DIMENSIONANDO LA DEFORESTACIÓN

LA ARGENTINA DEFORESTADA

 

Dimensionar la deforestación acontecida en nuestro país siempre ha sido motivo de controversias. La literatura especializada propone abundantes y contradictorios datos referidos a la evolución de la cobertura forestal argentina. Existen estimaciones de variadas fuentes, correspondientes a diferentes años, la mayor parte heterogéneas por su alcance y de poca confiabilidad en cuanto a su magnitud, distribución y condiciones de las masas forestales nativas.

Domingo Cozzo, primero en “La Argentina Forestal” (1967) y más tarde en “Las pérdidas del primitivo paisaje de bosques, montes y arbustiformes de la Argentina con especial referencia a sus territorios áridos y húmedos” (1992) estima que el paisaje primitivo se extendía en 1.700.000 km2 (61,0% del territorio) siendo 425.000 km2 (15,2%) de bosques propiamente dichos y de montes “boscosos”, y 1.275.000 km2 (45,8%) de matorrales-arbustales y montes bajos, ralos. El 76% cubría terrenos de las regiones áridas y el 24% de las húmedas. En la literatura no abundan las estimaciones anteriores a 1915 y más específicamente al área cubierta por masas forestales nativas en tiempos de la Colonia.

Dimensionar el proceso de deforestación acontecido en Argentina durante el período que nos ocupa, requiere contar con una estimación de la superficie cubierta por masas forestales nativas en 1810. A tal fin, emplearemos un enfoque “biogeográfico”[1] y nos apoyaremos en los cálculos de superficie de las áreas de cobertura del Primer Inventario Nacional de Bosques Nativos, único proveedor de datos a escala nacional, originados en una metodología de inventariación que contempló entre otras, tareas de georreferenciación de imágenes satelitales, estratificación forestal, diseño de muestreo, verificación, modelos de volumen y construcción de una base de datos compuesta por la información proveniente del procesamiento de las imágenes de satélite, la digitalización de las cartas topográficas nacionales y la compilación del inventario forestal.

Formularemos aquí una hipótesis por la cual, los impactos antrópicos sobre las masas forestales nativas en tiempos de la Colonia resultaron de poca significación y, en razón de ello, las regiones biogeográficas con masas forestales nativas se podían considerar como cubiertas prácticamente en la extensión alcanzada por la evolución natural al tiempo del descubrimiento de América. De allí que el conocimiento de las regiones biogeográficas resulte indispensable para estimar tales extensiones y adoptarlas como punto de partida para 1810.

Esta hipótesis encuentra su fundamentación en las características adoptadas por el modelo económico en tiempos de la Colonia, liderado casi exclusivamente por la minería, con la plata como producto central y en menor medida, el cobre, estaño y oro.

Esta producción, que implicó el desarrollo de un servicio de transporte entre el Alto Perú y el puerto de Buenos Aires, motivó dos actividades productivas conexas: la cría de mulas (Tucumán) y la construcción de carretas (en las ciudades de San Miguel de Tucumán y en la ciudad de Mendoza). Dado que la mayoría de la población se concentraba en las zonas alto peruanas, se generó una fuerte demanda de alimentos y ropas que fueron satisfechas en gran parte por el desarrollo de la región pampeana como proveedora de ganado vacuno, de las Misiones y el Paraguay de yerba mate, de la región cuyana de vinos y aguardientes y de Santiago del Estero de algodón y textiles. Por lo demás, en todo el amplio territorio virreinal, se practicaba una agricultura de subsistencia, fundamentalmente de carácter hortícola.

El Virreinato del Río de la Plata se extendía en un territorio que rondaba los 5.000.000 km2 y su población no superaba los 800.000 habitantes, definiendo una densidad poblacional de 0,16 habitantes/km2, muy lejos de nuestra actual densidad poblacional de 14,35 habitantes/km2.

Es así que la escasa población que habitaba los inmensos territorios del Virreinato del Río de la Plata[2] (particularmente la que habitaba en los territorios de la actual República Argentina) y las características de la economía virreinal, fundamentalmente minera y concentrada en el Alto Perú, con algunas pocas excepciones – caso del cultivo de algodón en Santiago del Estero, la yerba mate en Misiones, las vides en la región cuyana y la caña de azúcar en Tucumán – no implicó procesos deforestadores. No obstante, es de hacer notar que existía un consumo de maderas y leñas, tanto para uso doméstico como para las actividades de la producción que por su baja escala, no incidió como factor de deforestación.

