” es el conjunto de deudas y gravámenes que minuciosamente se analizan e inscriben en la contabilidad empresarial, para su contraposición con el “activo”.

Pero existe un particular tipo de pasivo que raras veces es contabilizado: el “pasivo socio-ambiental”, que equivale a la suma de todos los daños no compensados producidos en forma directa e indirecta por las actividades productivas a las comunidades locales o a la sociedad en general y al ambiente; como así también, el valor de los servicios recibidos del ambiente, que hacen posible las actividades productivas y que no son compensados o contabilizados como costos de producción.

El pasivo ambiental es en realidad una deuda hacia los titulares del ambiente, hacia la comunidad o país donde opera la empresa.

Lamentablemente las empresas no se ven obligadas a contabilizar tales pasivos socio-ambientales, ya que por la vasta experiencia acumulada para minimizar costos, cuando los tienen que pagar ellas mismas, seguramente lograrían reducir drásticamente sus impactos sociales y ambientales.

Los economistas normalmente visualizan el tema como fallas del mercado frente a “externalidades” que no le permiten al sistema de precios informar correctamente, razón por la cual no deben ser los responsables del daño quienes paguen la reparación o compensación requerida, sino que tales pasivos deben correr a cuenta de la sociedad en su conjunto.

Martínez-Alier y O´Connor mencionan al respecto que “…se podría decir que dichas deudas son éxitos de translación de los costos a la sociedad, que permiten a las empresas ser competitivas.”

Es en este contexto, que se analizará el caso de la producción agrícola en nuestro país, particularmente el cultivo de soja, para verificar nuestra auténtica competitividad, una vez contabilizados los pasivos ambientales.

La tarea no resulta simple ya que tendremos que lidiar con la valuación monetaria de muchos bienes no intercambiables en el mercado, muchas veces caracterizados como intangibles, algunos nos enfrentarán a problemas de inconmensurabilidad de valores en términos monetarios, tales como el valor monetario de la degradación de un paisaje, de la reducción de la diversidad biológica o de la erosión cultural. Otras veces los daños ambientales se manifiestan a largo plazo y ello hace dificultoso el cálculo de su valor monetario actual.

Calcular el valor monetario de la diversidad biológica en la región donde se expande el monocultivo de soja resulta una tarea sumamente compleja que excede el alcance del presente documento, no obstante lo cual cabe observar que en los cálculos del valor monetario de la deforestación, de la captura de carbono o de los impactos edáficos, quedaran parcialmente computados los valores monetarios de la diversidad biológica.

Pese a lo anterior, intentaremos un cálculo preliminar del pasivo ambiental originado en la producción de los 48.000.000 t de soja correspondiente a la campaña 2007/08, para lo cual nos limitaremos a explorar los costos de los principales daños ambientales ocasionados y el valor del secuestro y almacenamiento de carbono en bosques.

Área de Expansión del monocultivo de soja

Si bien el área sembrada con soja tiene una amplia dispersión geográfica, es en la región del Parque Chaqueño donde se registra su explosiva expansión.

pch_regional_250Motiva lo anterior, además de los avances en materia de biotecnología que posibilitan expandir el cultivo sobre nuevas áreas, el marcado diferencial existente en cuanto al valor de la tierra. Mientras que en la zona núcleo (Sur de Córdoba y Santa Fe y Norte de Buenos Aires) los campos oscilan entre los U$S 6000 y U$S 18.000/ha; en Salta, Chaco o Santiago del Estero, su precio varía entre U$S 200 y U$S 1500/ha.

Obviamente, no resulta casual entonces que el área sembrada en la Pampa Húmeda haya aumentado un 85% entre las campañas 1997/98 y 2004/05, mientras que en el NOA lo haya hecho un 220%, en el NEA un 417% y en otras regiones marginales lo haya hecho en un 522%.

Cálculo del pasivo ambiental de la soja

Deforestación

Detengámonos en la deforestación en tanto en ella reside uno de los mayores impactos ambientales del avance de la monocultura sojera.

Los ecosistemas boscosos son la organización vegetal más compleja, involucrando diferentes tipos biológicos vegetales como hierbas, arbustos, árboles, formaciones vegetales que brindan un hábitat adecuado para otro tipo de organismos, constituyendo un sistema biológico complejo, que se ha establecido sin la intervención del hombre, con una alta biodiversidad.

Por otra parte, estos ecosistemas brindan una serie de bienes y servicios (funciones biológicas, reguladoras del clima, protectoras del suelo, además de las culturales y recreativas), que se ven afectados seriamente por la degradación y eventual pérdida de las masas forestales nativas.

Analicemos en forma particular el estado de conservación en la región del Parque Chaqueño que es el escenario de acelerada expansión del monocultivo de soja y la región de Yungas que directa o indirectamente recibe los impactos derivados de ese modelo no sostenible.

En toda la región chaqueña la expansión de la frontera agropecuaria ha modificado profundamente la composición de las comunidades vegetales, sea destruyendo el estrato herbáceo y facilitando la invasión de especies arbustivas, sea eliminando las especies forestales más valiosas, o bien talando o quemando totalmente el bosque para habilitar terrenos destinados a la agricultura.

En muchos sectores se experimentan graves procesos de deterioro como aridización y salinización de extensas zonas, donde antes se encontraban tierras cultivables, pasturas o bosques naturales.

Obviamente la fauna ha sido afectada indirectamente por la modificación del hábitat.

A estos procesos de degradación debe sumarse la acción de los incendios, a menudo intencionales, que destruyen comunidades naturales enteras y se propagan sin control por los sistemas serranos.

desmonteUna de las causas principales actuales de pérdida de los bosques nativos es sin duda el avance de la frontera agropecuaria. Miles de hectáreas son desmontadas para el cultivo de diferentes especies agrícolas, en particular de la soja, en los últimos diez años.

Los datos del Primer Inventario Nacional de Bosques Nativos demuestran una constante perdida de superficie de Bosque Nativo y la existencia de una aceleración del proceso en las últimas décadas.

La Argentina entra a partir de la década de 1990 y probablemente desde el año 1980 en un nuevo pulso de deforestación favorecido por la inversión en infraestructura, los cambios tecnológicos (transgénico y siembra directa) y el contexto internacional (globalización) que motivan probablemente uno de los procesos de transformación de bosques nativos de mayor dimensión en la historia del país.

Este proceso se ve agravado en la actualidad por el reemplazo de los bosques por un monocultivo de soja, que deteriora el sitio de tal manera que se puede asumir que la conversión es de tipo permanente y si las tierras fueran abandonadas no se podría recuperar la vegetación natural original deteniéndose la sucesión en etapas tempranas como arbustal.

Mientras la tasa media mundial de deforestación para el período 2002/2006 fue de -0,18%, en Formosa alcanzo: -0,25%; en Santa Fe: -0,54; en Chaco: -0,65%; en Salta: -1,54%; en Santiago del Estero: -2,17% y en Córdoba: -2,52%. Superando entre 1,4 y 14 veces la tasa mundial.

En el trabajo de Costanza et al de 1997, se calcularon los valores económicos de los servicios brindados por los diferentes ecosistemas, llegando a la conclusión que, para el caso de los ecosistemas forestales del mundo, la suma de servicios tales como: regulación de disturbios naturales y del ciclo del agua; el abastecimiento de agua; el control de la erosión; la formación de suelos; el ciclo de nutrientes; el tratamiento de desechos; el control biológico; la producción de alimentos y materias primas; los recursos genéticos; recreación y valores culturales; ascendía a valores actualizados a U$S 1272/ha/año.

De acuerdo a los datos disponibles de monitoreo de la deforestación, se puede estimar en 600.000 ha la pérdida de bosques atribuibles al avance de la monocultura sojera en la campaña 2007/08.

En consecuencia, la campaña 2007/2008 de soja definió una pérdida por deforestación, en concepto servicios ambientales no percibidos de: U$S 763.200.000.

El mercado de carbono

El carbono liberado por hectárea por deforestación en la región chaqueña puede estimarse en 217 tCO2.

Los valores en el mercado de carbono promedian US$ 12/tCO2, con lo cual reducir tales emisiones evitando la deforestación define un valor potencial de US$ 2604/ha no deforestada.