Por otra parte, tengamos en cuenta que la localización de las economías coloniales quedaba definida por la existencia de recursos naturales y la distancia para su explotación y comercialización. Es así que las explotaciones se concentraban sobre aquellos recursos naturales vecinos a las diferentes vías navegables, en tanto que la explotación de los recursos ubicados en el interior del continente y alejados de tales vías era prácticamente inexistente. Ello explica la razón por la cual el actual territorio de Argentina registraba un muy bajo grado de desarrollo durante la época colonial y en consecuencia, una muy escasa tasa de deforestación.

Regresando a nuestra hipótesis, analicemos las características biogeográficas de Argentina.

Nuestro territorio forma parte de dos regiones biogeográficas: la Neotropical y la Antártica. La primera se extiende desde el Desierto de Sonora, en el límite entre Estados Unidos y México, hasta el límite sur de Sudamérica continental, a excepción de una estrecha franja a ambos lados de los Andes del sur de Argentina y Chile, así como la Isla Grande de Tierra del Fuego y las restantes islas australes, que están comprendidas en la Región Antártica.

Las regiones biogeográficas suelen dividirse en “Dominios” y estos en “Provincias”, razón por la cual haremos mención aquí solo a aquellos que resultan de interés a nuestros fines. En la Región Neotropical nos interesa el Dominio Amazónico con sus Provincias: “de las Yungas” y “Paranaense”, como así también el Dominio Chaqueño con sus Provincias: “Chaqueña”, “del Monte” y “Espinal”. Dentro del Dominio Antártico nos interesa el Dominio Subantártico y su Provincia Subantártica.

Una de las primeras decisiones que se debieron adoptar al planificar el Primer Inventario Nacional de Bosques Nativos fue la de establecer las “áreas de cobertura” que lo integrarían y allí el criterio adoptado fue el de basarse en las seis regiones fitogeográficas en las que la vegetación dominante es la arbórea, también conocidas como “regiones forestales”.

En el siguiente cuadro asimilaremos las regiones forestales adoptadas a las provincias biogeográficas arriba mencionadas.

PROVINCIA BIOGEOGRÁFICA REGIÓN FORESTAL
Provincia de las Yungas Selva Tucumano Boliviana
Provincia Paranaense Selva Misionera
Provincia Chaqueña Parque Chaqueño
Provincia del Monte Monte
Provincia del Espinal Espinal
Provincia Subantártica Bosque Andino Patagónico
Elaboración propia

 

Con el objeto de calcular el área total cubierta por masas forestales nativas para el año 1810, tomaremos la sumatoria de las superficies correspondientes a cada una de las seis regiones forestales de la República Argentina[3], tal como fueran medidas y consignadas en el Informe Nacional del mencionado inventario, aplicando una corrección mediante el descuento de aquellas áreas que, por su naturaleza, no podían contener masas forestales nativas.

En 1810, de acuerdo a lo expuesto, las masas forestales nativas se extendían sobre 140.574.906 de hectáreas del territorio nacional, lo que equivale a una cobertura forestal del 50,6% del mismo. Para contar con un mayor detalle, en el siguiente cuadro se consignan para cada región forestal, la superficie total y la corregida.

 

SUPERFICIE TOTAL (HA) CORRECCIÓN MASAS FORESTALES NATIVAS
PARQUE CHAQUEÑO 67.641.108 16.643.690 50.997.418
MONTE 47.191.093 1.661.265 45.529.828
ESPINAL 32.939.454 714.178 32.225.276
YUNGAS 5.476.394 761.073 4.715.321
BOSQUES ANDINO PATAGÓNICOS 7.599.816 3.439.142 4.160.674
SELVA MISIONERA 2.960.857 14.468 2.946.389
TOTAL 163.808.722 23.233.816 140.574.906
Elaboración propia

 

Establecido el punto de partida, se analizaron los datos del Inventario Nacional obtenidos en base a imágenes satelitales correspondientes a los años 1997/98, diferenciándose tres categorías: masas forestales nativas degradadas (MFN-D)[4], áreas convertidas y masas forestales nativas remanentes (MFN-R)[5].

En el siguiente cuadro se consignan para cada región las superficies correspondientes a las tres categorías arriba mencionadas.