Considerando que la campaña de soja 2007/2008 motivó 600.000 ha de deforestación, concluimos que el valor potencial en juego asciende a US$ 1.562.400. 000

El valor calculado debe agregarse como pasivo en tanto no se lo ha computado dentro del costo de los servicios ambientales de los ecosistemas forestales en el título anterior.

co2_5En relación al Cambio Climático Global, la Argentina está ubicada tercera en América Latina, después de Brasil y México, en emisiones absolutas de gases efecto invernadero responsables del calentamiento global.

El sector agrícola es después del sector energético el más importante en emisiones en la Argentina. En el año 2000 fue responsable aproximadamente del 23,5% de las emisiones del país, fundamentalmente en forma del gas efecto invernadero óxido nitroso (N2O).

Una gran parte de esas emisiones están vinculadas al cultivo de soja. En el año 2000, casi el 25% de las emisiones del sector agrícola estaban vinculadas a la soja. Asimismo, resulta preocupante el crecimiento en las emisiones (11,25 % anual) vinculada a esta actividad a partir del notable incremento en la superficie plantada año a año.

Resulta doblemente preocupante si sumamos las emisiones vinculadas al desmonte de bosque nativo para siembra de soja.

Emisiones vinculadas al cultivo de soja, maíz y trigo

Cultivo Soja Maíz Trigo
Emisiones (kg CO2e /ha/año) 1.528 1.191 734
Diferencia vs. Soja(kg CO2e /ha/año) -337 -794

Pasivo Edáfico

Un costo raramente tenido en cuenta en el análisis de rentabilidad del cultivo de soja en nuestro país, es el costo del deterioro del suelo que genera su monocultivo.

Respecto al impacto producido sobre el suelo, existe un conjunto de circunstancias tecnológicas y económicas que repercuten gravemente sobre este recurso, poniendo en peligro el desarrollo sostenible de los agroecosistemas. El principal problema de la degradación del suelo es la forma de utilización del cultivo como monocultivo y el manejo del suelo sin respetar su aptitud agrícola.

El monocultivo de soja tiene las características de ser un cultivo extractivo de nutrientes del suelo que exige una práctica de rotación determinada según la zona y a su vez, en ciertos suelos no es aconsejable a pesar de sus buenos resultados económicos a corto plazo.

Otro de los problemas relacionados con el auge de la soja, es el considerable avance de la frontera agrícola sobre suelos no aptos o montes nativos de importante riqueza natural, no sólo en cuanto a la preservación de la biodiversidad de la región y la provisión de bienes y servicios, sino como hogar y medio de vida para miles de personas.

35El monocultivo de la soja avanzó sobre montes nativos, como el Bosque Chaqueño que se despliega en las provincias de Chaco, Formosa, Santiago del Estero, el noroeste de Santa Fe y noreste de Salta arriesgando la estabilidad de los ecosistemas. Favorecido por un ciclo húmedo, avances en biotecnología, métodos de labranza y la expectativa de buenos precios a partir de la devaluación, el avance vertiginoso de la agricultura sobre los bosques es uno de los problemas mas graves en cuanto a la degradación del suelo.

En tal contexto la permanencia de la producción agrosilvopastoril tradicional (práctica conservacionista del recurso), entre otras, se ve seriamente comprometida.

 

Para contar con una valuación económica del “pasivo edáfico” tomaremos en consideración a los procesos de erosión y a la pérdida de fertilidad.

Erosión de suelos

En materia de cálculo del daño a la conservación del suelo, resulta indispensable establecer el valor de su “tolerancia” (T), que surge de la relación entre formación y degradación de los suelos.

El concepto fue introducido por Wischmeier and Smith (1958) para determinar una tasa aceptable de erosión de suelo y así planificar un uso apropiado del mismo.

Los valores usados corrientemente están basados en una aproximación estrecha de algunos efectos de la erosión en el sitio.

La tendencia actual y apropiada es a ensanchar este alcance, para determinar la tasa máxima permisible de erosión que:

  • no comprometa al recurso suelo,
  • no contamine las aguas naturales
  • no reduzca la calidad del aire.

El Dr. Walter A. Pengue menciona que “El cultivo de soja tiende a erosionar los suelos, especialmente en aquellas situaciones donde no es parte de rotaciones largas.”

Estimando que la pérdida de suelos originada en el monocultivo de soja alcanza valores entre 19 y 30 toneladas por hectárea en Argentina, variando en función del manejo, la pendiente o el clima.

De los datos arriba citados, surge un promedio de pérdida de suelo por erosión equivalente a 25 toneladas/ha. Dado que no contamos con datos precisos sobre valores de T que reflejen las diferentes situaciones que se pueden presentar en el área de expansión del monocultivo de soja, nos basaremos en valores de T máxima, disponibles en la bibliografía internacional, calculada para un suelo altamente erosionable, como son los suelos que se encuentran en las áreas de expansión del cultivo en nuestro país, particularmente cuando se desmonta para su habilitación; concluyendo que en promedio la pérdida que supera los valores de T es de 20 t/ha.

Si el área sembrada total de soja para la campaña 2007/2008 alcanzó las 16.800.000 ha, y de ellas, 8.000.000 ha corresponden al NOA (Salta, Tucumán, Jujuy, Catamarca y Oeste de Sgo del Estero); al NEA (Chaco; Este Sgo del Estero y Formosa); al Centro-norte de Santa Fe y Córdoba; al Norte de La Pampa y Oeste de Buenos Aires; al Sudoeste de Buenos Aires y Sur de La Pampa; al Sudeste de Buenos Aires y las de San Luís y la Depresión del Salado; podemos considerar que la campaña de soja 2007/2008 originó una pérdida por erosión equivalente a 160.000.000 t de suelo.

A escala global, se pierden anualmente 75 mil millones de toneladas de suelo, que representan un costo de US$ 400 mil millones, con un promedio de U$S 5,33/t de suelo perdido (Lal, R., 1998. Soil erosion impact on agronomic productivity and environment quality. Critical Reviews in Plant Sciences 17: 319-464).

Si consideramos la pérdida promedio excedente de los valores de tolerancia, de 20 t/ha, tendremos un costo de U$S 106/ha, que sobre los 8 millones de hectáreas representan U$S 852.800.000.

Exportación de nutrientes

El Ing. Agr. Fernando Miguez en su trabajo “Análisis de la Rentabilidad del Cultivo de Soja en Argentina” aporta datos sobre los niveles de exportación de nutrientes implicados en el monocultivo de soja en Argentina, citando a Flores y Sarandón, 2002 que estimaron que entre 1970 y 1999 se exportaron 23 millones de toneladas de N, P y K de la pradera pampeana y que la soja fue responsable del 45,6% de esa pérdida. El costo de reposición de los nutrientes exportados en los 30 años alcanzó a 1825 $. ha-1 para el cultivo de soja, lo que representó el 20,6% de los márgenes brutos promedios de la década del ’80 y ’90, a pesos constantes de enero 2000.

“Esto pone de manifiesto la necesidad de incorporar el costo ecológico al análisis económico tradicional, pero teniendo presente que el mal uso de la agricultura genera externalidades que son muy difíciles de cuantificar y más aún revertir, por lo que su valoración económica es muy relativa. Para que la producción agrícola sea sostenible se deben respetar primero los límites ecológicos del sistema, para luego tratar de maximizar la rentabilidad.”

La pregunta que surge y queda pendiente, es si estamos produciendo granos o vendiendo el campo en cuotas?

En el siguiente cuadro y basado en datos de Walter Pengue de 2003, podemos estimar la exportación de nutrientes (N, P) y sus costos de reposición para la cosecha de 48.000.000 t correspondientes a la campaña 2007/2008.

Nitrógeno Fósforo Total
Extracción en tn 1.440.000 321.600 1.761.600
Fertilización equivalente tn 3.130.447 1.566.192 4.696.639
Costo de reposición (U$S) 260/tn 300/tn
Estimación costo de reposición (U$S) 813.916.220 469.875.600 1.283.773.820

El costo total de reposición de N y P para la campaña sojera 2007/2008 alcanza un valor total de: U$S 1.283.773.820

Cuadro de resultados

Pasivo Ambiental del monocultivo de Soja Campaña 2007/2008(U$S)
Erosión de suelos 852.800.000
Pérdida Nutrientes 1.283.773.820
Deforestación 763.200.000
Carbono 1.562.400. 000
Total 4.462.173.820

Agua Virtual

huella hídricaCon el 70% de nuestro territorio bajo condiciones de aridez y semiaridez la adecuada gestión de los recursos hídricos no debe resultar un tema secundario, particularmente cuando, biotecnología mediante y bajo costo relativo de la tierra, la frontera agropecuaria avanza raudamente en esas frágiles regiones de nuestro país.