MFN-D(ha) Áreas Convertidas(ha) MFN-R(ha)
PARQUE CHAQUEÑO 13.221.252 16.070.660 21.705.506
MONTE 42.995.495 2.534.333 0
ESPINAL 6.157.475 23.411.054 2.656.747
YUNGAS 325.075 657.261 3.732.985
BOSQUES ANDINO PATAGÓNICOS 2.223.892 41.528 1.895.254
SELVA MISIONERA 52.329 1.440.679 1.453.381
TOTAL 64.975.518 44.155.515 31.443.873
Elaboración propia

 

Es así que podemos afirmar que, en los dos siglos transcurridos desde 1810, hemos degradado 65 millones de hectáreas de masas forestales nativas y convertido a otros usos del suelo otras 44 millones de hectáreas. Del patrimonio forestal original hoy solo restan 31 millones de hectáreas de masas forestales nativas (22% del área original) habiéndose reducido la cobertura forestal territorial al 11,3%.

La degradación de las masas forestales nativas fue originada por diferentes prácticas insostenibles de explotación forestal o por su abandono tras usos agroganaderos. Para la definición adoptada de “deforestación”, el área afectada resulta ser la suma entre las masas forestales nativas degradadas y las áreas convertidas, lo cual totaliza 109.000.000 de hectáreas.

De los guarismos surge entonces que, desde principios del siglo XIX, ha existido una clara tendencia declinante de la cobertura forestal de nuestro país, con una tasa promedio de deforestación de 545.000 hectáreas por año.

Repasar nuestra historia en relación al complejo modelo causal de fragmentación, degradación y pérdida de las masas forestales nativas nos obliga a indagar las causas directas (que operaron mediante el avance de frentes de producción en territorios forestales) y las causas subyacentes, que hicieron posible tales avances.

[1]                     Parte de la Geografía que estudia la distribución de los seres vivos sobre la Tierra y las condiciones en las que estos se desenvuelven.

[2]                     La evolución de la población del Virreinato del Río de la Plata estuvo sometida en medida importante a las fluctuaciones en el número de indígenas incorporados a las economías regionales. La extinción de esta población indígena y la escasa inmigración de población europea y de otras zonas del continente, permite suponer que la población total del actual territorio argentino permaneció estancada o decayó entre los siglos XVI al XVIII.

[3]                     Selva Misionera, ubicada en la provincia de Misiones y una pequeña porción en el noreste de Corrientes, cubriendo una superficie total de 2.960.857 ha; Selva Tucumano Boliviana o “Yungas”, que se extiende desde el límite con Bolivia al Norte, hasta la Provincia de Catamarca, cubriendo una superficie total de 5.476.394 ha; el Parque Chaqueño, que abarca la totalidad de las provincias de Formosa, Chaco y Santiago del Estero, y partes de Santa Fe, San Luis, Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, San Juan, Córdoba y Corrientes, cubriendo una superficie total de 67.641.108 ha; el Monte que abarca desde el Valle de Santa María en Salta atravesando el centro de Catamarca y La Rioja, centro y este de san Juan y Mendoza, centro y este de Neuquén, oeste de La pampa, centro y este de Río Negro, hasta el nordeste de Chubut, cubriendo una superficie total de 47.191.093 ha; el Espinal que es una extensa faja que se inicia en Corrientes y se extiende por Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, San Luis, centro de La Pampa y sur de Buenos Aires, cubriendo una superficie total de 32.939.454 ha y los Bosques Andino Patagónicos que se extienden desde el sur de Mendoza, hasta el extremo continental sur de Santa Cruz y hasta los 55º de latitud S en la parte insular (provincia de Tierra del Fuego), cubriendo una superficie total de 7.599.816 ha.

[4]                     Asimilables a “Otras Tierras Forestales” del Primer Inventario Nacional de Bosques Nativos, donde se las define como: Tierras donde la cubierta de copa (o su grado de espesura equivalente) tiene entre 5 y 20 por ciento de árboles capaces de alcanzar una altura de 7 metros a su madurez in situ; o tierras con una cubierta de copa de más del 20 por ciento (o su grado de espesura equivalente) en la que los árboles no son capaces de alcanzar una altura de 7 metros a su madurez in situ (por ej. árboles enanos); o aquellas donde la cubierta arbustiva abarca más del 20 por ciento.

[5]                     Asimilables a “Tierras Forestales” y “Bosques Rurales” del Primer Inventario Nacional de Bosques Nativos, donde se las define como: Tierra con una cubierta de copa (o su grado equivalente de espesura) de más del 20 por ciento del área y una superficie superior a 10 hectáreas (ha). Los árboles deberían poder alcanzar una altura mínima de 7 metros a su madurez in situ. Puede consistir en formaciones forestales cerradas, donde árboles de diversos tamaños y sotobosque cubren gran parte del terreno. Remanentes de bosque natural en un paisaje agrícola, menores a 1000 hectáreas.

 

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