La producción de alimentos, se realiza principalmente a través de la función clorofílica y este proceso exige grandes cantidades de agua con el fin de transformar el CO2 de la atmósfera en materia orgánica; agua que puede proceder tanto del «agua verde», que está en el suelo procedente de la lluvia, como del «agua azul» del regadío con aguas superficiales o subterráneas.

Los conceptos de seguridad alimentaria e hidrológica que han estado vigentes durante siglos están cambiando aceleradamente pudiendo afirmar que hoy es más barato transportar los alimentos que el agua necesaria para producirlos, con o cual la política del agua de un país va a estar cada día más íntimamente relacionada con su política agrícola, tanto de producción de alimentos como de su importación y/o exportación; emergiendo el “agua virtual” como un nuevo concepto que debe ser ponderado a la hora de tomar decisiones.

El concepto de agua virtual de un producto puede definirse como el agua necesaria para producirlo y procesarlo, ya sea éste agrícola o industrial.

Se trata de un concepto útil para calcular el uso real del agua de un país, su “huella hídrica”, que resulta equivalente al total de la suma del consumo doméstico y la importación de agua virtual del país, menos la exportación de su agua virtual. Se trata de un indicador de la demanda del país respecto a los recursos hídricos del planeta.

Según A.Y. Hoekstra, un experto del Instituto UNESCO-IHE:

  • 90% del comercio global de agua virtual está relacionado con el comercio internacional del agro (67% los cultivos y 23% ganado y productos cárnicos);
  • 10% está relacionado con el comercio de productos industriales.

No es casual entonces que Argentina sea el cuarto mayor exportador de agua virtual a nivel mundial y que la soja juega un rol fundamental en el volumen de agua virtual que exportamos.

La bibliografía disponible para Argentina indica que en promedio, se requieren 1250 m3 de agua para producir 1 tn de soja, lo cual significa que los 48.000.000 de toneladas que se produjeron en la campaña 2007/2008 en nuestro país, requirieron de unos 55.000 millones de metros cúbicos de agua para producirlos, lo cual no sería posible hacerlo si el agua no tuviera costo cero para los productores, como es la que viene de la lluvia. Obviamente es así como lo conciben los países importadores de granos que no la incluyen en el precio que pagan por ellos en el comercio mundial.

El Pasivo Social

En las actuales condiciones, la expansión no planificada de la soja resulta desde el punto de vista ambiental, la mayor amenaza sobre la diversidad de ecosistemas, especies y recursos genéticos de Argentina.

Sin embargo no es en las casi siempre caprichosas y discutibles combinaciones numéricas del análisis económico, en las que debemos centrar nuestra atención a la hora de efectuar un balance integral (económico, social y ambiental) de un modelo agrícola en expansión, como la monocultura sojera en nuestro país.

Por el contrario, antes que nada corresponde centrar nuestra atención en los auténticos “valores” que están en juego cuando se decide un modelo agropecuario insostenible, valores que nunca resultan reductibles a unidades monetarias.

En la región del Parque Chaqueño y su área de influencia, habitan numerosos Pueblos Originarios y comunidades campesinas.

Entre los Pueblos Originarios se distinguen los Mocoví (16.000 personas); Pilagá (5000 personas); Toba (70.000 personas); Wichi (40.000 personas); Diaguita-Calchaquí (6000 personas); Tonocoté (5000 personas); Quom y Vilela. Haciendo un total de mas de 140.000 pobladores indígenas.

El explosivo avance del monocultivo sojero amenaza la existencia de los bosques en la región y por lo tanto presiona a los pueblos originarios y a muchas comunidades tradicionales que dependen de ellos, en tanto proporcionan todo lo que necesitan, desde alimento y cobijo hasta herramientas y medicinas, jugando también un papel crucial en su vida espiritual.norte

Si bien antes de la irrupción de la soja ya se experimentaba en la región una elevada tasa de deforestación, la aceleración experimentada por el avance de la frontera agropecuaria no reconoce precedentes, convirtiendo al monocultivo de soja en el principal agente de destrucción del Parque Chaqueño, definiendo una preocupante pérdida de diversidad biológica y en muchos casos la contaminación del ambiente en el que habitan los pueblos originarios y las comunidades campesinas, con graves secuelas de pobreza, desnutrición y migraciones forzadas.

Es así como en la campaña 2007/08 de soja, se utilizaron el equivalente a 200 millones de litros de Glifosato, herbicida que se lo vincula con numerosos casos de cáncer, malformaciones, alergias de todo tipo, así como enfermedades autoimunes y “raras”, que afectan a los pobladores – especialmente niños y mujeres – sometidos a los efectos de las fumigaciones realizadas en masa en las cercanías o directamente sobre los poblados.

Otro de los impactos detectados lo constituyen las migraciones forzadas. Si bien no son muchos y actualizados los datos disponibles, resultan ilustrativos los siguientes cuadros:

Año BosqueNativo(ha) PoblaciónRural%
1947 32.950.000 70
2002 18.610.450 19

Muchos de los impactos destacados en el caso de Pueblos Originarios son también recibidos por las comunidades locales, campesinas y de pequeños productores. Las explotaciones mixtas e intensivas son las que arraigan a los productores y sus familias a la tierra. La descontrolada “agriculturización” motivada por el monocultivo de soja, fue desplazando a los productores e hizo que abandonaran sus chacras, tambos y pequeñas producciones regionales de alto interés social, que daban fisonomía a un campo diversificado y con una sólida estructura socio-cultural y que debieran refugiarse en los centros poblados, mudando de actividad los que pudieron y los que no padecen el desempleo, la pobreza y la marginalidad.

Otros datos pueden ilustrar sobre los impactos sociales en la región de expansión del monocultivo de soja en Argentina.

Mientras que las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) en el Total País alcanzan al 14,3% de los hogares, Chaco alcanza al: 27,6%; Formosa al 28,0%; Santiago del Estero al 26,2% y Salta al 27,5%. En todos los casos aproximadamente duplican el promedio nacional.

En forma similar se puede verificar que la pobreza e indigencia en el total de aglomerados urbanos y por región estadística, correspondiendo al NOA y NEA el área de interés en el presente documento, también duplica los promedios nacionales.

Todo ello, obviamente, no puede ni debe ser reducido a valor monetario alguno y el mercado nunca podrá reflejarlo de manera alguna. Todo ello nunca debería ser ajeno a la toma de decisiones, públicas o privadas, en tanto se sitúan en el primer lugar entre los pasivos sociales y ambientales de los modelos insostenibles.

Frente al insostenible modelo que plantea el monocultivo sojero y parafraseando al Dr, Antonio Andaluz, bien podemos afirmar que los recursos naturales renovables – suelos, agua, aire, flora y fauna, diversidad biológica – así como al equilibrio local, regional y global de los ecosistemas, constituyen el elemento esencial de la heredad natural de un país y su destino hace al destino del país.

Muchos países no han perdido sus suelos a manos de una potencia extranjera sino que los han perdido por propia mano, deforestando sus territorios irracionalmente.

Si hay algo más dramático que el refugiado político en patria extranjera, es el refugiado ambiental en su propia patria.

Si hay algo más doloroso que la pérdida de la patria a manos de una potencia extranjera, es la pérdida de la patria a manos de los propios connacionales.

¿Ante quién podemos reivindicar los suelos erosionados, los ecosistemas desertificados, las especies extinguidas, la pérdida de diversidad genética, la degradación o desaparición de los cuerpos de agua?

Y menos aún ¿ante quiénes podemos reivindicar la creciente pobreza, la desnutrición, las migraciones forzadas, el desarraigo y la pérdida de identidad cultural de miles de connacionales?

¿Qué es entonces la heredad nacional que ya no es heredad?

¿Qué es la patria que ya no es patria?

“Solo un necio confunde valor y precio”

Antonio Machado

Proverbios y Cantares

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